Escapar de la violencia en Sudán del Sur: vidas desarraigadas, familias destrozadas

La violencia reciente de Sudán del Sur ha desplazado a unas 65.000 personas de la ciudad de Wau y de sus alrededores. Entre ellos se encuentran muchos niños a los que separaron de sus padres cuando huyeron sus familias.

Por Tim Irwin
Nedal, de 15 años, y sus dos hermanos
UNICEF South Sudan/2016/Irwin

06 Julio 2016

El objetivo principal es la reunificación, pero primero es necesario buscar cuidadores para esos menores no acompañados. 
  

WAU, Sudán del Sur, 6 de julio de 2016 – Cuando escucharon el tiroteo, supieron que tenían que correr. Uno escapó solo, otro, con sus hermanos, y otro con sus hijos y sus nietos.

Todos estaban en su casa, en la ciudad de Wau, al noroeste de Sudán del Sur cuando estalló el conflicto el 24 de junio. Y todos forman parte de las 65.000 personas que han quedado desarraigadas.
  

Buscar cuidadores para niños que están completamente solos

Christina, de 16 años, se refugia en un asentamiento cercano a la base de la misión de las Naciones Unidas en Wau. Estaba sola en su casa la mañana que comenzó el conflicto. Cuando tuvo el valor de salir afuera durante un momento de calma del tiroteo, vio que todos sus vecinos se habían ido. Sola y asustada, corrió hacia el bosque. Más tarde, se encontró con un grupo de personas que caminaban hacia la base y se fue con ellos.

UNICEF South Sudan/2016/Irwin

Christina, de 16 años, vive en el centro de registro de UNICEF en el principal asentamiento para desplazados de Wau, Sudán del Sur. No sabe dónde están sus padres ni sus hermanos.

La niña duerme, junto con otros seis niños que no tienen familia, parientes ni vecinos que los cuiden, en el asentamiento que utiliza UNICEF para registrar a niños perdidos y separados. Asegura que no conoce a nadie en el asentamiento y no tiene ni idea de dónde se encuentran sus padres y hermanos.

“No estoy acostumbrada a estar sola”, decía tan suavemente que apenas se le oía. “No sé qué hacer”.
  

Ayuda para que los vecinos ayuden a los niños 

La gran catedral de Wau y los edificios de su alrededor también se han convertido en un asentamiento para desplazados que acoge a 10.000 personas que viven en los huecos que logran encontrar. Nedal, de 15 años, y sus dos hermanos pequeños llegaron tarde el día 24, después de haber sido separados de sus padres en medio del pánico en el que estaba sumida su comunidad.

Gracias al centro de registro que UNICEF tiene en el asentamiento, los niños se encontraron con algunos vecinos que estaban cerca, y ahora están viviendo con una familia de acogida. Un trabajador social del gobierno, que también vive en el campamento, realiza labores de voluntario en el centro y supervisa con frecuencia el estado de los tres niños.

“La necesidad más acuciante ahora mismo es encontrar familias que quieran cuidar de los niños que están completamente solos”, dice Shafeeq Ur Rehman, Jefe de UNICEF en la oficina en el terreno en Wau. “Todas las personas de estos asentamientos luchan por sobrevivir, y asumir la responsabilidad de otro niño supone una carga adicional para ellos. Debemos ayudarlos para que puedan ayudar a los niños”.

UNICEF South Sudan/2016/Irwin

Cuando UNICEF viajó hasta Wau para asistir a los desplazados, inmunizaron y trataron a cientos de niños con malnutrición.

Por otro lado, UNICEF ha creado espacios dentro del asentamiento donde los niños pueden ir a jugar y relacionarse y en el que hay cuidadores disponibles para ayudar a estos jóvenes que, a menudo, están traumatizados.

Desde el 3 de julio, UNICEF ha registrado a 31 niños no acompañados dentro de la ciudad de Wau, así como a otros 297 que han perdido la pista de sus padres y están viviendo con otros parientes o cuidadores. Además, se han registrado 130 denuncias por parte de familias de niños desaparecidos.
  

En busca de seguridad en el bosque 

Cuando Sebit Bernado escuchó las explosiones, lo primero que pensó fue que iría en busca de ayuda a su aldea natal. Huyó sin llevarse más que una mochila pequeña, y durante dos días él y su familia caminaron por el espeso bosque hasta llegar a Mboro. Sin embargo, se encontraron con unos habitantes temerosos de que la violencia se extendiera hasta allí, por lo que durmieron en el bosque para pasar desapercibidos.

Varios miles de personas se reunieron cerca de una iglesia abandonada cuando UNICEF y sus aliados llegaron para proporcionarles servicios médicos y comida terapéutica de alto contenido energético para los niños malnutridos. Una vez distribuidos los servicios, las familias se alejaron caminando por los sucios senderos hasta desaparecer de nuevo entre los árboles.

Los cuatro nietos de Sebit estaban entre los cientos de niños que iban a ser inmunizados en Mboro. El hombre aseguró que le preocupaba que sus nietos vivieran así, y se estaba planteando regresar a Wau, aunque no a su casa. “Tal vez volvamos a vivir al asentamiento de las Naciones Unidas”, dijo. “Es difícil vivir en el bosque, pero al menos seguimos vivos. Cuando volvamos a casa, quién sabe”.