"UNICEF nos dió una gran ayuda para cubrir la demanda del barrio"

Josefina, encargada del merendero-comedor "Los Alamos de pie", La Matanza

UNICEF
Josefina
UNICEF/Widnicky
26 Junio 2020

Quince vecinas se turnan de lunes a viernes para prepararles la cena a 130 familias del barrio Los Álamos, en La Matanza. Son 80 manzanas amenazadas por la cercanía del arroyo Morales, que sube y desborda, inundando todo. No había un comedor cerca y hace dos años Josefina decidió reacomodar su casa y construir un playón techado adelante para entregar la comida. Poco a poco se fueron sumando más mujeres, que agradecidas por la ayuda de Josefina quisieron también participar. En dos piezas ella almacena la mercadería y los productos de limpieza en las estanterías de madera que hizo su marido durante la pandemia por COVID 19 porque no puede salir a trabajar, también compró un freezer con un dinero que cobró por su trabajo cuidando personas mayores en Capital y guarda orgullosa carne para un mes que pudieron tener gracias a la ayuda de UNICEF. Su sobrina donó la casita de al lado, donde guardan las ollas y hacen los 20 kilos de pan diarios. “Antes del acuerdo con UNICEF pedíamos donaciones, a veces nosotras mismas nos colaboramos al traer cositas, una un pedazo de carne, otra verduras, y así logramos hacer una olla. Más de 500 raciones por día estamos dando. Gracias a UNICEF que viene y podemos hacerlo, antes ya estábamos desesperadas porque no sabíamos de dónde sacar para cocinar. Estamos muy felices, decimos con las compañeras que es un enviado de Dios”, cuenta emocionada.

Hace 18 años que Josefina llegó a la Argentina desde San Pedro, Paraguay. Vino sola porque una amiga de su hermana le había ofrecido trabajo. Hace ocho años que vive en Los Álamos con su marido, con el que levantaron con mucho esfuerzo su casa, y su hijo Josué de tres años. Siempre le gustó ayudar y cuando surgió la idea del comedor empezó a visitar casa por casa, anotando cuántas familias requerían ayuda y cuántos chicos tenía cada una, para poder dimensionar la necesidad. Apenas abrió, enseguida la gente se acercó a merendar o a buscar la cena, también a pedirle ayuda para hacer trámites porque ella tiene internet y no duda jamás en compartirla con el barrio. Hasta armó una canchita delante de su casa y un taller de decoración donde las vecinas pueden llevar materiales y entre todas hacen los souvenirs para los cumpleaños. Quiere en un futuro cercano iniciar una cooperativa de panadería.

josefina y familia
UNICEF/Widnicky

El coronavirus frenó las actividades, aunque en el barrio no hay casos positivos, pero comprendieron rápidamente que se tenían que cuidar y por eso establecieron una rutina de higiene muy minuciosa. Cuando llegan, se toman la temperatura antes de empezar a cocinar, se ponen alcohol en gel, rocían lavandina y utilizan barbijo. Dibujaron en la tierra con cal marcas para guardar la distancia en la fila, los vecinos van con su propia vianda, que apoyan sobre una madera, ellas no tocan el recipiente, luego desinfectan la tabla para que pueda apoyar otra persona.

La unión de esta comunidad muy golpeada por el agua genera admiración. “Las mujeres del barrio pasamos muchas cosas acá, nos inundamos muchísimo, perdimos muchas cosas, los chicos pierden todo. Por un lado me pone triste porque hay mamás que vienen a contarme eso, a pedirme abrigo, zapatos para los hijos. Hay mucha demanda y es muy difícil cubrirla”, confiesa Josefina a sus 38 años y destaca con orgullo que entre las vecinas tratan siempre de aprender juntas. Una sabe más de cocina, otra de nutrición, una se encarga de repartir las viandas a las personas mayores que no pueden salir de sus casas, otra consiguió semillas para armar huertas, y las que no tienen que cocinar ese día llegan a la tarde para lavar los utensilios a la intemperie porque el comedor no tiene un lugar adentro para hacerlo. Por eso el sueño de Josefina es tener un comedor en un terreno independiente, cerca de su casa, que ya tiene visto pero no le alcanza para comprarlo, donde además quiere armar talleres para los chicos y una escuela de apoyo.

"Estoy muy contenta por tener la comida, la carne para cocinar para los chicos. Estamos muy felices por la ayuda de UNICEF"