"Si cambiás el barrio, cambiás un paradigma"

Nelson, voluntario del merendero “Las tacitas poderosas”, Barrio 21-24

UNICEF
Nelson
UNICEF/Widnicky
26 Junio 2020

Cuando empezó el merendero, no dudó en caminar su barrio para difundir. Nadie le contó de las necesidades, de la contaminación y el olor insoportable del Riachuelo, de los problemas de piel o respiratorios y de la falta de un lugar de contención para los chicos y las chicas de San Blas. Nelson llegó a esta parte de la 21-24 a los 8 años, cuando el suelo era pura basura. Hoy, a los 23, es voluntario del comedor que coordina Otis, su mamá, estudia Periodismo en la Universidad de Avellaneda y forma parte de la comunicación en La Garganta Poderosa, la revista de cultura villera de la organización social que impulsa al merendero.

El trabajo que Nelson y los otros voluntarios llevan a cabo en este espacio se fue acomodando con el tiempo. Primero se enfocaron en las infancias, pero pronto entendieron que las mujeres necesitaban un lugar y también los adolescentes, por eso comenzaron con talleres de arte, rap y fútbol. Organizaron por primera vez en el barrio el día de la niñez y campamentos para que los chicos puedan conocer el mar.

Pero a partir de la pandemia por COVID 19 las cosas cambiaron drásticamente, una vez más el merendero se tuvo que adaptar para contener a las familias en medio del aumento de los contagios y de los más de 400 casos de dengue. Como las changas y los trabajos informales están parados, se multiplicó la ayuda de los comedores. “Nos encontramos con un problema muy importante: con lo mismo que cocinábamos para 30 raciones ahora teníamos que hacer para 200. Antes del vínculo con UNICEF, en esa dificultad, tuvimos que ingeniarnos para contactar a los vecinos, recorrer las carnicerías y las verdulerías, para que nos dieran lo que les sobraba. Mucha veces no alcanzaba y les decíamos a la gente perdón, no hay más. En cambio ahora pudimos comprar nosotros la carne. Esta colaboración entre UNICEF y La Poderosa, este inicio, es un grano de arena, es un montón. De hecho no es un grano sino una montaña porque es a nivel nacional”, cuenta orgulloso.   

Nelson en acción
UNICEF/Widnicky

En su propia adolescencia Nelson se empezó a cuestionar por qué le tocó vivir en esta situación. Lejos de la indiferencia o el enojo, desde ese momento si pudiera desear algo es contar con un espacio integral para su sector del barrio, donde se abarque desde la contención psicológica, emocional, la alimentación, el deporte, la recreación. “Si cambiás el barrio, cambiás un paradigma, y generás que los chicos y las chicas tengas un futuro distinto, puedan definir qué pueden ser y lo hagan acompañados”. Como ejemplo, cuenta que cerca hay una escuela de boxeo a la que antes del coronavirus iban 160 adolescentes y funcionaba muy bien.

Se están haciendo las cuatro y los voluntarios se preparan para recibir a las familias. Tienen muy claro el protocolo de seguridad desde el inicio de la pandemia y les aconsejan a los vecinos y a las vecinas que vayan llegando espaciados, así no se arman filas. Cuando hay, reparten barbijos y siempre rocían con alcohol el contorno de los recipientes que trae la gente para llevarse la vianda. Los chicos preguntan por Nelson, él los llama por su nombre, los conoce de toda una vida, y mientras les sonríe dentro suyo no puede dejar de pensar en que ojalá vuelvan pronto a la escuela, porque la continuidad pedagógica y las dificultades de acceso a internet o a la tecnología que tienen en el barrio es otra de las preocupaciones que pasan por su cabeza.

Si nosotros pudiéramos desear algo es que en los barrios populares haya un acompañamiento integral en la infancia. La gente está viviendo entre 4 y 10 personas en habitaciones de 4 x 4, esto habla del hacinamiento, hay vulneraciones de todo tipo.

"Para mí la infancia hoy en la Argentina está en crisis, más de la mitad de los chicos vive en la pobreza, en un momento muy difícil, sobre todo en los sectores populares"

UNICEF