“Pudimos volver un poco a la normalidad y a planificar a futuro” 

Braulio tiene 17 años y cursa sexto año en la Escuela Municipal Manuel Belgrano de San Antonio de Areco. 

UNICEF
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UNICEF
12 Marzo 2021

Braulio Vega Santana (17) se define como un NyC: “nacido y criado en San Antonio de Areco”. Vive con su mamá, su papá y su perra Manchita, en una casa de la zona que, dice, “es la más urbana del pueblo” y acaba de volver a clases presenciales después de casi un año; pero aclara: “mi contacto es muy diferente al de muches por el hecho de que yo vivo en un pueblo y quizás el COVID no afectó tanto a la normalidad como en las grandes ciudades”. Y por contactos se refiere a sus amigas y amigos. “A todos mis compañeres les había visto antes en diferentes eventos, o me los había cruzado en el pueblo; pero sobre todo había un grupo con el que me venía juntando -con precauciones- pese a que las clases no habían vuelto todavía”.  

Para Braulio el contacto con sus amigos durante la cuarentena fue muy importante. “Hacíamos muchas videollamadas; nos reuníamos jugando a videojuegos”, afirma. Consultados por UNICEF en la tercera encuesta sobre el impacto de la pandemia en hogares con niños, niñas y adolescentes, el 65% de los jóvenes señaló que le costó no verse con sus amigos, la mitad no salir, no ir a la escuela, estar encerrado, no poder estar al aire libre o realizar actividades que antes sí hacían. Braulio milita políticamente y mantiene un activismo socioambiental: “Antes de la cuarentena nos juntábamos un montón en el pueblo y planificábamos actividades, hacíamos charlas, asambleas. Durante la cuarentena todo se redujo a comunicarnos por WhatsApp y a repartir comida en los barrios más vulnerados. Y ahora, ya pudimos volver un poco a la normalidad; ya nos volvimos a juntar y a planificar cuestiones a futuro”, sostuvo. 

Braulio comenzó sexto año en la Escuela Municipal Manuel Belgrano. “No tuve miedo a la vuelta a clases presenciales porque confiaba en que el establecimiento estaba preparado para cumplir protocolos. Tengo la suerte de que nuestro edificio es bastante nuevo, tiene sólo dos años; no como otras instituciones que quizás necesitaron ampliaciones o se les dificultó más el hecho de aplicar los protocolos”. De todos modos, siempre se mantiene con barbijo, lleva su propio alcohol en gel, además del que la escuela le otorga, y tanto en el aula como en el patio se mantiene distanciado de sus compañeras y compañeros, sobre todo con los que tiene menos contacto. “Hay un grupo con el que me veo fuera del colegio, por ende, tengo confianza al estar cerca, aunque siempre con barbijo y manteniendo las precauciones”, afirma. 

Cuando se enteró que volvían las clases presenciales, su reacción fue de sorpresa. “Realmente creí que no íbamos a empezar presencialmente este año, que al principio íbamos a participar solamente de forma virtual”. Sin embargo, tenía muchas ganas de volver porque, si bien contó con computadora y teléfono celular propios durante el aislamiento, los problemas de conectividad fueron una variable común.No me pude adaptar bien”, confesó. A Braulio se le dificultó aprender como a la mayoría de los adolescentes que participaron de la encuesta de UNICEF: sólo un 19% contestó que aprendieron mucho en el año; el 48% dijo haber adquirido algunos aprendizajes, el 26%, muy pocos, y el 6% declaró que nada.  

Por eso, no sólo está contento por el reencuentro con los pares, si no por el hecho de estar ahí, presente, y volver a escribir en una carpeta. “Aunque lo que menos me gusta es tener que levantarme de nuevo temprano”, dijo entre risas. “Me desacostumbré completamente”.