Introducción
La Cumbre Mundial en favor de la Infancia
Hace algo más de un decenio, el mayor grupo jamás
reunido hasta entonces de dirigentes mundiales que se
haya reunido en la historia se sentó alrededor
de una enorme mesa redonda en las Naciones Unidas para
discutir, en tono franco y apasionado, sus responsabilidades
para con los niños y para debatir acerca del
futuro.
Como quedó demostrado en esas conversaciones de alto nivel
en la Cumbre Mundial en favor de la Infancia, no existen otros dos
temas que estén tan íntimamente relacionados. Y tampoco
existe una afirmación más categórica del papel
central que ocupan los niños con relación a nuestro
futuro común que la aprobación por parte de la Cumbre
Mundial de un conjunto de metas específicas y sujetas a plazos
determinados orientadas a garantizar la supervivencia, la protección
y el desarrollo de los niños en el decenio de 1990.
Al proclamar que "no puede haber una tarea más noble
que la de dar a todos los niños un futuro mejor" (véase
la Declaración
Mundial sobre la Supervivencia, la Protección y el Desarrollo
del Niño, párrafo 25), los 71 Jefes de Estado
y Gobierno y los otros 88 delegados de alta jerarquía se
comprometieron a proteger a los niños y a reducir su sufrimiento;
a promover el desarrollo pleno del potencial humano de cada niño,
y a concienciarlos sobre sus necesidades, sus derechos y sus posibilidades.
"Nos comprometemos a hacerlo" declararon esos dirigentes,
"no sólo para la generación actual, sino también
para las generaciones venideras" (véase la Declaración
Mundial, párrafo 25).
Un mundo mejor para los niños
Al aprobar la Declaración
Mundial sobre la Supervivencia, la Protección y el Desarrollo
del Niño y el Plan
de Acción para la aplicación de la Declaración,
los dirigentes mundiales prometieron igualmente algo de una importancia
inmensa: que siempre darían prioridad al interés superior
de los niños, tanto en las épocas buenas como en las
malas, tanto en los tiempos de guerra como en los períodos
de paz, y tanto en períodos de prosperidad como en temporadas
de dificultades económicas.
Para quienes estuvieron en Nueva York en septiembre de 1990, la
Cumbre Mundial en favor de la Infancia fue una experiencia trascendental.
Esa experiencia resultó aun más significativa debido
a que la Convención sobre
los Derechos del Niño (Resolución 44/25 de la
Asamblea General), que había sido aprobada en 1989, había
entrado en vigencia pocas semanas antes, y había sido ratificada
más velozmente y por mayor número de países
que ningún instrumento previo de derechos humanos.
Las metas de la Cumbre Mundial con respecto a la supervivencia
y el desarrollo de los niños reflejaron los sueños
y las aspiraciones de un mundo mejor para los niños. Ese
conjunto de objetivos representó la expresión más
clara y práctica de lo que significa la Convención
sobre los Derechos del Niño.
Objetivos ambiciosos, pero viables
La Declaración Mundial y el Plan de Acción establecieron
un programa ambicioso pero viable, que debía ser puesto en
práctica para el año 2000. A tal fin, la Cumbre Mundial
requirió que se tomara una serie de medidas en los ámbitos
nacionales e internacional destinadas a respaldar la concreción
de 27 metas específicas
relacionadas con la supervivencia, salud, nutrición,
educación y protección de los niños.
El temario de la Cumbre Mundial reflejó las influencias
de las resoluciones respaldadas por la Asamblea Mundial de la Salud,
la Conferencia Mundial sobre Educación para Todos y la Junta
Ejecutiva del Fondo para la Infancia de las Naciones Unidas (UNICEF),
así como de las declaraciones sobre políticas de los
organismos de las Naciones Unidas; las instituciones de Bretton
Woods y las organizaciones no gubernamentales internacionales. Esa
amplia base de apoyo adquirió una importancia fundamental
durante el proceso posterior a la Cumbre Mundial, así como
con relación a la ratificación de las metas de la
Cumbre Mundial por parte de otras reuniones y conferencias de alto
nivel del decenio de 1990.
Las actividades de seguimiento y la vigilancia
Se ha dicho a menudo que en muchas conferencias de las Naciones
Unidas siempre se establecen metas que nunca se cumplen, y que los
compromisos que se firman rara vez se reflejan en acciones concretas
en el terreno.
En un decenio jalonado por una sucesión de reuniones cumbres
y conferencias de las Naciones Unidas sobre el desarrollo, la Cumbre
Mundial en favor de la Infancia se destaca no sólo porque
fue la primera reunión de importancia sino porque sus procedimientos
complementarios sistemáticos y sus rigurosos
sistemas de vigilancia han dejado una marca indeleble; y porque
más de un decenio después de esa conferencia, la lista
de actividades de seguimiento de la Cumbre Mundial continúa
aumentando.
Acciones en el plano nacional
Entre ellas figuran la presentación, por parte de 155 países,
de programas nacionales de acción con respecto a la aplicación
de las metas de la Cumbre Mundial; y la elaboración por parte
de muchos de ellos de planes de acción subregionales. Más
de 100 países han llevado a cabo encuestas sobre la vigilancia
con la participación activa de muchos organismos de las Naciones
Unidas, donantes multilaterales y bilaterales, universidades, instituciones
dedicadas a la investigación y ONG, las que también
prestaron su apoyo para la creación de capacidad.
De conformidad con el llamamiento hecho por la Cumbre Mundial,
192 países ya han ratificado o firmado la Convención
sobre los Derechos del Niño, lo que constituye
un número sin precedente de ratificaciones de
un instrumento de esa índole. Además,
el Secretario General ha presentado periódicamente
a la Asamblea General informes sobre lo actuado en cuanto
a la concreción de las metas de la Cumbre Mundial.
Entre esos informes figuró el importante examen
de mediados del decenio, que fue presentado en 1996.
Y todos los años, a partir de la Cumbre Mundial,
el UNICEF ha elaborado informes sobre el progreso en
materia de la aplicación de las metas de la Cumbre
Mundial, y los ha difundido mediante sus dos publicaciones
principales, El Progreso de
las Naciones y El Estado
Mundial de la Infancia.
En 2000, el vasto proceso de exámenes del fin del decenio
culminó con la preparación de amplios y profundos
informes nacionales sobre el progreso por parte de más de
130 países. La amplitud y la calidad de esas actividades
de seguimiento han enriquecido notablemente el Informe del Secretario
General sobre el examen del fin del decenio, y han posibilitado
la realización de evaluaciones objetivas de los logros y
fracasos del decenio, y de las lecciones obtenidas para el futuro.
(Fuentes: Párrafos 1-15, Nosotros los niños: Examen
del fin del decenio de los resultados de la Cumbre Mundial en favor
de la Infancia. Informe del Secretario General.)
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