Cumbre Mundial
Las actividades de seguimiento: los planes y las estrategias nacionales
y subnacionales
En el Plan de Acción de la Cumbre Mundial se hizo un llamamiento
a los gobiernos para que elaboraran programas nacionales de acción
sobre la puesta en práctica de los compromisos de la Cumbre
Mundial de manera estratégica y coordinada. Conforme a ese
llamamiento, 155 países elaboraron programas nacionales de
acción para los niños y el desarrollo social, que
posteriormente pusieron en práctica en grados diversos. En
casi todos esos planes se adaptaron los compromisos de la Cumbre
Mundial de manera que reflejaran los problemas, las prioridades
y las aspiraciones propias de cada país.
En muchos casos, los programas nacionales de acción fueron
incorporados en los planes de desarrollo, las políticas sociales
y los programas sectoriales de las naciones. Entre los países
que obraron de esa manera figuran Botswana, China, Egipto, Ghana,
Indonesia, Malasia, Mongolia, Namibia, Filipinas, Sudáfrica
y Tailandia. En muchos países de América Latina, las
medidas en favor de los niños se pusieron en práctica
mediante la aplicación de políticas sociales y la
elaboración de presupuestos que se centraron en los niños.
En el Brasil, la India y Uganda, entre otros, los planes de acción
en pro de los niños han pasado a formar parte de los planes
y programas de desarrollo estatales o distritales. En el Canadá,
Irlanda y Suecia, se desarrollaron estrategias nacionales para la
aplicación de la Convención sobre los Derechos del
Niño. En Costa Rica y Nueva Zelandia se llevan a cabo procesos
similares.
Los planes nacionales han realzado la importancia de los niños
en los temarios políticos nacionales e internacional, y han
dado mayor peso a las cuestiones relacionadas con la niñez
en la consideración de las políticas públicas
y los presupuestos. La inclusión de metas y objetivos en
los programas nacionales de acción ha dado lugar a una vigilancia
más celosa de la situación de los niños. La
planificación en pro de los niños también ha
tenido como resultado un mayor grado de coordinación entre
los sectores de los servicios sociales tanto en el plano nacional
como en el provincial y local. Ha aumentado también la obligación
de rendir cuentas y el grado de conciencia sobre los problemas que
sufren los niños que carecen de servicios básicos
y de mecanismos que les garanticen la protección de sus derechos.
En la Cumbre Mundial, los líderes también se comprometieron
a alentar y ayudar a los gobiernos, las organizaciones gubernamentales,
el sector privado y las agrupaciones cívicas locales a elaborar
sus propios programas de acción a fin de colaborar con la
aplicación de la Declaración y el Plan de Acción.
Más de 65 países han puesto en práctica programas
subnacionales en pro de los niños, en algunos casos de carácter
municipal. Esas medidas han dado ímpetu a la demanda de políticas
coordinadas de desarrollo social y de métodos más
coherentes de prestación de los servicios sociales, especialmente
en los puntos de suministro. También han ayudado a reforzar
el sentimiento de responsabilidad social con respecto a los niños.
En la mayoría de los países, y especialmente en los
más poblados, las actividades de seguimiento de carácter
subnacional y local han tenido lugar en el marco de la descentralización.
En ciertos casos, la descentralización ha reducido las distancias
que separaban la gestión de las políticas del desarrollo
de las comunidades, y trajo aparejadas mayores posibilidades de
participación y un incremento de la responsabilidad de rendir
cuentas. Asimismo, ha dado lugar a mayores posibilidades de acción
coordinada mediante los planes y actividades para el desarrollo
en el ámbito de distrito y comunidad. En otros casos, sin
embargo, la descentralización ha sufrido las consecuencias
de las trasferencias inadecuadas de fondos del centro, de la deficiencia
de capacidad local, de la falta de claridad sobre las respectivas
funciones de los gobiernos locales y centrales, y del fracaso de
los intentos por reducir o eliminar las desigualdades territoriales
y sociales.
Muchas de las experiencias positivas en materia de planificación
nacional en pro de los niños que se han producido desde la
Cumbre Mundial han compartido cuatro características fundamentales.
La primera es el nivel sostenido de compromiso político.
La segunda es la participación amplia, especialmente por
parte de los gobiernos y las sociedades civiles subnacionales en
las labores de preparación, vigilancia y evaluación
de los planes. La tercera es la asimilación inmediata o paulatina
de las metas, prioridades y estrategias centradas en los niños
en los marcos nacionales más amplios de planificación,
asignación de recursos y ejecución de programas y
proyectos de desarrollo. La cuarta característica común
es la coordinación de alto nivel y la vigilancia de las políticas
y estrategias en pro de los niños, con el respaldo técnico
y administrativo de organismos claramente identificados. Estas características
han ayudado a generar elevados niveles de sentimiento nacional de
propiedad sobre las actividades de seguimiento, así como
políticas consistentes con respecto a ellas. En los casos
en que esas características no han estado presentes, la planificación
de las acciones en favor de los niños ha resultado a veces
un ejercicio técnico que no ha ejercido influencias profundas.
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