
CrónicaLos países industrializados y el derecho a la educaciónDe la población en edad escolar primaria en los países industrializados, el 98% están matriculados en la escuela
Según los críticos, los estudiantes no egresan con la preparación para la vida activa necesaria a fin de responder con éxito a los retos complejos del mundo moderno: es decir, sabiendo cómo gestionar los conflictos, respetar la diversidad, trabajar con los demás, o, por ejemplo, cómo pensar con creatividad y críticamente en su vida diaria. Asistir a la escuela y egresar de ella sin estar preparado para la vida es un terrible despilfarro, dice Carol Bellamy, Directora Ejecutiva del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), en el Estado Mundial de la Infancia 1999, que este año se concentra en la educación. No obstante, para muchos de los niños del mundo, esto es exactamente lo que ocurre. En los países industrializados, uno de los problemas más obvios es la falta de preparación académica, especialmente en matemáticas y ciencia, dos temas que se consideran la base para obtener empleo y alcanzar el éxito en la sociedad contemporánea. En 21 de los 26 países analizados por la OCDE en 1994, el 25% de los alumnos con peor rendimiento de octavo grado tuvo una puntuación en matemáticas que estaba por debajo del promedio de séptimo grado. En Francia, por ejemplo, la falta de preparación académica es un fenómeno corriente en muchas zonas urbanas, informa la OCDE, y un 25% de los estudiantes de escuela secundaria terminan por abandonar la escuela sin poseer aptitudes que les permitan buscar empleo. De igual forma, en el Reino Unido, según informes publicados, miles de estudiantes abandonan la escuela a los 16 años sin cualificaciones que puedan resultarles útiles, y un 80% de estos estudiantes son varones. Incluso en los países donde los estudiantes tienen una buena puntuación en las pruebas internacionales de matemáticas y ciencias, existe preocupación sobre los valores que pueden estar aprendiendo en la escuela. La República de Corea, por ejemplo, es el país de la OCDE con mejor puntuación cuando se comparan los resultados en matemáticas conseguidos por estudiantes de 14 años en octavo grado, y terceros cuando se comparan los resultados en ciencias. Sin embargo, cuando analizó el informe presentado por ese país en materia de aplicación de la Convención sobre los Derechos del Niño, el Comité de Derechos del Niño expresó su preocupación de que la naturaleza altamente competitiva del sistema de educación del país ponga en peligro el desarrollo pleno de la capacidad del niño. Y la violencia, según muchos informes, es un grave problema en las escuelas de los países industrializados, al igual que en el resto del mundo. No solamente abarca los incidentes relativamente aislados de estudiantes armados que disparan a los maestros y los compañeros, sino que afecta la vida diaria. Algunos niños en el Reino Unido, por ejemplo, acosan frecuentemente a otros niños en el patio de la escuela. En los Estados Unidos, un 4% de los estudiantes de 12 a 19 años informaron en 1995 que habían sufrido burlas violentas cuando estaban en la escuela. En Suecia, según algunos informes, todos los semestres 1.500 muchachos y 500 niñas reciben tratamiento médico a causa de los ataques de otros estudiantes. Las respuestas a la pregunta ¿que ocurre después de que los niños ingresan en la escuela? son como una letanía de quejas sobre la educación o una lista de correcciones necesarias. De hecho, son una violación de los derechos del niño tal como se estipulan en la Convención sobre los Derechos del Niño, un instrumento internacional de derechos humanos que ha sido ratificado por todos los países del mundo menos Somalia y los Estados Unidos. Entre los derechos que se garantizan en la Convención se encuentran el derecho del niño a una educación que le prepare para una vida adulta activa. En este marco, los cambios en la educación son necesarios no solamente para preparar a trabajadores cualificados o para ajustar los defectos del sistema. Son necesarios para garantizar a los niños el pleno respeto de sus derechos humanos.
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