“Cambió la vida de mi comunidad”

El programa Buen Inicio de Perú contribuyó a reducir los niveles de malnutrición en más de un 20%.

Por Elsa Úrsula
Una familia sentada fuera de su casa, Perú
UNICEF Perú/2018/Vilca J.
23 Diciembre 2019

HANAQ, Cusco, Perú – Igidio y Antonia se conocieron en Hanaq, un pueblo campestre enmarcado por un cielo azul, montañas verdes y el olor a tierra mojada. Se amaron desde el principio. Se unieron aún más después de ser padres de las tres hijas que siempre habían querido. Pero su historia no había hecho más que empezar.

Un día, Antonia enfermó y fue al médico. Tras hacerle un examen, el médico le dijo a Igidio: “Enhorabuena, señor, va a ser padre. Y esta vez son mellizos”.

Los padres con sus mellizos recién nacidos en Perú
UNICEF Perú
Igidio y Antonia sostienen en brazos a sus hijos poco después de su nacimiento, en el año 2000. Los dos niños nacieron con insuficiencia ponderal, pero, gracias a la ayuda del programa Buen Inicio, pudieron crecer sanos.

El programa Buen Inicio

Por entonces, Igidio se enteró por casualidad de que UNICEF iba a ir a trabajar con su pueblo para promover el desarrollo. “Para mí, ‘desarrollo’ significaba cemento: creía que venían a construir una carretera. Más tarde supe que nadie iba a traer cemento al pueblo, sino que venían a ayudarnos para que nuestros hijos crecieran bien”.

Poco después, el pueblo acogió a un grupo de personas de UNICEF y del Ministerio de Salud en un centro de su comunidad, donde el grupo presentó un programa llamado Buen Inicio.

“El programa cambió la vida de mi comunidad”, asegura Igidio. “Primero hicimos un registro comunitario. Registramos la cantidad de niños que había y el lugar donde vivían; la cantidad de mujeres embarazadas y la de recién nacidos. Así comenzó nuestro desarrollo: conociéndonos a nosotros mismos, organizándonos”.

Las conversaciones de UNICEF con las familias de la comunidad comenzaron con la explicación de la importancia de los exámenes médicos antes del parto, para garantizar el buen estado nutricional de la madre. “Nos dijeron que los mejores trozos de carne deben reservarse para las mujeres embarazadas, porque las pequeñas criaturas que llevan dentro también necesitan comer. Nadie nos había dicho eso antes”. 


Criar a bebés sanos

Antonia no tardó en darse cuenta de que no estaba obteniendo suficientes nutrientes durante su embarazo. Eso, sumado a la dureza del trabajo en el campo, hizo que sus mellizos nacieran con insuficiencia ponderal.

“Sin embargo, en Buen Inicio nos aconsejaron que los alimentáramos con leche materna. Mis hijos comenzaron a estar sanos muy rápido. A los seis meses, nos enseñaron que necesitaban comer cinco veces al día. Mi esposa preparaba cremas de avena, de guisantes, maíz, quinua, cebada… lo tostábamos y lo triturábamos antes de dárselo a los niños. Cuando aprendieron a masticar, Antonia les daba pulmones de ternera, pollo y cobaya, ideal para prevenir la anemia”.

“Cada mes, las enfermeras de los puestos de salud más cercanos venían a nuestra comunidad y hablaban con los padres. Si uno de nosotros no podía ir, el jefe de la comunidad venía a casa para saber la razón”.

Dos niños adolescentes delante de su casa, en Perú
UNICEF Perú/2018/Vilca J.
Los hermanos mellizos Josué Abraham y Josué Abdías son ahora dos jóvenes sanos de 18 años que estudian electricidad e informática.

Igidio recuerda una reunión que le marcó enormemente. Fue en la que les hablaron de la importancia de jugar con sus hijos, de abrazarlos, de decirles que les quieren, de escucharlos y de pedirles su opinión.

“Antes de eso, los niños simplemente estaban ahí. No hablaba con ellos, y mucho menos les preguntaba sus opiniones. Eso era impensable. Siempre les transmitía mi amor, pero ahora les digo: “les quiero, niños, siempre les querré”. Teníamos que jugar con ellos, ayudarlos con los estudios, incluso sin saber leer ni escribir. No importaba. Esto cambió por completo mi comunidad”.


Un futuro mejor para los niños de Perú

Han pasado 18 años desde entonces. Josué Abraham y Josué Abdías, los mellizos, crecieron con todo lo mejor que sus padres pudieron darles: amor, alimentación, educación y seguridad. Ahora son unos jóvenes alegres, sensibles y seguros de sí mismos, y estudian electricidad e informática.

Gracias a intervenciones como Buen Inicio, la malnutrición crónica ha disminuido un 21% en los últimos 20 años en Perú. La participación de la comunidad y la coordinación entre los sectores y el gobierno local y regional allanaron el camino para la creación de políticas públicas que ahora dan prioridad al crecimiento y el desarrollo de los niños.

“Para mí, desarrollo es esto: ver a mis hijos convertirse en adultos, estar sanos y estudiar. Si se preparan mentalmente, podrán conseguir lo que quieran. Haberles dado un buen comienzo en la vida, hacerles sentir nuestro amor por ellos, verlos crecer felices y seguros de sí mismos… Esa es la mejor semilla. Eso es desarrollo. Si todas las familias hacen lo mismo, Perú prosperará”.