Las campañas de educación de las niñas

Historias reales

El fútbol ayuda a una niña de un barrio pobre de Djibouti.

Imagen del UNICEF
© UNICEFDjibouti/2004/Pirozzi
Final del torneo de fútbol femenino donde ocho escuelas primarias del distrito de Dhikil fueron partícipes. Este distrito es el que registra el menor número de niñas matriculadas en la escuela.

Hayablé - Balbala: suburbio del sur de la capital de Djibouti. Junio de 2004- Nacida de una familia de 9 niños y niñas, Fatouma Osman tiene 23 años. Forma parte de un grupo exclusivo: las jóvenes que en este país practican el deporte en general y el fútbol en particular. Como la mayoría de los habitantes del barrio “Hayablé” de Balbala, situado a alrededor de 6 kilómetros del centro de la ciudad, su familia carece de electricidad y de agua corriente. Encontrar un trabajo y ayudar a su familia es una obsesión para Fatouma, sobre todo cuando su padre, un obrero de la construcción, quedó inválido después de un accidente de trabajo en una obra.

Para resolver las necesidades de la familia, la madre busca los mejores lugares en las calles de Balbala y vende naranjas y limones durante todo el día.

Fatouma está en el paro desde hace 5 años, es decir, después de la interrupción de sus estudios cuando tenía 17 años debido a la falta de medios. Sin embargo, tuvo la suerte de trabajar como camarera en dos restaurantes del centro de la ciudad cuando comenzó su vida activa. Al cabo de un año, decidió romper su contrato. ¿Por qué? Porque trabajaba hasta muy tarde y después de la medianoche no había transporte público y se veía obligada a pagar de 3 a 6 dólares de taxi para regresar a Hayablé. Después de un año de sacrificio, Fatouma consideró la situación: cerca de un 80% de su salario mensual de 170 dólares tenía que emplearlo en taxis.

Fatouma pertenece a una Asociación de su barrio denominada UTE BOKA. Esto le ha permitido recibir formación en socorrismo y seguridad. Ésta ha sido una zona en crecimiento después de que se estableciera una base de los Estados Unidos en Djibouti tras los sucesos del 11 de septiembre de 2001, y el aumento de las actividades marítimas luego de que Etiopía canalizara la mayor parte de sus intercambios comerciales al puerto de Djibouti.

Fatouma espera tranquilamente su oportunidad mientras se da un masaje ligero en la rodilla, que le duele como consecuencia de una lesión en un partido por el campeonato nacional. Un velo de tristeza ensombrece sus ojos cuando dice que lamenta no poder participar en la final patrocinada por el UNICEF y la FIFA a través de la Federación de Fútbol de Djibouti, que se jugará el 5 de julio de 2004.

El fútbol es su pasión desde que tenía 7 años. Gracias a fútbol pretende superar las dificultades materiales y la pobreza. “Cuando termino mis tareas en casa, me refugio en el fútbol, que me produce un apoyo moral inestimable”, y añade: “Mi padre siempre se opuso, pero yo con el fútbol olvido todos los problemas del mundo, estoy contenta con la pelota, no sé cómo explicarlo”.

Fatouma espera encontrar pronto trabajo y se apena de no tener el valor y la perseverancia suficientes como para continuar sus estudios. Por ello, sabe que no podrá hacer realidad su sueño de la infancia: convertirse en profesora de deportes. Para eso necesitaría tener por lo menos un diploma universitario. Mientras tanto, se consuela ayudando a una amiga que dirige una asociación para la promoción del deporte entre las niñas, y entrena equipos de niños, niñas y adolescentes o actúa como árbitro en los encuentros amistosos.


 

 

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