El efecto de la crisis económica en la vida de Juana

Historias de vida

UNICEF
Pobreza infantil
UNICEF

15 Abril 2019

Juana es una niña de 9 años.

Vive en una provincia en el norte país, en una casa, un rectángulo de madera a la que accedieron por una organización social. A Juana le gusta vivir ahí, porque antes vivían en lo de un tío, pero le molesta que, cuando llueve, "entra agua y todo se moja".

Allí conviven sus padres: Mara (35) y Santiago (39), una tía (Carolina, 31, hermana de Mara), y sus 4 hermanos Yamir (3), Delfina (5), Alan (12) y Agostina (16) con su hijo recién nacido.

Agostina buscaba anticonceptivos en el dispensario del barrio, pero el último año la entrega fue discontinua y no pudo tomarlos.

Este año, Agostina dejó la escuela porque tuvo un bebé: Mateo (3 meses) y tiene que “atenderlo”. El papá del bebé es un joven del barrio (Rodrigo, 20) que de vez en cuando los visita, pero no acompañó a Agostina durante el embarazo ni lo hace ahora en ningún hábito de cuidado, ni la ayuda económicamente para la manutención del bebé. “Una sola vez” le llevó pañales y otra, un “enterito”.

La casa cuenta con una mesa y dos sillas recolectadas de la calle, arregladas con trozos de madera y alambre; una heladera que les obsequió un vecino pero que está apagada porque el motor no anda, que usan para guardar cosas; un televisor pequeño; un altar a la virgen de Urkupiña y una gran cama construida con cajones de madera y rejuntes de colchones. Todos duermen en esa gran cama, en el mismo ambiente y a veces se turnan el descanso, conforme a los horarios, así por ejemplo el papá duerme de día mientras los niños están en la escuela, porque suele trabajar en obras por la noche. Alan pasa toda la tarde jugando a la pelota por el barrio. En el último año  sale a trabajar con su papá vuelve muy cansado y falta a la escuela, duerme toda la mañana.

No tienen baño. “Hacen las necesidades” en un tacho, para luego vaciarlo en un canal situado frente a la casa donde “todo el barrio tira basura”. A Juana no le gusta jugar cerca del canal porque “es profundo, sucio, larga olor feo”. Juana va a la escuela por la mañana, le gusta ir, pero a veces le cuesta prestar atención porque “la panza le hace ruidos”.

Desde hace unos meses, Juana y sus hermanos almuerzan con mayor frecuencia  en el comedor del barrio y vuelven a la tarde por una merienda.

Su mamá, junto a otras mujeres, cooperan en la preparación de los alimentos y el cuidado de los niños que allí asisten. Los alimentos del comedor dependen de los bolsones que les entregan diferentes organizaciones sociales y en el último tiempo, relatan que son menos variados y se componen principalmente por fideos.

Una vez por semana su mamá sale porque está estudiando, otras veces sale a limpiar casas, en ambos casos Juana tiene que cuidar a sus hermanitos.

Antes de acostarse, toma un té con alguna tortilla que su tía no haya podido vender durante el día, dado que trabaja ofreciendo comida en el centro de la ciudad. Algunos días acompaña a su tía y la ayuda con la venta.

El papá de Juana trabaja de changarín, ha pasado unos meses en una construcción, trabajaba de noche, pero últimamente no consigue trabajo. "Eso lo hace estar enojado, a veces rompe cosas, está gruñón”, cuando eso pasa Juana se esconde detrás de unos tachos que hay a unos metros de su casa.

Los efectos de la situación económica en la niñez y adolescencia en Argentina
UNICEF

La experiencia de Juana es la de miles de niños, niñas y adolescentes que sienten de manera directa los efectos de la situación económica actual, porque afecta directamente su rutina, su entorno y el clima en su hogar.

Los niños, niñas y adolescentes son los últimos responsables de la situación económica y, sin embargo, están sufriendo sus consecuencias de una forma tanto o más grave que otros grupos etarios.

En este contexto, indispensable mostrar que significa vivir en pobreza a través de la propia voz de los niños y niñas. Contar que sienten, como viven y como los afecta la situación económica actual.

Las familias que participaron en un Estudio llevado a cabo por UNICEF, relataron que en el último año se enfrentan a una pérdida precipitada del poder adquisitivo y han visto agudizadas situaciones de desempleo y precarización del mercado de trabajo, aunado a un mayor déficit habitacional y a dificultades para cubrir los costos del alquiler, la posibilidad de acceder a alimentos. Estas situaciones empeoran la calidad de vida de las familias, restringiendo su consumo y poniendo en riesgo su supervivencia, sometiéndolas a una mayor estigmatización y a situaciones de discriminación.

La Argentina tiene una deuda estructural con la infancia y la adolescencia que nos interpela como sociedad y requiere de acuerdos de largo plazo.

El estudio “Efectos de la situación económica en las niñas, niños y adolescentes en Argentina” brinda una aproximación cualitativa del fenómeno de la pobreza, complementaria a las estadísticas, este a partir de las percepciones de los niños y niñas, de las de los miembros de su familia y de su comunidad, promoviendo así el derecho de la niñez a expresarse y a que sus opiniones y bienestar sean considerados en el debate público y en la toma de decisiones.

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