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El mundo debe proteger a sus niños y niñas
más vulnerables
Muchos recién nacidos mueren debido a que sus madres
carecen de la autoestima necesaria para realizar preguntas
que pueden salvar sus vidas y tomar decisiones con conocimiento
de causa.
NUEVA YORK, 7 de mayo de 2002 Lupe, una adolescente
soltera de Bolivia, estaba embarazada de ocho meses cuando
rompió aguas y comenzó a tener contracciones.
Después de telefonear a su madre, Cristina, ingresó
en una clínica privada próxima a su casa, pensando
que le ofrecería mejores cuidados que en un hospital
público que había cerca.
Sin embargo, un médico de la clínica le dijo
que no tendría al bebé hasta dentro de otra
semana, y que no tenía más que beber agua para
rellenar la bolsa. Le dijo que los dolores que
sentía se debían a una indigestión, y
no eran dolores de parto.
Por suerte la madre, Cristina, había trabajado como
niñera para Virginia Quiroga, Primera Dama de Bolivia,
que también conocía bien a Lupe. La Sra. Quiroga
las localizó en la clínica, y cuando se enteró
del estado de Lupe, y de lo que el médico había
dicho, fue allí a toda prisa y se llevó físicamente
a Lupe a otro hospital. Allí se descubrió que
no sólo Lupe estaba de parto, sino que el niño
tenía problemas, por lo que fue necesario llevar a
cabo de inmediato una cesárea. Lupe y su bebé
sobrevivieron.
Más tarde, cuando la Sra. Quiroga, que ahora es la
orgullosa madrina del bebé, le preguntó a Cristina
por qué no habían discutido con el primer médico,
Cristina contestó que no querían molestar a
nadie. Él era médico, dijo.
La señora Quiroga contó esta historia en la
actividad paralela de la Sesión Especial llamada Madres
Sanas, Bebés Sanos, que se centró en el
terrible estado en que se encuentra la salud de los recién
nacidos en todo el mundo. Cerca de un 40% de los fallecimientos
de menores de cinco años tiene lugar en los primeros
28 días de vida.
Lupe y su bebé estuvieron a punto de morir,
no por falta de cuidados prenatales o malnutrición,
no porque ella decidiera dar a luz en casa sin los cuidados
adecuados, ni siquiera porque hubiera complicaciones en el
parto, dijo. Casi murieron por falta de autoestima.
La Sra. Quiroga utilizó esta anécdota para
hacer hincapié en el argumento de que es necesario
que los dirigentes presten atención a la educación
para reforzar el derecho de toda mujer a obtener información
sobre su salud y la de su bebé y tomar decisiones al
respecto. De otro modo, dijo, todas las otras medidas
e intervenciones las más fáciles, las
que se pueden medir mejor en las que estamos invirtiendo
millones de dólares y millones de horas, no harán
sino rasgar la superficie cuando se trate de salvar esta vidas
invalorables.
Varios de los oradores que intervinieron, indicaron que los
cuidados a los recién nacidos a menudo son a menudo
inadecuados debido a las deficiencias que presentan los actuales
programas de salud pública. Otros problemas importantes
son la falta de atención obstétrica de emergencia
y de parteras con la adecuada formación.
Uno de los mensajes que surgieron se refiere a la importancia
de educar a las mujeres sobre una medida que pueden poner
en práctica para mejorar las oportunidades de los recién
nacidos. La lactancia materna, por ejemplo, reduce el riesgo
de enfermedades infantiles y de muerte y ayuda a las familias
a espaciar los nacimientos. Unos intervalos mayores entre
los nacimientos pueden reducir la malnutrición de niños
y madres, y hacer disminuir las posibilidades de que las mujeres
mueran durante el embarazo o el parto.
Algunos países han conseguido también reducir
el tétanos neonatal, una de las principales causas
de mortalidad infantil.
La asociación entre los formuladores de políticas,
y agentes y organismos de salud es fundamental para reducir
la mortalidad neonatal, dijo la Dra. Zilda Arns Neumann, Directora
Ejecutiva de Pastoral da Criança, una organización
que potencia la salud infantil en el Brasil. La Dra. Arns
expresó la esperanza de que con la colaboración
de todos los organismos de las Naciones Unidas, organizaciones
no gubernamentales y dirigentes mundiales presentes en la
Sesión Especial, durante el próximo decenio
podrían realizarse enormes avances en la reducción
de las muertes de recién nacidos.
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