Futuros en construcción en Cuba

La inversión en educación y habilidades profesionales de los adolescentes es clave para promover su protagonismo como agentes de cambio

Por Marta López Fesser
Grupo de estudiantes de un centro educatio en Cuba
UNICEF/López Fesser

12 Diciembre 2018

Cuba - Más de 4.000 adolescentes estudian cada año en las 51 escuelas de oficio en Cuba; centros educativos que brindan oportunidades de preparación profesional básica e inserción laboral a niños (quienes pueden ingresar desde la enseñanza primaria) y adolescentes con necesidades educativas especiales.

El currículo académico incluye las asignaturas del currículo nacional hasta noveno grado, la formación técnica en un oficio del que se gradúan y distintos talleres polivalentes de 16 semanas de duración. UNICEF, con el apoyo de la Fundación Iberostar, contribuye a equipar estas escuelas para que profesores y estudiantes cuenten con todos los recursos necesarios, ya que la diversidad de talleres y alto número de estudiantes supone un desafío para las escuelas.

 

Niña en taller de carpintería en Cuba
UNICEF/López Fesser

”Me las arreglo bastante bien, sé hacer mesas y trabajos sencillos de electricidad”. Yaimee (16) sueña con estudiar peluquería, mientras rota entre los talleres de carpintería y costura de su escuela en la provincia de Las Tunas.

Una de las prioridades de los talleres de carpintería es la recuperación de materias primas para la obtención de los insumos necesarios para realizar las prácticas. El mobiliario, prendas o productos producidos en los talleres de las escuelas de oficio se destina a los distintos niveles de enseñanza del propio sistema educativo.

 

Grupo de estudiantes y profesores de un centro educatio en Cuba
UNICEF/López Fesser

Ariel (16, izquierda) es el segundo de cuatro hermanos. Se incorporó a la escuela de oficio del municipio de Colombia, en la provincia de Las Tunas. Hasta ahora lo que más disfruta son los profesores y sus compañeros. 

“Me gusta trabajar los metales, soy bueno con las manos, pero en un futuro quisiera ser artesano”.

 

Profesor y alumno en un taller de carpintería en Cuba
UNICEF/López Fesser

“Creo en las escuelas de oficio, aquí los estudiantes adquieren conocimientos y habilidades diversas, para la vida” dice el profesor Gustavo González Hernández (52). 

“Lo que más esfuerzo nos exige no es impartir clase, sino darles el apoyo socioemocional que necesitan. Nuestro municipio tiene oportunidades profesionales limitadas, al ser pequeño y estar en el área rural, la incorporación laboral se da, aunque no siempre es de la preferencia del estudiante”.

 

Niña en taller de costura en Cuba
UNICEF/López Fesser

Arlén (14) eligió el oficio de corte y costura desde que estaba en la escuela secundaria. Toda la familia de su padre cose y ella lo hace desde que tiene memoria.

“En la escuela nos sentimos bien, los profesores son buenos y tienen paciencia con nosotros. La mayoría de las clases son prácticas y eso me gusta; ya diseño y coso algunas cosas para mí, como faldas y vestidos. Cuando me gradúe, me imagino diseñando y cosiendo en un atelier”.

 

Tres adolescentes en un taller de electrónica en Cuba
UNICEF/López Fesser

A los 8 años Dayron, quien ahora tiene 14, intentó arreglar una radio porque la bocina estaba rota. No lo logró, pero supo en ese instante que aquello era lo que le gustaba. Dayron aprende el oficio de asistente de electricista. Tres días a la semana trabaja en el taller de electrónica de una empresa local junto a otros 3 estudiantes de su escuela.

“Me dejan observar cómo hacen todo y cuando aprendo a hacerlo yo mismo, me dejan hacerlo solo. Cuando me gradúe, ojalá pueda seguir trabajando en este mismo taller”.

 

Niña en taller de carpintería en Cuba
UNICEF/López Fesser

Claudia (15) confiesa que todo lo que sabe hacer se lo han enseñado sus profesores. Después de rotar por los talleres de electricidad y costura, disfruta aprendiendo carpintería, mientras hace prácticas en su oficio: elaboración de alimentos. Su amiga Lilian (16, detrás) realiza sus prácticas en esterilización.

 

Adolescente en taller de costura en Cuba
UNICEF/López Fesser

Rafael Antonio (16) pedalea una hora en bicicleta todas las mañanas desde su casa hasta la escuela. Disfruta del semestre en el taller de costura; nadie le dice que eso es cosa de chicas, como él creía. Su profesora espera con entusiasmo la inminente llegada de las nuevas máquinas de coser eléctricas.

 

Adolsecentes trabajando en albañilería en Cuba
UNICEF/López Fesser

Algunos estudiantes de la escuela de oficio Israel Marrero de Las Tunas han elegido la albañilería como su oficio y realizan prácticas en empresas constructoras locales en las que aplican sus conocimientos y habilidades tres días a la semana hasta graduarse.

Los profesores de la escuela elaboran un programa de estudios en conjunto con la empresa, donde un instructor/a guía al estudiante en el proceso de aprendizaje y apoya su transición al entorno laboral.

 

Un profesor con tres de sus estudiantes en un centro education, Cuba
UNICEF/López Fesser

Estos estudiantes acaban de empezar el taller de metales en la escuela de oficio de Camagüey Mario Herrero Toscano. Lo primero que deben aprender es a medir con precisión.

Frente al aula están las muestras que han dejado antiguos alumnos del taller: recogedores, rejillas de baño o utensilios de cocina, entre los más populares.

 

Una maestra y su alumno en un taller de electricidad, Cuba
UNICEF/López Fesser

A Marlenys (54), quien tiene 28 años de experiencia enseñando electricidad, le entusiasma la enseñanza técnico-pedagógica.

“Los conocimientos básicos en electricidad les ayudan en su día a día; con lo que aprenden aquí pueden por sí solos resolver las reparaciones en el hogar. A su vez, especializándose en el oficio, pueden ser ayudantes de reparación automotriz, o convertirse en ayudantes de instaladores eléctricos”.

 

Un grupo de estudiantes y su maestra en un centro educativo apoyado por UNICEF, Cuba
UNICEF/López Fesser

La escuela de oficio Abel Santa María es la única en la ciudad de Santa Clara, por lo que muchos de sus estudiantes recorren cada mañana largas distancias para asistir a clase.

 

Los marcados estereotipos de las especialidades que se ofrecen: carpintería, mecánica, electricidad o albañilería, históricamente desarrolladas por hombres, inciden en la baja matrícula de mujeres: el 84,7 % de los estudiantes de escuelas de oficios son hombres. De conjunto con el Ministerio de Educación, UNICEF trabaja para promover una mayor incorporación de las niñas y adolescentes mujeres.