Alianzas con la sociedad civil

Una joven activista porta la antorcha olímpica

Imagen del UNICEF
© UNICEF Brazil/2004
La activista en favor de los derechos infantiles, Núbia Olivera Silva, fue seleccionada por el UNICEF para participar en la entrega de la antorcha olímpica

RIO DE JANEIRO, 13 de junio de 2004 – Ésta es la historia de Núbia, una de los tres portadores de la antorcha olímpica seleccionados por el UNICEF para participar en el acto de relevo de la antorcha de los Juegos Olímpicos de 2004.

Núbia fue una de los 121 portadores brasileños de la antorcha –cada uno de los cuales recorrieron una vuelta de 400 metros– un grupo selecto entre los que se encontraban el futbolista Ronaldo y el Embajador de Buena Voluntad del UNICEF del Brasil, Renato Aragão. Un millón de personas salieron a las calles de Río de Janeiro el domingo 13 de junio para presenciar el relevo de la antorcha.

Poco después del disparo de salida inicial, la atención del público se centró en Núbia, de 19 años, que se convirtió en la primera portadora de la antorcha olímpica del UNICEF en toda la historia.

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Núbia, de 19 años, recibe la antorcha olímpica
La historia de Núbia

Núbia, una activista en favor de los derechos de la infancia, nació en Conceição do Coité, en el estado de Bahía. Cuando Núbia cumplió 8 años de edad comenzó a acudir a la escuela y también empezó a trabajar en la industria del cultivo del sisal. La escuela, sin embargo, no era la prioridad. Aunque estaba matriculada, apenas podía acudir a clase. Incluso cuando lograba asistir, aprender era problemático: trabajar en los campos de sisal era agotador, y la escuela se encontraba a una hora de camino de su casa.

A medida que Núbia se hizo mayor, sus responsabilidades aumentaron. El salario que ganaba era un complemento esencial para el ingreso familiar. El poco dinero que obtenía se lo daba a su familia para ayudar a educar y a alimentar a los cinco hijos, de los cuales Núbia es la mayor.

Los 246 millones de niños y de niñas explotados como consecuencia del trabajo infantil son la prueba más palpable del fracaso sistemático del mundo para proteger a su infancia, y son la demostración de por qué gran parte de la labor del UNICEF está destinada a establecer un entorno protector que impide que los niños y las niñas sean víctimas de la explotación y el abuso.

A los 13 años, Núbia comenzó a participar en el Programa para la Erradicación del Trabajo Infantil (PETI), un proyecto federal que recibe apoyo del UNICEF. El programa ha contribuido a establecer una coalición de jóvenes activistas, protegiéndolos de la explotación y el trabajo infantil. También apoya financieramente a las familias para permitirles enviar a sus hijos a la escuela.

Desde que ingresó en el programa PETI, Núbia ha sido testigo del profundo cambio positivo que se ha producido en la vida de su familia. Mediante un proyecto calificado Programa de Agentes Familiares, coordinado por la ONG Movimento de Organização Comunitária (MOC), que recibe apoyo del UNICEF, Núbia trabaja para promover actividades que fortalezcan a las familias y realiza tareas de formación en las comunidades.

Núbia agradece la oportunidad de informar a las familias sobre los peligros del trabajo infantil. Ella no quiere que otros niños y niñas tengan que sufrir las mismas dificultades por las que ella pasó cuando era una niña. El Programa de Agentes Familiares reúne a las familias para analizar los derechos civiles y la importancia que tiene ejercer el derecho al voto. Como resultado, muchas familias aprenden a movilizarse en apoyo a sus derechos y exigen políticas públicas que aborden sus necesidades, entre ellas la atención de la salud, la educación y los servicios de extensión agrícola.

Además de su labor con el sindicato de trabajadores rurales, le gusta estudiar y espera convertirse en una maestra. En su trabajo actual con jóvenes, alienta la participación activa de los niños y las niñas en la creación de sus propias organizaciones y en las labores de presión necesarias para lograr políticas públicas que promuevan los intereses de la juventud. Núbia realiza todas estas tareas de manera voluntaria y solamente recibe una beca que le permite comprar materiales para sus estudios.

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Núbia viajó a Río por primera vez en su vida para participar en la entrega de la antorcha

Esta joven excepcional fue una de las pocas afortunadas que llevaron la antorcha olímpica en Río. La alegría, el orgullo y el nerviosismo fueron las emociones que presidieron el día; nunca antes había viajado tan lejos.

Núbia quiere aprovechar esta oportunidad para llamar la atención sobre los peligros del trabajo infantil. Nunca tuvo una infancia, asegura. Pero no se trató de algo que su familia decidió hacer, sino el resultado de su situación financiera y la falta de otras posibilidades. “Los niños y las niñas deberían estar en la escuela y jugar”, dice.

Núbia tiene espíritu deportista y quiere que todos se encuentren juntos en el podio de los vencedores. Tal vez tenga mucho por recorrer, pero hasta la fecha está contenta con su rendimiento. Todavía tiene que ganar una medalla, pero incluso sin medalla, Núbia ya se ha convertido en una campeona.


 

 

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