Bangladesh

La lucha contra el envenenamiento con arsénico en Bangladesh

Imagen del UNICEF
© UNICEF/2006/Siddique
Salma Begum y su hijo en Munshiganj, Bangladesh. La Sra. Begum sufrió las consecuencias de la discriminación social cuando comenzó a manifestar síntomas de envenenamiento con arsénico. En algunas regiones de Bangladesh, la concentración de arsénico en el agua ya alcanza niveles tóxicos.

Por Louise Russell

Como parte de la presentación del informe "El Progreso de la Infancia No. 5: Un balance sobre el agua y el saneamiento", UNICEF difunde una serie de artículos que se concentran en la conquista de las metas para 2015 del Objetivo de Desarrollo del Milenio 7, que consiste en reducir a la mitad la proporción de personas que carecen de acceso sostenible al agua potable y el saneamiento ambiental básico.

MUNSHIGANJ, Bangladesh, 11 de septiembre de 2006 – Salma Begum solía pasar la noche en vela, pensando quién se haría cargo de sus hijos si ella moría de cáncer. Aunque no le habían diagnosticado esa enfermedad, la mujer se preguntaba qué otro origen podían tener la decoloración de la piel de sus brazos, los dolores, las lesiones y la sensación de quemaduras cutáneas.

 “No podía dormir", recuerda. "No sólo porque pensaba que tenía cáncer y que iba a morir sino porque también tengo tres hijos. Y me preguntaba qué les sucedería a ellos si yo moría".

En la actualidad, la Sra. Begum está mucho más tranquila, porque sabe que aquellos síntomas se debían al consumo de agua contaminada con arsénico proveniente de un pozo cercano. Ahora bebe agua de lluvia, que es menos peligrosa, y que su familia recoge en un tanque que recibió gracias al apoyo de UNICEF.

Las consecuencias a largo plazo

El arsénico es un componente natural de las aguas subterráneas, en las que está presente en cantidades mínimas. Sin embargo, en algunas regiones del Bangladesh el agua tiene concentraciones de arsénico que llegan a niveles tóxicos si se la consume durante períodos prolongados.

Los síntomas del envenenamiento con arsénico, cuyo nombre científico es arsenicosis, comprenden las lesiones cutáneas, la hinchazón de los brazos y las piernas y la pérdida de sensibilidad en esos miembros. A largo plazo, la ingestión de arsénico puede ser causa de cáncer pulmonar, renal o de la vejiga.

En Bangladesh, unas 40.000 personas sufren arsenicosis, y los expertos en salud pública creen que en los próximos 50 años se registrarán más de 2,5 millones de casos nuevos. La única manera de prevenir la enfermedad es mediante el consumo de agua sin arsénico.

Una “enfermedad mala”

Mientras a su alrededor la población de su aldea vive un clima de intense actividad debido a que se encuentra en pleno desarrollo la cosecha del yute, sentada con el resto de su familia junto al nuevo tanque de recolección de agua de lluvia, la Sra. Begum habla sobre su enfermedad.

Sus manos muestran todas las trazas de las de alguien que se ha pasado la vida ocupada en labores pesadas. La Sra. Begum tiene la piel de los pies cubierta de manchas negras y grietas que, felizmente, no están infectadas. La mujer tiene la esperanza de que cuando dejó de ingerir agua contaminada con arsénico, la arsenicosis aún no había alcanzado la fase cancerosa.

En Bangladesh, los problemas de los pacientes de arsenicosis no se limitan a los síntomas físicos, ya que también son víctimas de la discriminación social y del temor por parte de sus comunidades.

 “Cuando me diagnosticaron este mal, varios miembros de mi familia me dijeron que tenía una enfermedad mala”, comenta la Sra. Begum. “Me odiaban, y tenían miedo de que los contagiara. Pero los agentes sanitarios que vinieron a verme les dijeron que ese problema no existe, que se trata de una enfermedad causada por el agua y que no es contagiosa”.

Un cambio de actitudes

La Oficina de UNICEF en Bangladesh y sus aliados han colaborado con la concienciación de la población acerca del envenenamiento con arsénico mediante campañas en los medios de comunicación y mediante la distribución a los agentes sanitarios de folletos y otros materiales impresos de información.

En las regiones donde se ponen en práctica los proyectos que apoya UNICEF, la proporción de pobladores que creen que el envenenamiento con arsénico es contagioso se redujo durante el año 2002 de un 70% a menos del 25%. Aunque la enfermedad continúa siendo causa de difamación cuando los afectados son hombres y mujeres que se proponen contraer matrimonio, una encuesta sobre las actitudes con respecto al arsénico que se llevó a cabo en 2004 reveló que más de uno de cada cuatro progenitores daría su consentimiento para que su hijo o hija se casara con alguien que sufre arsenicosis. En 2001, la proporción había sido de uno en 20.

UNICEF también ayuda a los pacientes de arsenicosis posibilitando que se abastezcan de agua mediante métodos sustitutivos, como el tanque de agua de lluvia de la Sra. Begum, y respaldando medidas tendientes a mejorar el diagnóstico y la atención de los pacientes de esa enfermedad.


 

 

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