Desarrollo de la primera infancia

La primera infancia importa para cada niño

Una niña pequeña aborda una carrera de obstáculos.
UNICEF/UN0212864/Noorani

Desafío

Más rápido de lo que habíamos pensado: los primeros años de la vida del niño sientan las bases de todo su crecimiento en el futuro

Durante los primeros años de vida, y en particular desde el embarazo hasta los 3 años, los niños necesitan nutrición, protección y estimulación para que su cerebro se desarrolle correctamente. Los progresos recientes en el campo de la neurociencia aportan nuevos datos sobre el desarrollo cerebral durante esta etapa de la vida. Gracias a ellos, sabemos que el cerebro se desarrolla mediante una compleja interacción de rápidas conexiones neuronales que comienzan antes del nacimiento. ¿A qué velocidad? En una serie de 2016 de The Lancet, “Apoyando el desarrollo en la primera infancia: de la ciencia a la aplicación a gran escala”, varios neurólogos de renombre determinaron que el cerebro de los niños se desarrolla a una velocidad vertiginosa durante los primeros años de vida, ya que se producen hasta 1.000 conexiones neuronales por segundo.

Durante el proceso de desarrollo cerebral, los genes y las experiencias que viven —concretamente, una buena nutrición, protección y estimulación a través de la comunicación, el juego y la atención receptiva de los cuidadores— influyen en las conexiones neuronales. Esta combinación de lo innato y lo adquirido establece las bases para el futuro del niño.

Sin embargo, demasiados niños y niñas se ven privados de tres elementos esenciales para el desarrollo cerebral: “comer, jugar y amar”. En pocas palabras, no cuidamos del cerebro de los niños de la misma manera en que cuidamos de sus cuerpos.

Si cambiamos el comienzo de la historia, cambiamos la historia entera

Raffi Cavoukian, cantante y fundador del Centre for Child Honouring de Canadá

Son varios los factores que determinan por qué algunos niños reciben la nutrición, la protección y la estimulación que necesitan, mientras que otros se quedan atrás. La pobreza es un factor común de la ecuación. En los países de ingresos medianos y bajos, 250 millones de niños menores de 5 años corren el riesgo de no alcanzar su potencial de desarrollo debido a la pobreza extrema y al retraso del crecimiento.

A menudo, los niños más desfavorecidos son los que menos posibilidades tienen de acceder a los elementos esenciales para un desarrollo saludable. Por ejemplo, la exposición frecuente o prolongada a situaciones de estrés extremo —como en casos de abandono y maltrato— puede activar sistemas de respuesta biológica que, sin la protección adecuada de un adulto, causan estrés tóxico, el cual puede interferir en el desarrollo cerebral. A medida que el niño va creciendo, el estrés tóxico puede acarrear problemas físicos, mentales y conductuales en la edad adulta.

Por su parte, el conflicto y la incertidumbre también pueden resultar decisivos, ya que los niños menores de 5 años en zonas afectadas por conflictos y Estados frágiles están expuestos a riesgos de calado para su vida, su salud y su bienestar.

Los descuidos y la inacción tienen un alto precio y comportan consecuencias a largo plazo para la salud, la felicidad y las capacidades para obtener ingresos cuando estos niños alcanzan la edad adulta. También contribuyen a perpetuar los ciclos internacionales de pobreza, desigualdad y exclusión social.

Pese a que son esenciales, los programas para niños y niñas en la primera infancia siguen careciendo ampliamente de financiación, y su ejecución es deficiente. La inversión pública en el desarrollo del niño en la primera infancia es escasa. Por ejemplo, en 27 países de África Subsahariana en los que se llevó a cabo una evaluación, en 2012 solo se destinó el 0,01% del producto nacional bruto a la educación preescolar.

Asimismo, gran parte de la población no es consciente de la importancia de los primeros años de vida y no exige políticas, programas ni financiación al respecto.


