
CrónicaEducación para la paz: La práctica es el mejor maestroSolamente en este decenio, un cálculo de las repercusiones de los conflictos armados sobre los niños arroja cifras terribles: 2 millones de muertos, 6 millones de heridos graves o discapacitados permanentemente, 12 millones sin hogar, más de un millón de huérfanos o separados de sus familias, y 10 millones psicológicamente traumatizados.
El Movimiento de los Niños hizo campaña por la paz durante casi todo el año 1996 en un esfuerzo de movilización nacional coordinado por el UNICEF y Redepaz, una red de 100 organizaciones no gubernamentales. En octubre de ese año, cerca de 3 millones de niños con edades entre los 8 y los 18 años participaron en un referéndum especial que les permitió ejercer su derecho humano a expresar sus opiniones sobre las cuestiones que les afectan, como se establece en la Convención sobre los Derechos del Niño de 1989. No obstante, aunque se trate de un planteamiento singular en materia de educación, la movilización enseñó más sobre la paz a todo un país que lo que hubiera podido hacerlo cualquier curso educativo. Si bien en un tiempo se pensó que la educación para la paz se ajustaba mejor a la enseñanza de un tema definido en el marco de un plan de estudios académico, la experiencia del UNICEF confirma cada vez más la idea de que la mejor forma de aprender sobre la paz es mediante la práctica de actitudes que promuevan la paz. En Colombia, los niños no tuvieron que someterse a ningún examen académico sobre la paz; en lugar de ello, trataron de que esta noción se convirtiera en una prioridad del temario público nacional, y consiguieron que la paz, en vez de la violencia, colmara las expectativas de la población general. Un planteamiento similar en materia de educación para la paz, aplicado en muchos escenarios diferentes, alcanza resultados positivos en todo el mundo. En los Campamentos de la Solidaridad de Rwanda, los niños que han sobrevivido a los conflictos que arrasaron sus países aprenden sobre la colaboración y la resolución de conflictos por medio de actividades recreativas y culturales. En Sri Lanka, donde el conflicto armado de los últimos 15 años sigue afectando las vidas de sus habitantes, las estrategias concebidas para la resolución de conflictos están integradas en el plan de estudios. La paz es el tema que inspira el arte y la música, las compañías de baile y de teatro que viajan por el país, la historias populares y la poesía, los acontecimientos deportivos y los proyectos científicos en Liberia, Mozambique, Rwanda y el sur de Sudán. Los planes de estudio de la escuela primaria se han modificado en Burundi, y los maestros han participado en programas de capacitación para aprender métodos de enseñanza interactivos en ese país y en Croacia y Yugoslavia. Y Egipto está a punto de iniciar un programa denominado Valores para la Vida con grupos y clubes juveniles, concentrándose en los derechos de los niños y en métodos para resolver las diferencias. En Colombia, en octubre de 1997, un año después de que los niños votaran en favor de la paz, 10 millones de adultos siguieron su ejemplo. En una votación especial que se celebró al mismo tiempo que las elecciones locales, municipales y provinciales, los adultos votaron en favor de fomentar la paz y la justicia social, proteger la vida, rechazar todas las formas de violencia y respetar el Mandato de los Niños para la Paz. Y por la vía de las urnas, los colombianos exigieron que se pusiera fin a las atrocidades y se respetara la ley humanitaria internacional. Sólo tres días después de la votación, el entonces presidente Ernesto Samper respondió a los deseos de los niños y los adultos de este país y anunció el fin del reclutamiento en el ejército de niños menores de 18 años. Sin embargo, Colombia permite aún que los niños se registren con el permiso de sus padres y, según un reciente informe de Human Rights Watch, las guerrillas, los paramilitares y las fuerzas de seguridad siguen utilizando niños, algunos de solamente 8 años de edad, en las zonas de combate. Un informe de 1996 presentado por el defensor del pueblo dijo que un 30% de los efectivos de algunas unidades de la guerrilla son niños. El UNICEF calcula que unos 300.000 niños de todo el mundo están luchando en las guerras de los adultos. Está claro que sigue siendo la responsabilidad prioritaria del Estado proteger los derechos de los niños afectados por los conflictos armados. Pero al mismo tiempo, la educación para la paz ha conseguido algunos cambios a medida que la próxima generación imparte enseñanzas en algunos casos y aprende en otros sobre los métodos más acertados de la resolución de los conflictos.
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