Medios

Área de Comunicación

Notas de prensa 2016

Notas de prensa 2015

Notas de prensa 2014

Notas de prensa 2013

Notas de prensa 2012

Notas de Prensa 2011

Notas de prensa años anteriores

Embajadores de Buena Voluntad

Amigos de UNICEF

Publicaciones

Artículos publicados en el diario El Telégrafo

#AhoraQueLoVes

#TerremotoEcuador

Historias - Terremoto Ecuador

 

Violencia contra los niños

La violencia es tan frecuente que muchas personas no comprenden que constituye un abuso, la toleran e incluso la justifican. El reciente informe de UNICEF “Ocultos a plena luz” revela datos estremecedores sobre la grave prevalencia de la violencia contra los niños, niñas y adolescentes en todo el mundo.

En la mayoría de casos, las víctimas se quedan calladas. Es así que 7 de cada 10 niñas adolescentes entre 15 y 19 años, que sufrieron de violencia física y/o sexual, indicaron que nunca pidieron ayuda, muchas  dijeron que no se percataban de que sufrían una forma de violencia. Y casi la mitad de las niñas de todo el mundo (126 millones) creen que en algunas ocasiones se justifica que los maridos o las parejas íntimas golpeen o agredan físicamente a sus conyugues.
La violencia es un fenómeno sobre el que aún se conoce muy poco, dado a que no se denuncia y que no se registran los casos en la medida en que se debería. De ahí que, las cifras actuales pueden ser apenas la punta de un iceberg.

En los datos del último informe de UNICEF, se evidencia que una quinta parte de las víctimas de homicidio en todo el mundo son niños y adolescentes menores de 20 años, siendo la región de América Latina y el Caribe la que tiene la proporción más alta de víctimas de homicidio de menores de 25 años (25.400).
A nivel mundial, otro dato alarmante es que alrededor de 120 millones de mujeres menores de 20 años (1 de cada 10) han experimentado relaciones sexuales por la fuerza u otros actos sexuales forzados.

En Ecuador en el año 2011, 204 personas de 10 a 19 años murieron por homicidio y 223 por suicidio (8.6% y 9.4% del total de muertes en este grupo etario respectivamente),  según datos de las Estadísticas Vitales 2011. Y de acuerdo a la Encuesta Nacional de Violencia de Género y la Agenda Nacional de las Mujeres e Igualdad de Género (2014-2017), 6 de cada 10 mujeres han sufrido algún tipo de violencia: psicológica, física, sexual y/o patrimonial; y 1 de cada 10 ha sufrido abuso sexual antes de cumplir los 18 años.

En el informe “Ocultos a plena luz” se demuestra que la violencia es una constante en la vida de los niños de todo el mundo, y que ocurre en los lugares donde los niños deberían estar más seguros: sus hogares, sus escuelas y comunidades. Los principales agresores comúnmente son los integrantes de sus familias, maestros, parejas íntimas y vecinos, así como extraños y otros niños.

A nivel mundial, 6 de cada 10 niños de 2 a 14 años de edad sufren de manera periódica castigos físicos a manos de sus cuidadores. En la mayoría de los casos, los niños son objeto también de agresiones psicológicas. En Ecuador, se registró en 2010 que aproximadamente, 4 de cada 10 niños, niñas y adolescentes entre 5 y 17 años recibieron un trato violento de sus padres por cometer un error o no obedecer, según datos del Observatorio de los Derechos de la Niñez y Adolescencia (ODNA).

La violencia no sólo les provoca a los niños daño, dolor y humillación sino que puede causarles la muerte. Con frecuencia, los niños que han sido objeto de abusos graves o de abandono tienen dificultades de aprendizaje y desempeño escolar, pueden tener bajos niveles de autoestima y sufrir depresión, lo que, en el peor de los casos, puede ser motivo de que adopten conductas de alto riesgo y comportamientos autodestructivos.

Los niños y niñas que crecen en hogares o comunidades violentas tienden a interiorizar esas conductas como manera de resolver disputas y a repetir ese tipo de pautas y abuso contra sus cónyuges e hijos. Pero, además de las consecuencias trágicas para las personas y las familias, la violencia contra los niños conlleva un grave costo económico y social, desgarra el tejido social y socava la estabilidad y el progreso, debido tanto al desperdicio de potencial, como a la reducción de la capacidad productiva.

Las pruebas que aparecen en este informe nos obligan una vez más a actuar por la realización plena de los  derechos de los niños, niñas y adolescentes, y por garantizar entornos protectores en su vida cotidiana. Para ello, es necesario romper con los patrones socio-culturales y creencias que toleran la violencia.  Todos podemos hacer algo para poner fin a la violencia, comenzando por hacer visible lo invisible.

 

 
Search:

 Envíe este artículo por correo electrónico

unite for children