El Estado Mundial de la Infancia 1998 Resumen

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Nuevas maneras de enriquecer los regímenes alimentarios

Hay muchas maneras de enriquecer los alimentos para mejorar el contenido en vitaminas y minerales, que son tan importantes para el bienestar de los niños y sus familias. El enriquecimiento de los alimentos es un medio muy importante, que ya ha contribuido a superar las carencias de micronutrientes en muchos países industrializados y en algunos países en desarrollo.

Pero muchas personas pobres en todo el mundo consumen productos cultivados localmente que no pueden ser enriquecidos. Actualmente, los científicos agrícolas están demostrando que los cultivos básicos pueden ser modificados de diferentes maneras en su etapa de crecimiento, para obtener grandes beneficios nutricionales.

Los cereales y las tuberosas con que se alimenta la vasta mayoría de los habitantes del mundo en desarrollo adolecen de ciertas carencias nutricionales intrínsecas. Por una parte, esos alimentos básicos no suelen proporcionar todos los minerales y vitaminas necesarios para asegurar una buena nutrición. Además, en función de diversos factores, entre ellos la medida en que son refinados, los cereales contienen sustancias que obstaculizan la disponibilidad biológica de algunos minerales importantes, es decir, la posibilidad del cuerpo de absorberlos y utilizarlos. La más importante de esas sustancias es el fitato, una molécula que contiene fósforo. Los micronutrientes suelen proceder de alimentos no básicos: productos animales, hortalizas y frutas. Pero con frecuencia las poblaciones más pobres no pueden sufragar el costo de estos últimos alimentos y dependen de los cereales y tuberosas que sí pueden costear. Este hecho explica la alta prevalencia de algunas carencias en micronutrientes.

La investigación agronómica ha recurrido a la fitología para mejorar esta situación. La meta es obtener cultivos de alimentos básicos que contengan mayores cantidades de micronutrientes esenciales, o cantidades menores de fitato. Al respecto, en los Estados Unidos se está tratando actualmente de desarrollar cereales para forraje animal con bajo contenido de fitato; esos cereales también podrían ser buenos para los seres humanos, según los resultados de un estudio reciente, en el que se comprobó que voluntarios humanos absorbían hierro en cantidades sustancialmente mayores a partir de alimentos preparados utilizando una nueva cepa de maíz con bajo contenido de fitato, en comparación con una cepa anterior con más alto contenido de fitato.22

El Grupo Consultivo sobre Investigaciones Agronómicas Internacionales, integrado por 17 centros de investigaciones agrícolas que cuentan con financiación internacional, está tratando de elevar la productividad agrícola y el consumo de alimentos en los países en desarrollo. Ese Grupo está coordinando ahora acciones mundiales para mejorar el contenido en micronutrientes de cinco importantes cultivos básicos: arroz, trigo, maíz, frijoles y mandioca. El propósito es cultivar plantas con alto contenido de vitaminas y minerales en sus partes comestibles y también en sus semillas, posibilitando que se enriquezcan las cosechas ulteriores, sin cambiar su gusto, su textura ni la facilidad con que se los cultiva.

En algunos países desarrollados ya se han logrado cosechas de ese tipo: por ejemplo, en Australia se cultiva trigo con alto contenido de zinc. Según las estimaciones, en los países en desarrollo llevará entre 6 y 10 años lograr cultivar nuevas plantas equiparables. Los científicos piensan que no sólo mejorará el régimen alimentario diario del mundo en desarrollo, sino que también aumentará sustancialmente el rendimiento de los cultivos, debido a que esas plantas con alta densidad de micronutrientes tienen una mejor germinación y son más resistentes a las infecciones durante la vulnerable etapa de los plantones.


Foto: Una niña saborea una mazorca de maíz en los Estados Unidos, donde los investigadores han conseguido crear un nuevo tipo de maíz que aumenta la capacidad que tiene el cuerpo de absorber hierro.


Medidas más eficaces para mejorar la nutrición

Los adelantos técnicos descritos en este informe, trátese de nuevas investigaciones sobre nutrición y enfermedad o mejores maneras de detectar problemas, no son soluciones mágicas. Sólo contribuirán a una mejora sostenible de la nutrición si se fomenta la capacidad de la gente, incluidos los pobres, para evaluar y analizar las causas de desnutrición que los rodean, y planificar y poner en práctica las respuestas apropiadas.

