La solidaridad como un legado de amor

Compartir con los que más necesitan es motivo de felicidad para Silvia Balarezo, donante de UNICEF desde el 2004.

UNICEF Ecuador
 La solidaridad como un legado de amor
UNICEF/ECU/2020/Escobar
26 Octubre 2020

Cuando recuerda las tardes con sus abuelos, Silvia Balarezo, de 46 años, rememora una enseñanza que se volvió filosofía de vida: “las personas de bien son aquellas que hacen algo por los demás”. Este principio es el motor que la llevó, hace 16 años, a apoyar la misión de UNICEF Ecuador como donante. “Las primeras contribuciones que hice fueron a través de una tarjeta de crédito (...) El plástico tenía el logo de UNICEF y una foto de los niños”, cuenta con nostalgia.

Así empezó la aventura que siguió de cerca a través de la información que le llegaba sobre los programas, campañas con embajadores, catálogos de productos para regalar por Navidad y otras iniciativas que buscaban recaudar fondos para mejorar la situación de miles de niños, niñas y adolescentes en el país. Además, “por mi cumpleaños siempre me envían una tarjetita”, comenta emocionada.

Cuando le tocó renovar su tarjeta, para cambiarla por una con chip inteligente, optó por no dejar de aportar y hacer una contribución directa de 10 dólares mensuales. Con la tecnología, también surgieron más plataformas para acceder a los testimonios de quienes se benefician con su aporte. Silvia, quien trabaja en el área de Relaciones Públicas de una empresa privada, está al tanto de los correos, videos y de la información que UNICEF proporciona para sensibilizar a más personas sobre temas importantes como la lactancia materna o la prevención del COVID-19.

Entre las historias que más le conmovieron está la de Raiza, una niña que vive en la Amazonía y que, a pesar de no tener Internet ni televisión, puede continuar con sus estudios y sabe cómo protegerse en la pandemia. Los últimos meses han sido complejos. Silvia se mudó a la casa de su madre, junto a Sara, su hija, para estar juntas en la cuarentena. Y aunque tuvo que diseñar una nueva planificación para alternar el teletrabajo con las tareas de la casa y el cuidado de sus seres queridos, confiesa estar feliz de compartir más tiempo en familia y de cambiar la realidad de quienes fueron más golpeados por la emergencia sanitaria. “Nunca he sentido temor de que lo que puedo dar no llegue a su destino. De hecho, pienso que los recursos siempre son mínimos cuando se trata de una gran obra”, dice, convencida de que a través de UNICEF podrá continuar con su legado.

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