 

El desarrollo cerebral de tu bebé

Datos clave

  • Las carencias nutricionales en la primera infancia causan retraso del crecimiento, que afecta a casi un cuarto de todos los niños menores de 5 años.
  • Los riesgos asociados a la pobreza —como la desnutrición y el saneamiento deficiente— pueden causar retrasos en el desarrollo e impedir el progreso escolar.
  • Los métodos disciplinarios violentos están generalizados en numerosos países; casi el 70% de los niños de 2 a 4 años fueron reprendidos mediante gritos o chillidos en el último mes.
  • 300 millones de niños menores de 5 años han sufrido violencia social.
  • En el caso de los niños de países de ingresos medianos y bajos, un desarrollo temprano deficiente puede reducir sus ingresos en la edad adulta en torno a una cuarta parte.
  • El desarrollo deficiente del niño en la primera infancia puede acarrear pérdidas económicas para un país; en la India, esa pérdida equivale aproximadamente al doble del producto interno bruto destinado a la salud.

Solución

Los cerebros en rápido crecimiento necesitan políticas favorables a las familias y entornos que les permita seguir adelante

Buenas noticias: una intervención adecuada en el momento adecuado puede reforzar el desarrollo, interrumpir ciclos intergeneracionales de desigualdad y brindar a cada niño un comienzo justo en la vida.

En los bebés nacidos en situaciones de privación, las intervenciones tempranas, en el período en que su cerebro se desarrolla rápidamente, pueden invertir los daños y ayudarlos a desarrollar una mayor resiliencia. En el caso de los niños con discapacidad, consisten en garantizar su acceso a los servicios individuales, familiares y comunitarios disponibles para todos los niños, así como a programas que aborden sus necesidades específicas.

Podemos apoyar el #DesarrolloEnLaPrimeraInfancia (#EarlyChildhoodDevelopment) mediante la ampliación de los programas existentes, particularmente por lo que respecta a los servicios de salud. Por ejemplo, según la serie de The Lancet, solo costaría 0,5 dólares de los Estados Unidos más al año por persona añadir a un paquete integrado de servicios de atención maternoinfantil de salud y nutrición dos servicios de cuidado cariñoso y sensible a las necesidades de los niños.

Cada vez que un padre o una madre se dirige a su hijo pequeño, éste recibe un estímulo y reacciona. Se forman conexiones cerebrales

Dra. Pia Rebello Britto, neuróloga, asesora superior de UNICEF para la primera infancia

Gracias a la existencia de datos científicos convincentes y a la labor sostenida de promoción, los Gobiernos y la sociedad están empezando a darse cuenta de que la inversión en los primeros años de vida de los niños y las niñas es esencial. En 2015, el desarrollo del niño en la primera infancia se incluyó en los Objetivos de Desarrollo Sostenible, con lo que se reafirmó su creciente importancia en la agenda internacional para el desarrollo. Estos progresos se basaron en iniciativas anteriores que lograron que el desarrollo en la primera infancia se incluyera en la Convención sobre los Derechos del Niño, que afirma que cada niño tiene derecho a desarrollarse “en la máxima medida posible” y reconoce “el derecho de todo niño a un nivel de vida adecuado para su desarrollo físico, mental, espiritual, moral y social”.


 

El mejor comienzo en la vida

Ver: Por qué el juego es importante

Ver: Los bebés son científicos

Ver: Interacciones del bebé

Debemos actuar urgentemente para que la inversión en el desarrollo del niño en la primera infancia constituya una prioridad en todos los países de cara al logro de los objetivos de la Agenda 2030. Es una manera rentable de impulsar la prosperidad compartida, fomentar el crecimiento económico inclusivo, ampliar la igualdad de oportunidades y poner fin a la pobreza extrema. Por cada dólar invertido en el desarrollo del niño en la primera infancia, podemos obtener un rendimiento de hasta 13 dólares.

Con todo, los padres y madres necesitan tiempo y apoyo para crear un entorno afectuoso y seguro que les permita ofrecer a sus hijos los elementos que necesitan —“comer, jugar y amar”— y contribuir a su desarrollo cerebral.

Por ello, UNICEF trabaja para aumentar la inversión en políticas favorables a la familia — incluidos el acceso a servicios de guardería asequibles y de buena calidad y las licencias de maternidad y paternidad remuneradas—; se trata de una opción lógica para los Gobiernos porque beneficia tanto a las economías y las empresas como a los progenitores y los niños y niñas.

Por último, invertir en políticas favorables a la familia también es positivo para las empresas: al ofrecer flexibilidad al personal con hijos, estos serán más felices y productivos y podrán dedicar más tiempo a formar el cerebro de las generaciones futuras.

Es el momento de unir fuerzas y actuar: #LaPrimeraInfanciaImporta para cada niño.