
ResumenInversiones en los derechos humanos
Desde la Conferencia de Jomtien han surgido nuevas posibilidades para avanzar la causa del bienestar humano. Al mismo tiempo, se ha hecho más grande la brecha entre los privilegiados y los pobres, y con ello la amenaza que supone la inestabilidad social y los conflictos civiles. Por todo esto, la defensa de la revolución en materia de educación como una inversión para promover la paz, la prosperidad y el avance de los derechos humanos, es más firme que lo que era hace un decenio. Sin embargo, sin un cambio importante en el planteamiento de la enseñanza y la forma en que se imparte el aprendizaje, resultará imposible para la mayoría de los países alcanzar la Educación para Todos. Los ejemplos pioneros descritos en el informe muestran el rumbo a seguir. El mundo conoce ahora mejor que nunca la forma en que los niños aprenden, qué tipo de enseñanza tiene más probabilidades de promover el saber y cómo se puede lograr de la forma más eficiente posible. En el último decenio se han investigado varias modalidades de bajo costo y alta calidad para alcanzar las metas educacionales mundiales, y muchas de esas modalidades presentan buenas posibilidades. Es necesario que reciban apoyo con suficientes recursos y voluntad política en todo el mundo. En otras palabras, la revolución en materia de educación está en marcha, pero para que se propague tiene que estar respaldada, tanto en los países pobres como en los ricos, por una cantidad suficiente de recursos y la necesaria voluntad política a escala nacional e internacional. Responsabilidad nacional e internacionalLos gobiernos nacionales están obligados a velar por la educación básica, pero muchos de ellos no le han asignado una prioridad suficiente. Los países en desarrollo tienden a aducir su pobreza como excusa para no asignar suficientes recursos a la Educación para Todos, pese a las pruebas recogidas durante cuatro decenios de desarrollo de que los países pobres pueden lograr maravillas a condición de que hagan gala de compromiso y visión del futuro. El UNICEF ha realizado un estudio detallado sobre nueve países y el estado de Kerala (India), que han logrado en materia de salud y educación resultados mucho mejores que otros países y estados de la misma región con niveles de ingresos similares. Independientemente de las diferencias políticas y de otro tipo, todos comparten una política de firme apoyo estatal a los servicios sociales básicos, y se niegan a depender de la teoría de filtración desde arriba hacia abajo del crecimiento económico o del libre juego de las fuerzas de mercado. Todos tienen en común los siguientes elementos:
La lección es evidente, dice el informe: los gobiernos nacionales tienen capacidad para dedicar muchos más recursos al movimiento hacia la Educación para Todos. Pero desde Jomtien, la asistencia internacional en concepto de donaciones y préstamos no se ha incrementado demasiado en el capítulo de la educación. La proporción de asistencia bilateral destinada a la educación en 1993-1994 fue 10,1%, en comparación con 10,2% en 1989-1990 y 11,0% en 1987-1988. Incluso el Banco Mundial, uno de los organismos que convocó la Conferencia de Jomtien y que ahora es la mayor fuente de fondos para el sector educacional, tiene antecedentes desiguales en cuanto a financiar la educación en el decenio de 1990. En 1989, 4,5% de los préstamos del Banco se destinaron a educación; hacia 1994, la proporción era 10,4%. Pero hacia 1997, la proporción se había reducido a 4,8%. Esta tendencia parecería estar cambiando y el Banco estima que en 1998 destinará 8,6% del total de sus préstamos a la educación. Más alarmante es la baja en los préstamos de la Asociación Internacional de Fomento (AIF) a países de África al sur del Sahara. Los préstamos de la AIF a esa región ascendieron en 1993 a 417 millones de dólares, pero posteriormente han disminuido pronunciadamente, llegando a un bajo nivel de 132 millones de dólares en 1996. Este importe es inferior al del período 1986-1990, anterior a la Conferencia de Jomtien. Educación: la mejor inversiónLa influencia del Banco Mundial como promotor de las inversiones financieras en educación ha aumentado con la publicación de investigaciones en que se documentan los efectos productivos de la enseñanza primaria. Al parecer, en todas las regiones del mundo en desarrollo las tasas de utilidades privadas el importe obtenido por los individuos empleados en el sector estructurado (formal) de la economía en relación con lo que se invirtió en su educación parecerían ser superiores para la educación primaria que para la secundaria y la terciaria. En los últimos años, más importante aún ha sido el reconocimiento del valor sobresaliente de la educación de las niñas. En un discurso pronunciado en 1992 ante la Sociedad de Economistas para el Desarrollo del Pakistán, Lawrence H. Summers, quien era a la sazón Vicepresidente y Economista Principal del Banco Mundial, aseguró que la inversión en la educación de las niñas podría muy bien ser la inversión con mayor rentabilidad disponible en