En Kazajstán, comer bien puede ser una lucha diaria

Un niño y su madre explican por qué es difícil seguir una dieta saludable cuando hay tentaciones por todas partes

Por Zarina Nurmukhambetova
Kazajstán. Un niño sostiene unas verduras en un supermercado.
UNICEF/UNI209821/Karimova

21 Octubre 2019

ALMATY, Kazajstán – A sus 10 años, Yerzhan sabe que sus hábitos alimentarios están lejos de ser perfectos. “En una escala de 0 a 10, me califico con 5”, dice.

Y él sabe lo que debe hacer. “Tengo que bajar mi consumo de batidos, hamburguesas y refrescos”, dice Yerzhan.

Pero mientras se prepara para cenar en su sitio de comidas favorito en Almaty, Kazajstán, es claro que, al menos por esta noche, ese 5 no se convertirá en un 10. ¿El menú? Dos hamburguesas dobles, un batido y una gaseosa.

Yerzhan lleva su cena en una bandeja, en un centro comercial de Almaty, Kazajstán.
UNICEF/UNI209801/Karimova
Yerzhan carries his dinner on a tray at a shopping mall in Almaty, Kazakhstan.

Shakhida, la madre de Yerzhan, dice que es difícil hacer que los niños coman de manera saludable, especialmente cuando no están en casa.

“Cuando estás rodeada de personas que comen hamburguesas o pizza en un evento o en un centro comercial, realmente no puedes resistir la tentación o mantener a tu hijo alejado de eso”, dice Shakhida. “Terminas comiendo lo mismo que todos los demás”.

Esto es muy frecuente en Kazajstán, donde están aumentando las tasas de obesidad entre los niños pequeños. Aproximadamente uno de cada cinco niños entre los 5 y los 19 años de edad tiene sobrepeso u obesidad.

El problema no se limita a Kazajstán. Europa y Asia Central han experimentado el mayor aumento de la obesidad entre los niños pequeños del mundo, y la prevalencia de sobrepeso entre los niños menores de 5 años es hoy la segunda más alta de la región.

Shakhida dice que los fabricantes de alimentos no están facilitando las cosas a los padres.

“Dondequiera que mires, hay empaques brillantes y coloridos”, dice. “Las patatas fritas tienen sabores tan intensos que te vuelven loco en el momento en que abres la bolsa”.

Kazajstán. Un niño busca bocadillos en un supermercado.
UNICEF/UNI209837/Karimova
Yerzhan navega por la sección de bocadillos de una tienda. Dice que sus dulces favoritos son las famosas marcas extranjeras.

Para Amirhossein Yarparvar, especialista en nutrición de UNICEF para Europa y Asia Central, un mejor entorno alimentario para los niños no tiene que ver únicamente con los alimentos, sino también con el mejoramiento de los sistemas de salud, educación y protección social.

“Les estamos fallando a familias como Yerzhan y Shakhida”, dijo, antes de la publicación del informe de UNICEF El Estado Mundial de la Infancia. “Los gobiernos, las empresas, los padres y los encargados de cuidar a los niños deben unirse y hacer que las opciones saludables estén disponibles y sean asequibles y atractivas”.

Lento pero seguro

A pesar de las dificultades, Shakhida y su familia están mejor que antes. Ella dice que un par de años atrás sufría de lo que suponía que era una reacción alérgica. Pero luego de numerosos exámenes y de consultar con distintos médicos, se enteró de que su problema era básicamente de carácter nutricional.

“Me di cuenta de que tenía que modificar todo mi estilo de vida”, dice Shakhida. Esto ha implicado romper la conexión entre salir y consumir comida rápida, reduciendo las visitas a los centros comerciales y a las salas de cine, lo que inevitablemente incluye comprar bebidas azucaradas y refrigerios poco saludables.

Guiar con el ejemplo

Pero aunque Shakhida y Yerzhan dicen que la comida preparada en el hogar es más sana que comer afuera, esto puede ser problemático en un país donde las tasas de consumo de sal figuran entre las más altas del mundo. De acuerdo con un informe reciente de la Organización Mundial de la Salud, una sola porción de algunos platos populares hechos en casa, como kebabs y kurt –un plato tradicional de Kazajstán que consiste en bolas hechas con leche fermentada en polvo–, contenía al menos la mitad de la cantidad diaria recomendada de sal.

Shakhida dice que está tomando las cosas con calma. Pero sabe que debe dar ejemplo a su hijo para que este pueda adoptar cambios duraderos en su estilo de vida.

“No es que le haya estado diciendo que deje de comer o beber algo, mientras yo sigo haciéndolo”, dice Shakhida. “Ambos lo estamos haciendo, y él también se da cuenta de que yo me estoy convirtiendo en una persona más activa”

Kakahstan. Un niño y su madre compran comestibles.
UNICEF/UNI209836/Karimova
Yerzhan y Shakhida, su madre, escogen frutas en el supermercado.
El talón de Aquiles

Yerzhan admite que le está resultando difícil renunciar a las gaseosas. “Estoy tratando de tomar solamente una al mes”, dice. “Pero, por ahora, estoy tomando unas cuantas a la semana”.

Yerzhan no está solo en su lucha por reducir el consumo de bebidas gaseosas. En Europa y Asia Central, más del 60 por ciento de los adolescentes que van a la escuela no consumen verduras a diario, mientras que casi uno de cada tres consume refrescos dulces todos los días. Algo que agrava el problema en Kazajstán es que los niños están expuestos a un exceso de publicidad de alimentos ricos en grasas saturadas, ácidos grasos trans, azúcares libres y sal, especialmente refrescos dulces y confitería.

Shakhida dice que procura ofrecer alternativas a su hijo; por ejemplo, lo alienta a tomar agua en vez de un refresco. Y cuando están viendo televisión juntos y quieren picar algo, ahora ella corta algunas hortalizas en vez de optar por papas fritas.

Yerzhan dice que está de acuerdo con los cambios… hasta cierto punto.

“Un día llevamos zanahorias a la sala de cine. Creo que hicimos historia”, dice, riendo. “Un chico nos miraba fijamente; pienso que no podía creer lo que estaba viendo”.