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Las maestras llegan a la casa

© UNICEF/Uruguay/2007/Singer

Cuando en el 2005 las maestras comunitarias Cecilia y Bety empezaron a visitar a la familia de Mónica, era la primera vez que iban a su casa a pesar de estar a tan solo cinco cuadras de la   escuela y de conocer a la familia desde antes. “Se eligió a la familia de Mónica porque su mamá tenía mucho acercamiento a la escuela, pero había muchas asperezas que queríamos limar”, cuenta Cecilia.

Carmen, la madre, les abrió las puertas de su casa para que las maestras entraran a trabajar con Mónica y sus hermanos, y ocasionalmente con vecinos o primos que se acercaban. “Al principio íbamos a la casa con cierto temor, porque no es muy fácil pues uno se está metiendo en la casa, ¿cómo hacer para no invadir el espacio de los padres?… hay que entrar con mucha delicadeza”, comenta Bety. Así, poco a poco se fueron ganando un espacio en la casa y más adelante en el corazón de toda la familia.

Carmen recuerda que sus hijos “sabían los días que iban [las maestras], salían a alcanzarlas en la esquina, sabían a qué hora llegaban y se levantaban temprano para tener todo pronto para cuando ellas llegaran y empezar a hacer las cosas. Esperaban con ansias la hora en que ellas iban”.

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