En busca de un refugio seguro

Mientras las familias siguen migrando desde el norte de Centroamérica y México, UNICEF ayuda a proteger a los niños en el camino y a abordar las razones que los obligaron a huir

Tanya Bindra y Adrian Brune
Una madre migrante baña a su bebé
UNICEF/UN0278797/Bindra

14 Febrero 2019

Violencia de pandillas. Delincuencia organizada. Pobreza extrema. Todo ello forma parte de la vida cotidiana de millones de niños del norte de Centroamérica (El Salvador, Guatemala y Honduras) y México. Mientras las familias toman la difícil decisión de empacar sus vidas y marcharse en automóvil, en camiones abiertos o a pie, es fundamental recordar que todos tienen algo en común: también son humanos. Solo que son humanos necesitados.

Tristemente, muchas de las familias que tratan de escapar de situaciones desesperadas sufren nuevos traumas en las rutas migratorias, que pueden convertirse en largas e inciertas travesías en las que se enfrentan al peligro de la explotación, la violencia y los abusos. Por el camino o al llegar a su destino, a muchos los arrestarán, los detendrán y les harán regresar a los mismos problemas (o peores) que los obligaron a marcharse.

Existen medidas de eficacia demostrada, como la creación de espacios seguros y oportunidades educativas, recreativas y profesionales, que ayudan a los niños en tránsito y abordan algunas de las causas de la migración irregular. Mientras UNICEF trabaja con gobiernos y consulados para mitigar las circunstancias que obligan a las familias a dejar sus hogares en busca de seguridad y estabilidad, también trata de proteger a los niños en el camino.

 

(Arriba) Una madre baña a su hijo mientras espera un visado humanitario por la vía rápida en la frontera de México con Guatemala, en Ciudad Hidalgo, México. Aunque en México existen cada vez más medidas para salvaguardar los derechos de los niños (como el visado que permite a los migrantes quedarse en México, trabajar y acceder a servicios sociales), sigue habiendo dificultades. Las autoridades mexicanas detuvieron a unos 68.000 niños entre 2016 y abril de 2018, 91% de los cuales fueron deportados a Centroamérica.

 

Un padre con sus dos hijas en México
UNICEF/UN0278788/Bindra
“Luchamos por nuestras hijas y su futuro”, asegura Manuel. Una de sus hijas, Dulce, llora cuando piensa en su antigua escuela. “Cuando nuestra hija iba a la escuela era buena estudiante. Es muy sensible”, dice Manuel. La familia está esperando los visados humanitarios para cruzar a México después de dos días de viaje desde Honduras. Mientras tanto, UNICEF ha creado programas para identificar a los niños que no van a la escuela y promover su reintegración educativa mediante planes de estudio más flexibles y adaptables.

“Luchamos por nuestras hijas y su futuro”.

Manuel, de Honduras
Una madre y sus dos hijas en México
UNICEF/UN0278796/Bindra
Mariza Elisabeth Ávila y sus hijas Scarlet y María salieron de Honduras cuando el esposo de Mariza se puso violento y la amenazó con matarla. Ella espera llegar hasta Nueva York, donde vive un amigo de la familia. UNICEF ha reforzado la capacidad de los sistemas de protección infantil de la región con el fin de identificar a los niños afectados por distintos tipos de violencia y garantizar su derivación y su acceso a servicios alternativos de atención, ayuda psicosocial y orientación familiar.
Una mujer da pecho a su hijo en un refugio temporal en México
UNICEF/UN0278798/Bindra
María Rodríguez, de 22 años, amamanta a su hijo Joseph, de 5 meses, mientras esperan sus visados humanitarios por la vía rápida en la frontera de México con Guatemala, en Ciudad Hidalgo, México. María ha viajado desde Honduras. “En general, el gobierno y la gente de México están acogiendo cordialmente a los miles de niños y familias que cruzan sus fronteras cada día”, asegura Paloma Escudero, Directora de Comunicación de UNICEF.
Una voluntaria juega con niños en un refugio en México
UNICEF/UN0278774/Bindra
Una voluntaria de una ONG local que trabaja con UNICEF juega con unos niños en el hotel St. Augustine para refugiados, en Tapachula, México. Las oficinas de UNICEF del norte de Centroamérica y México se han asociado con organizaciones de la sociedad civil, escuelas y centros de actividades de promoción para ofrecer a los niños espacios y actividades creativas que los protejan del peligro.
Una madre mira a su hijo jugar en un refugio en México
UNICEF/UN0278772/Bindra
“Siento que nunca he tenido la oportunidad de hacer realidad mis sueños. Creo que puedo encontrar un futuro en Estados Unidos”, asegura María (nombre cambiado), de 17 años, de Honduras. Ella cuida de su hijo pequeño mientras comprueba el estado de su visado humanitario en un refugio establecido con la ayuda de UNICEF para niñas migrantes no acompañadas. Dice que tiene que quedarse en el refugio hasta que cumpla 18 años, aunque está desesperada por cruzar la frontera con Estados Unidos.

"Siento que nunca he tenido la oportunidad de hacer realidad mis sueños".

María, 17 años, de Honduras
Un niño migrante muestra su dibujo, México
UNICEF/UN0278784/Bindra
Jahir, de 8 años, de Honduras, muestra con orgullo un dibujo que refleja su derecho a comer en el hotel St. Augustine para refugiados, en Tapachula, México. “Tanto si estos niños se quedan en México como si prosiguen el viaje hacia el norte, es fundamental que permanezcan con sus familias y que no acaben en centros de detención”, dice Paloma Escudero. UNICEF promueve el establecimiento de refugios de “puertas abiertas” para niños migrantes y refugiados, donde reciben ayuda psicosocial, cuentan con servicios de salud y educación, y obtienen asistencia jurídica.
Una voluntaria abraza a una niña migrante, México
UNICEF/UN0278768/Bindra
Hace dos años, una pandilla mató a la madre de Jennifer. En el hotel St. Augustine para refugiados, establecido con la ayuda de UNICEF, una voluntaria de una ONG la abraza después del viaje que ha realizado con sus tres hermanos desde San Pedro Sula, Honduras, hasta Tapachula, México. UNICEF trabaja con aliados del gobierno para reforzar los programas del país para niños en tránsito, que mantienen unidas a familias como la de Jennifer. Ella ha hecho dibujos de su viaje.