el mundo en desarrollo. La educación de las niñas no sólo reduce la mortalidad infantil y mejora la nutrición y la salud general de los niños, sino que también reduce el crecimiento de la población, dado que las mujeres educadas tienden a contraer matrimonio más tarde y a tener menor cantidad de hijos. El valor de efectuar inversiones en educación básica, y especialmente en la educación de las niñas, ahora está aceptado casi universalmente. ¿Por qué razón, entonces, la comunidad internacional no se ha apresurado a hacer suyo este proyecto tan valioso, un proyecto con mayores perspectivas que ningún otro de alcanzar la meta de desarrollo humano en todo el mundo? La respuesta es desalentadora pero conocida, según el UNICEF: falta voluntad política. Cuando la comunidad internacional decide que una idea o proyecto es de urgente importancia, puede mover montañas. La sombra de la deudaSe necesita con urgencia una forma de abordar el endeudamiento del mundo en desarrollo, que es un aspecto importante del problema de la falta de recursos que obstaculiza la Educación para Todos. Los países en desarrollo de todas las regiones, excepto América Latina y el Caribe, se ven ahora obligados a destinar un porcentaje mayor que en 1980 de sus ingresos por exportaciones a la devolución de la deuda. Los países más endeudados viven a la sombra de una deuda muchas veces superior a su ingreso nacional. La deuda de Nicaragua, por ejemplo, era en 1995 tremebunda: seis veces el importe de su PNB. La República Unida de Tanzania no es un caso atípico: gasta en la devolución de la deuda seis veces más que en educación. La iniciativa de 1996 del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial para aliviar la deuda en los países más gravemente endeudados, que al principio parecía muy prometedora, ha fracasado lamentablemente. Tal inercia debería ser profundamente inquietante para una comunidad internacional que respondió tan rápida y generosamente a las necesidades de países de Asia en 1997-98. Un alto funcionario del Banco Mundial responsable de programas africanos dijo que, cuando se trata de mitigar la deuda, es evidentemente un tema en que hemos fallado en esos países; simplemente no existía la voluntad política de actuar mejor. El aspecto humano del capitalPese al estancamiento en las acciones para la mitigación de la deuda, puede percibirse que el programa económico internacional está cambiando. Tras casi dos decenios en que el desarrollo humano ha ido a la zaga de la mundialización y el ajuste estructural, tal vez estemos iniciando una era de inversiones en capital humano y social que facilitará mucho la tarea de difundir en todo el mundo la revolución en materia de educación, asegura el Estado Mundial de la Infancia 1999. Un nuevo modelo que comparten los principales economistas, incluidos los del Banco Mundial y el FMI, reconoce que la privatización no es la única clave del bienestar económico, y que el capital humano (la salud, educación y nutrición de una nación) y el capital social (valores compartidos, cultura y una firme sociedad civil) son igual de importantes. Las pruebas cada vez más sólidas de esa premisa dan mayor entidad a la Iniciativa 20/20, propugnada por el UNICEF y otros aliados. La Iniciativa exhorta a los gobiernos de países en desarrollo a dedicar el 20% de sus presupuestos a programas sociales básicos y a los países industrializados donantes a dedicar a tales programas el 20% de su asistencia oficial para el desarrollo. Si se aumentaran esas proporciones se liberarían suficientes recursos para lograr la Educación para Todos al cabo de un decenio, lo que según el UNICEF llevaría un gasto adicional de 7.000 millones de dólares anuales, en promedio, durante los próximos 10 años, un importe inferior al que se gasta cada año en cosméticos en los Estados Unidos o en helados en Europa. Es evidente que el vínculo entre los derechos humanos y el desarrollo humano sostenible, previsto hace 50 años en la Declaración Universal de Derechos Humanos y expresado en los principios de la Convención sobre los Derechos del Niño, presagiaron la fundamentación, cada vez más aceptada, de la necesidad de un desarrollo económico equitativo. Y al respecto, el papel de la educación es de importancia especialmente vital y singular, dado que incrementa el potencial humano y de desarrollo, a escala tanto individual como social, y es fundamental para el establecimiento de los demás derechos humanos. ConclusiónEl informe del UNICEF concluye con estas palabras: Puede haber llevado casi 50 años lograr la plena aceptación de los derechos a la educación proclamados en la Declaración Universal de Derechos Humanos. Pero esos derechos ya no son negociables. El mundo tiene la responsabilidad de ponerlos en vigencia sin mayores demoras. Podemos avanzar rápidamente sabiendo que la Educación para Todos la transformación en una realidad mundial de la revolución en materia de educación es la mejor inversión para nuestros hijos en un futuro donde reinen la paz y la prosperidad. |
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