Historias reales

Introducción

 

Retorno de la Alegría

© UNICEF Venezuela/2005/Ochoa

 “Yo soy José Antonio ahora vivo aquí en el refugio. Yo perdí mi casa, perdí mi perro, perdí mis cosas, y casi a mi familia cuando llovió tanto el pasado mes de febrero. Si la gente no construyese sus casas sobre barranco, tierra movida, no pasaría esto.”

José Antonio, de 12 años de edad, vive desde hace 5 meses en el Terminal de Oriente, en Petare, Caracas. Aquí se encuentra en uno de los refugios habilitados para acoger a las personas que perdieron todas sus pertenencias y sus casas durante las lluvias.

José Antonio está en el refugio con su tía y sus primos, con los que vive desde hace tres años. Anteriormente vivía con su mamá y sus hermanos, pero la relación de sus padres no marchaba bien y terminaron separándose. Su mamá conoció a otro señor con el cual vive y tuvieron dos niñas. “Hace tres años que ya no vivo con mi mamá, pero siempre la voy a visitar, ella se siente mejor así, porque ya no estoy sufriendo con ese señor.  A mi papá, antes de venir al refugio, le veía todos los domingos, él trabaja vendiendo gallinas en el barrio.”

José Antonio vivía muy cerca de su mamá hasta que ocurrió el deslave y el derrumbe de su casa; él nos cuenta lo que sucedió: “Cuando llegaron las lluvias, nosotros estábamos en Los Teques, porque fuimos a visitar la tumba de mi abuela, que acababa de morir el pasado 2 de diciembre. Mi tío sí estaba en la casa, él fue quien nos avisó. Cuando llegamos a Caracas y vimos lo que quedaba de la casa, nos pusimos muy tristes. Se había caído todita, sólo quedaban las puertas. Perdimos todas nuestras cosas. Al día siguiente llegaron los de Protección Civil para llevarnos a un refugio…ahora me siento bien, al principio me sentía mal porque estar botado así, no le gusta a nadie. Aquí había muy pocas camas y metían a mucha gente.”

José Antonio recuerda con anhelo a su familia, porque aunque no viviesen todos juntos en la misma casa, sí en el mismo barrio. “Tengo un hermano de 14 años que vive con una vecina, lo acogió para cuidarlo cuando tenía 11.  Ahora él está trabajando como repartidor de pan a la mañana y en la  tarde estudia. Él quiere ser militar” nos dice José Antonio, y añade “también tengo dos hermanas morochitas de tres años que son hijas del señor que vive con mi mamá. Además de los dos primos con los que vivo que son los hijos de mi tía. Son todavía muy pequeños y yo les cuido cuando mi tía sale fuera de la casa. Son como mis hermanos. Yo los quiero igual”.

 José nos cuenta su experiencia: “Mariauchi y Nacho, dos voluntarios de UNICEF, se presentaron un día en el refugio y nos trajeron juegos y alegría; ellos portaban un morral que se llama “El retorno de la Alegría”. Este morral contenía muchos juegos para hacer dinámicas y de esta manera entretener a los niños y niñas. Los capacitadores de UNICEF nos dieron un taller. De allí eligieron a los más responsables, para que se formasen como facilitadores de los demás; nos explicaron como funcionaba el morral, para que lo utilizásemos con los otros niños y niñas. Yo le dije a una de las voluntarias de UNICEF que yo quería llevar un grupo, ella me dijo bueno yo te voy a meter pero con la condición de que seas responsable. Al poco tiempo llegaron los morales para nosotros. Teníamos uno para cada grupo. A mí lo que más me gusta del morral es el rompecabezas, armar y desarmar  y a los chamos que yo cuido les gusta dibujar, hay muchas cosas para elegir.”

 José Antonio, como otros 6 jóvenes, recibió unos talleres parar la utilización del morral Retorno de la alegría. El morral es un medio para la atención y recuperación psicosocial de los niños y niñas afectados por desastres. Consiste en una bolsa llena de juegos y dinámicas para  trabajar con los niños y niñas. La intención de este programa es poder intervenir sobre el estado emocional de los infantes afectados, siendo esto responsabilidad de los agentes comunitarios de UNICEF. A los jóvenes que capacitaron les enseñaron las dinámicas y como utilizar los juegos para entretener, sin entrar en profundidad en estados emocionales.

Los capacitadores de UNICEF son personas voluntarias que recibieron unos talleres por parte de UNICEF, donde se formaron para su posterior interacción con los niños, niñas y adolescentes damnificados y que se encuentran en refugios.

 

 
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