Calor para las familias refugiadas del Líbano

Los programas de asistencia en efectivo ayudan a los niños más vulnerables durante el invierno

Por Razan Rashidi
UNICEF Lebanon/2016/ Diego Ibarra Sánchez/MeMo for UNICEF

03 Marzo 2016

AKKAR, Líbano, 3 de marzo de 2016 – Érase una vez, en una pequeña tienda de lona apoyada sobre una estructura de madera, Tamara narraba su propia versión de un cuento antiguo. “Yo también perdí mis zapatos, pero no porque los tuviera que olvidar para que un príncipe me encontrara. Además, ese hechizo solo duraba hasta la media noche”, sostiene.

“Anoche, para poder calentar nuestra tienda, me vi obligada a quemarlos”.
  

Un refugio contra el frío

Tamara tiene 13 años y está refugiada con su familia en el Valle de Bekaa, en el Líbano. Con temperaturas que se desploman hasta bajar de los 0ºC en algunas partes del Líbano, Tamara forma parte del más de medio millón de niños refugiados afectados que viven en asentamientos informales con tiendas de campaña o en comunidades de acogida, donde se enfrentan a dificultades graves.

Abu Muhannad es el padre de Tamara y de sus siete hermanos. La familia vivía en un suburbio de Damasco, en la República Árabe Siria. Salieron de allí hace tres años, cuando su vecindario se incendió, y llevan un año viviendo en este campamento. En la actualidad, la familia se esfuerza por mantener cálido este refugio improvisado que no los protege del clima. “Anoche me desperté por el frío”, confiesa. “Mis hijos dormían apretados unos contra otros para tratar de calentarse, así que los tapé con mi manta”.
  

Programas de asistencia en efectivo

“Hasta hoy, uno de cada cinco refugiados del Líbano vive en un campo abierto o un edificio inacabado, en condiciones precarias que entrañan graves peligros para la salud de los niños”, sostiene Luciano Calestini, Representante Adjunto de UNICEF en el Líbano. “Para ellos, la lucha para sobrellevar el invierno es una cuestión de vida o muerte”.

Con el fin de atender las necesidades de familias como la de Tamara, UNICEF lleva a cabo un programa de asistencia en efectivo. Gracias a este programa, todos los niños menores de 15 años tienen derecho a recibir 40 dólares estadounidenses. Este invierno, los cuidadores de más de 200.000 niños sirios, libaneses y palestinos han recibido una tarjeta de débito. Con ella, pueden sacar dinero y utilizarlo en lo que consideren más importante para los niños que tienen a su cargo.

UNICEF Lebanon/2016/Diego Ibarra Sánchez/MeMo for UNICEF

Umm Mohannad contempla la ropa que ha comprado para la familia gracias a un programa de asistencia en efectivo. Junto a ella está Ibrahim, que, de momento, seguirá heredando ropa usada. Hasta ahora, el programa ha ayudado a la familia a vestirse para soportar el clima.

“De esta forma, la gente tiene la libertad de elegir en qué quiere gastar ese efectivo y decidir cuáles son sus principales necesidades”, explica Calestini.
  

Ropa de abrigo

Abu Muhannad y su mujer Umm Muhannad son unos de esos cuidadores que han recibido una tarjeta de débito. Independientemente de las condiciones de vida y las dificultades a las que se enfrentan, explica Abu Muhannad, unos padres quieren ser capaces de proporcionar ropa de abrigo a sus hijos. Su hijo mayor lleva dos años vistiéndose con la misma ropa.

Así, esta familia ha priorizado la ropa de abrigo por encima de todo. Siete de los hermanos tienen ahora ropa nueva. El más pequeño, Ibrahim, tiene que conformarse con la ropa usada de su hermano mayor, explica Umm Muhannad.

Maria, de 14 años, decidió ir a un pequeño centro comercial antes de que su familia recibiera la tarjeta de débito. Estaba preparada para “el gran día de compras”. “Encontré una camiseta azul marino: me encanta ese color”, dice.Maria, de 14 años, decidió ir a un pequeño centro comercial antes de que su familia recibiera la tarjeta de débito. Estaba preparada para “el gran día de compras”. “Encontré una camiseta azul marino: me encanta ese color”, dice.

Sin embargo, ella y su madre eligieron una camisa más barata que la que le había gustado: una amarilla con purpurina de un vendedor que acude a los campamentos de la zona. “Los niños siempre piensan que sus padres pueden hacer cualquier cosa por ellos”, explica Umm Muhannad. “Pero, en este caso, nosotros no podemos”.

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Hoy, Maria luce su camisa brillante y sus zapatillas nuevas. Cuando le preguntan que qué espera del futuro, dice que su sueño es dirigir un orfanato. “Me llevaría a los niños de excursión todos los fines de semana, a la playa y a la montañs. También repartiría ropa nueva todos los meses”.