Los recientes adelantos en materia de ciencias sociales y comunicación también contribuirán a acelerar y profundizar la capacidad de la gente para asumir el control de sus acciones encaminadas a reducir la desnutrición.

Las medidas aquí descritas para mejorar la nutrición infantil y, por consiguiente, mejorar el crecimiento, la resistencia a las enfermedades y el desarrollo cognoscitivo de los niños, deben ir acompañadas de otras acciones de bajo costo y eficacia comprobada que previenen las enfermedades y favorecen el desarrollo del niño. Algunas de ellas aún no han sido aprovechadas a fondo.

Por ejemplo, los parásitos intestinales que contribuyen a las deficiencias en el crecimiento y el desarrollo, pueden combatirse mediante acciones antiparasitarias de rutina utilizando medicamentos de bajo costo que son muy seguros y sumamente eficaces (Recuadro 20). Y es posible reducir las defunciones infantiles debidas al paludismo mediante la utilización de mosquiteros impregnados con insecticidas. Esas medidas aún no han sido objeto de una suficiente atención mundial y no han recibido recursos suficientes, aun cuando todos los niños tienen derecho a sus beneficios.

Además, es preciso vincular las acciones para prevenir la desnutrición en los niños de corta edad con las acciones para estimular el desarrollo en la primera infancia mediante los juegos dinámicos, el aprendizaje precoz y la mayor interacción con el padre, la madre y otros niños. En todos los países, los progenitores de niños de corta edad necesitan contactos regulares con personas que puedan verificar el crecimiento y el desarrollo de sus hijos y proporcionar asesoramiento y apoyo en materia de amamantamiento y alimentación complementaria. En muchas comunidades, los progenitores y quienes atienden a los niños también necesitarán asesoramiento sobre suplementos de vitamina A, hierro, yodo y otros micronutrientes, y acceso a dichos suplementos. La mejor manera de ofrecer apoyo al respecto es mediante las instituciones oficialmente establecidas: centros de salud, clínicas o centros preescolares (Recuadro 21); pero cuando esas instituciones no existen o no funcionan, los niños no pueden esperar hasta que se las establezca o se las dote de personal.

Las comunidades deben recibir un apoyo general en sus esfuerzos por asegurar que todas las familias tengan acceso a medidas preventivas básicas para mejorar la nutrición de los niños y las embarazadas; esto abarca fortalecer los servicios de salud para que ofrezcan prevención y tratamiento de las enfermedades y aumenten su apoyo al aprendizaje en la primera infancia y el cuidado y el desarrollo de los niños de corta edad.

Ninguna de las acciones de prevención y apoyo para promover el crecimiento y el desarrollo del niño descritas en este informe requieren la presencia de un médico, o una enfermera, o un educador capacitado. Es posible ayudar a las comunidades a que se organicen a sí mismas para proporcionar o administrar esos servicios y en la mayoría de las comunidades ya hay grupos que pueden asumir esas responsabilidades. También puede ayudarse a las comunidades a detectar sus propios problemas prioritarios, a aprender a vigilar la eficacia de sus acciones y a replantear en consecuencia sus propios programas. La adopción de esas medidas, en combinación con el uso de tecnologías eficaces de bajo costo, podría redundar en rápidas mejoras, no sólo en la supervivencia infantil sino también en el desarrollo, la situación nutricional y la capacidad de aprendizaje de los niños.

A menudo se ha afirmado que responder a este reto es cuestión de voluntad política. En una economía mundial cuya magnitud es de 28 billones de dólares, evidentemente el problema no es la falta de recursos; pero puede ser más útil considerar el reto como una cuestión de opción política. Los gobiernos de países tanto ricos como pobres pueden optar por permitir que los niños resulten intelectualmente menoscabados, físicamente retardados y vulnerables a las enfermedades en la infancia y más adelante. Éste es el precio de hacer poco o nada para asegurar una buena nutrición.

Pero los gobiernos podrían, por el contrario, decidirse a actuar para aplicar las lecciones ya obtenidas acerca de la reducción de la desnutrición. Podrían hacer todo lo posible para desencadenar acciones masivas cuyo éxito está evidentemente asegurado y que pueden ser realizadas por las propias comunidades; y podrían alentar la investigación sobre nuevas y mejores acciones y su puesta en práctica.

Para alcanzar el bienestar y la protección de los niños y el desarrollo humano del mundo, el rumbo a seguir está muy claro.

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