
CrónicaInversiones en la educaciónSi el mundo gastara 7.000 millones de dólares más cada año durante los próximos 10 años una cantidad menor de la que los Estados Unidos gasta anualmente en cosméticos y los europeos en helados el sueño de una educación para todos los niños se convertiría en una realidad.
En la economía mundial, donde los gastos de defensa alcanzan los 781.000 millones de dólares al año, los 7.000 millones más que se necesitan todos los años del próximo decenio para la educación siguen siendo un reto pendiente para la comunidad internacional. Y esto a pesar de los extraordinarios beneficios de la educación: como el elemento más importante para combatir la pobreza, potenciar a las mujeres, proteger a los niños del trabajo peligroso y explotador y de la explotación social, y promover los derechos humanos y la democracia. Los últimos acontecimientos han demostrado que la comunidad internacional puede generar inmediatamente los recursos necesarios cuando la situación se considera lo suficientemente grave. Por ejemplo, cuando las economías se derrumbaron en Indonesia, la República de Corea y Tailandia en 1997 y 1998, el Grupo de los Siete se puso a la cabeza de un movimiento dentro de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) que consiguió reunir más de 100.000 millones de dólares en muy pocos meses para rescatar a los tigres financieros de Asia. Imaginen lo que representaría una inyección similar de recursos para la educación. A pesar de su pobreza, algunos países han conseguido generar recursos por su cuenta para la educación, con excelentes resultados. Viet Nam, por ejemplo, con un PNB per cápita de 290 dólares, tiene una tasa general de alfabetización de un 94% y una tasa de alfabetización de mujeres del 91%. Después de alcanzar la independencia en 1980, cuando solamente la mitad de la población estaba alfabetizada, Zimbabwe triplicó el número de maestros de escuela primaria en 10 años y avanzó desde una matriculación de menos de un 50% de la población en edad escolar hasta la matriculación universal. Hoy en día, la tasa de alfabetización de adultos en Zimbabwe es de 85%. Uno de los principales obstáculos que impiden a muchos otros países realizar un compromiso similar en favor de la educación es el peso de la deuda que soportan. En 1995, la deuda de Nicaragua, por ejemplo, era seis veces mayor que el tamaño de su PNB, y Tanzania gasta seis veces más en el pago de la deuda que en la educación. Según un informe de las Naciones Unidas, las naciones más pobres del mundo soportan una increíble deuda externa de 2,2 billones de dólares, un total del que Asia y América Latina representan el 31%, África un 16% y las regiones en transición de Europa y Asia Central un 18%. Es imprescindible que muchos países que enfrentan una posición insostenible en materia de la deuda reciban un alivio en esta esfera, especialmente los 41 países pobres más fuertemente endeudados.
Otra medida que contribuiría a incrementar los recursos en la educación es la Iniciativa 20/20, un enfoque que promueven el UNICEF y otros aliados. La iniciativa exhorta a los gobiernos de los países donantes y en desarrollo a que asignen un 20% de su asistencia oficial al desarrollo (AOD) y de sus presupuestos nacionales, respectivamente, a los servicios sociales básicos, incluida la educación. Con estos recursos, el derecho de los niños a una educación básica estará asegurado en un decenio. Todos los países del mundo excepto Somalia y los Estados Unidos han ratificado la Convención sobre los Derechos del Niño, que incluye el derecho a una educación de alta calidad. Y 155 países se comprometieron con la meta de la Educación para Todos y la Conferencia Mundial que se celebró en Jomtien (Tailandia) en 1990. Además de estas obligaciones jurídicas y morales, la comunidad mundial tiene que comprender que en estos países sacudidos por crisis económicas, una inversión a tiempo en una población educada representan un menor prejuicio y un mayor potencial para salir de la crisis más rápidamente. ¿Cómo explicar entonces que bajo el Convenio de Asistencia de Lomé IV, solamente 14 de los 70 países de África, el Caribe y el Pacífico calificaran la educación como una alta prioridad, 45 la consideraran como una baja prioridad y 6 carecieran por completo de proyectos educativos o de capacitación? La respuesta es conocida, dice la Directora Ejecutiva del UNICEF, Carol Bellamy, en el Estado Mundial de la Infancia1999. Falta de voluntad política.
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