18 Julio 2023

La triple amenaza

El agua potable es esencial para la vida misma. Un saneamiento y una higiene adecuados evitan la propagación de enfermedades e infecciones y garantizan la dignidad humana. Estos servicios esenciales resuelven las necesidades más básicas de la vida. Sin ellos, los niños mueren a causa de enfermedades diarreicas. Su educación se interrumpe o se paraliza. La malnutrición se agrava debido a la creciente inseguridad alimentaria, que en parte está provocada por los problemas relacionados con los recursos hídricos. Las familias se ven obligadas a emigrar y proliferan los conflictos armados y el trabajo infantil. El agua insalubre y el saneamiento y la higiene deficientes siguen causando enfermedades y muertes totalmente prevenibles entre los niños de corta edad. Cada día, casi 4.000 personas mueren por enfermedades cuya causa se debe a la precariedad de los servicios de WASH; más de 1.000 de estas personas son niños y niñas menores de cinco años. Los avances hacia las metas mundiales de los Objetivos de Desarrollo Sostenible relacionadas con WASH son peligrosamente lentos. Se estima que se necesitan al menos 114.000 millones de dólares al año en los países en desarrollo para alcanzar las metas de los ODS en materia de WASH para 2030. Y los progresos realizados en los últimos años son frágiles. Las tensiones derivadas del cambio climático, los conflictos, el crecimiento demográfico y otros factores ponen en peligro los logros alcanzados hasta la fecha.  Aunque disponemos de las herramientas, las pruebas y las soluciones para cumplir los objetivos mundiales, se trata de un enorme desafío. Millones de niños y niñas se enfrentan hoy a la triple carga de la falta de acceso a servicios básicos de agua, saneamiento e higiene; la muerte por enfermedades relacionadas con el agua insalubre y el saneamiento y la higiene deficientes; y las crecientes amenazas climáticas, como la escasez de agua, las olas de calor, las inundaciones y los ciclones, que dificultan aún más su acceso a unos servicios que ya son de por sí bastante frágiles. Sabemos dónde se registran los mayores problemas. Diez países –que suman una población total de más de 190 millones de niños– se enfrentan a la carga más pesada.
17 Septiembre 2019

El Estado de la Seguridad Alimentaria y la Nutrición 2017

La edición de 2017 de El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo marca el inicio de una nueva era en el seguimiento de los progresos relacionados con la consecución de un mundo sin hambre ni malnutrición, en el marco de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). En concreto, en el presente informe se hace un seguimiento de los avances logrados en la erradicación del hambre (meta 2.1 de los ODS) y la malnutrición en todas sus formas (meta 2.2). En el documento se incluye también un análisis temático de la forma en que la seguridad alimentaria y la nutrición se relacionan con los avances en la consecución de otras metas de los ODS. Ampliar la cobertura temática para incluir la nutrición ha supuesto que en la edición de este año el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) se incorporen a la colaboración que la FAO, el FIDA y el PMA vienen manteniendo desde hace años para elaborar este informe anual. Esperamos que la ampliación de la colaboración resulte en una comprensión más detallada y completa de lo que será necesario hacer para terminar con el hambre y todas las formas de malnutrición, y en medidas más integradas para lograr este objetivo fundamental.   Los desafíos a los que nos enfrentamos son considerables. Como se expresa en la Parte 1 del informe, una de las conclusiones más preocupantes es que, después de registrar un descenso prolongado, las estimaciones más recientes indican que en 2016 el hambre aumentó en el mundo y actualmente afecta a 815 millones de personas. Además, aunque sigue estando muy por debajo de los niveles observados hace una década, el porcentaje estimado de la población mundial que padece hambre también aumentó en 2016. En algunas zonas del mundo, este reciente aumento ha alcanzado un nivel extremo, con la declaración de hambruna en ciertas áreas de Sudán del Sur a comienzos de 2017 y las alertas de alto riesgo de hambruna en otros lugares (noreste de Nigeria, Somalia y Yemen).   En 2016, la situación de la seguridad alimentaria empeoró gravemente en varias zonas del África subsahariana, Asia sudoriental y Asia occidental. El deterioro se hizo más evidente en situaciones de conflicto, en particular en zonas donde los efectos de los conflictos sobre la seguridad alimentaria se vieron agravados por sequías o inundaciones relacionadas en parte con el fenómeno de El Niño. No obstante, el empeoramiento de las condiciones de la seguridad alimentaria también se ha observado en entornos más pacíficos, especialmente en lugares donde la desaceleración económica ha aminorado las reservas de divisas y los ingresos fiscales, afectando negativamente a la disponibilidad de alimentos –debido a una menor capacidad de importación– y al acceso a la alimentación, por la reducción del espacio fiscal para proteger a las familias pobres del aumento de los precios nacionales de los alimentos. Estamos más decididos y comprometidos que nunca a intensificar la adopción de medidas dirigidas a cumplir con las ambiciones de la Agenda 2030, y lograr un mundo en el que no se padezca hambre, malnutrición ni pobreza.