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Lograr que la ciencia rinda frutosLa ciencia y la tecnología nunca resolverán todos los
problemas suscitados por la insuficiencia de alimentos y de atención
y la falta de servicios de salud y saneamiento, que originan la
desnutrición infantil. Pero los éxitos dimanados de los
adelantos científicos y los conocimientos obtenidos, han dado
pie a nuevas esperanzas de lograr vidas más saludables y
productivas, tanto para los niños como para los adultos. En
esta sección se describen algunos adelantos científicos
de importancia crucial que están contribuyendo, o que tal vez
contribuyan en el futuro, a conformar acciones concretas para reducir
la desnutrición. Inmunodeficiencia adquirida a raíz de la nutrición Según se estima, hay en todo el mundo 23 millones de personas cuyos sistemas inmunológicos han sido dañados por el VIH.1 Es menos sabido que la desnutrición afecta los sistemas inmunológicos de al menos 100 millones de niños de corta edad y varios millones de embarazadas, ninguno de ellos infectado por el VIH. Pero, a diferencia de lo que ocurre con el SIDA, la cura de la inmunodeficiencia debida a la desnutrición se ha conocido durante siglos: se logra asegurando un régimen alimentario suficiente que contenga todos los nutrientes imprescindibles. En la actualidad se están adquiriendo mayores conocimientos acerca del papel específico de cada uno de los nutrientes en el funcionamiento del sistema inmunológico y estos conocimientos contribuirán al diseño de proyectos que puedan mejorar la situación en un futuro próximo. Además, estos conocimientos refuerzan la importancia de velar por que todas las personas del mundo tengan acceso a un régimen alimentario suficiente, tanto en calidad como en cantidad. Foto: Alrededor de un millón de niños en edad preescolar padecen carencia de vitamina A, que afecta el buen funcionamiento del sistema inmunológico. La administración de suplementos de vitamina A reduce en un 23% el riesgo de morir de los niños. En Bangladesh, un niño recibe una cápsula de vitamina A. Los científicos han sabido durante algún tiempo que la desnutrición y las infecciones son fenómenos conexos. Una monografía preparada en 1968 por la OMS titulada Interactions of Nutrition and Infection (Interacciones entre la nutrición y la infección), fue uno de los primeros informes cabales acerca de algunas de esas relaciones. Ya se conoce la amenaza que representa la carencia de vitamina A para las vidas de los niños de corta edad. Al cabo de unos pocos años, los científicos efectuaron la transición desde considerar que la idea de que los suplementos de vitamina A pueden reducir la mortalidad infantil era demasiado optimista para ser cierta, a considerar que era demasiado optimista para no ser cierta. Pero hasta hace poco no se comprendían bien las diversas maneras en que la carencia de vitamina A incrementa la tasa de defunción infantil. En la actualidad, los resultados de una docena de estudios sobre el terreno realizados en el Brasil, Ghana, la India, Indonesia, Nepal y otros países, indican que al agregar suplementos a los regímenes alimentarios de los niños en situación de riesgo de carencia de vitamina A es posible reducir la tasa de mortalidad debida a las diarreas. Cuatro de los estudios se centraron en las diarreas: las defunciones se habían reducido entre un 35% y un 50%. La vitamina A también puede reducir a la mitad la cantidad de defunciones debidas al sarampión2 (Gráfico 11). En Bangladesh, los niños alimentados a pecho cuyas madres habían recibido una alta dosis de suplementos de vitamina A por vía oral poco después del parto habían estado enfermos durante un número sustancialmente menor de días debido a infecciones de las vías respiratorias y enfermedades febriles durante los primeros seis meses de vida que los hijos de madres pertenecientes al mismo grupo socioeconómico en la misma zona, que no habían recibido los suplementos.3 El zinc es otro micronutriente del que se sabe desde hace largo tiempo que es imprescindible para el crecimiento y el desarrollo de las células y el funcionamiento del sistema inmunológico. No obstante, dado que resulta extremadamente difícil medir la carencia de zinc, hasta hace poco se prestó muy poca atención a la posibilidad de que pudiera perjudicar la salud y el desarrollo de los niños (Gráfico 12). Mediante ensayos efectuados en Bangladesh, la India e Indonesia, ya se ha demostrado que pueden lograrse reducciones de alrededor de un tercio en la duración y la gravedad de episodios de diarrea en niños que reciben suplementos de zinc, y una disminución de hasta un promedio de un 12% en la incidencia de neumonía.4 En esas investigaciones, los suplementos de zinc fueron más beneficiosos para los niños que inicialmente padecían mayor desnutrición. En un estudio recientemente finalizado en Lima (Perú) se comprobó que los beneficios de los suplementos de zinc con respecto a la inmunidad pueden comenzar incluso antes del nacimiento. Investigadores de la Escuela de Salud Pública Johns Hopkins, en Baltimore (Estados Unidos), y el Instituto de Investigación Nutricional, en Lima, han estado agregando zinc a los suplementos de hierro y ácido fólico de las embarazadas y verificando sus efectos sobre la salud de sus hijos recién nacidos, incluidos los efectos sobre la actividad del sistema inmunológico. El análisis inicial indica que inmediatamente después del nacimiento, los niveles de anticuerpos son más elevados en los hijos de madres que han recibido suplementos de zinc que en los de las que han recibido un placebo. Los suplementos de zinc parecen ser tan eficaces para reducir la incidencia de las enfermedades diarreicas y la neumonía en países pobres que un científico, Robert Black, de la Universidad Johns Hopkins, ha sugerido que administrar suplementos de zinc es una acción de salud pública tan importante para la reducción de las diarreas como las mejoras en el abastecimiento de agua y el saneamiento; e importantes nuevas investigaciones indican que incluso los efectos del paludismo, enemigo mortal de niños y adultos, pueden atenuarse mediante suplementos de zinc y vitamina A (Recuadro 18). La carencia de hierro también puede perjudicar la inmunidad de un niño en pleno crecimiento, al afectar la capacidad del cuerpo para aniquilar agentes patógenos invasores. Como consecuencia, hay una mayor incidencia de enfermedades en las poblaciones que padecen de carencia de hierro.5 En estudios realizados en Egipto, se comprobó que los niños anémicos padecían de episodios de diarrea más prolongados y más graves que sus homólogos que habían recibido suplementos de hierro. Las investigaciones científicas básicas están ahora en condiciones de explicar por qué razón se producen esos sorprendentes resultados. Hasta el momento, el zinc y la vitamina A son los dos micronutrientes que, según se ha comprobado, están más estrechamente ligados al funcionamiento adecuado de las defensas de primera línea del cuerpo. Esos dos micronutrientes ayudan a mantener las barreras físicas de pieles y mucosas que impiden que los microorganismos invadan el cuerpo, además de fortalecer la actividad en todo el cuerpo de leucocitos como las células asesinas naturales y los macrófagos, células fagocitarias que primero rodean y luego destruyen a los agentes patógenos extraños, como las bacterias. Igualmente importante es que un bajo consumo de zinc y vitamina A en el régimen alimentario reduce el número de dos tipos de células B, protagonistas fundamentales de la inmunidad adquirida y perjudica su desarrollo y sus funciones. Dichas células producen anticuerpo y células T que, a su vez, se encargan de eliminar las células infectadas con virus. También producen sustancias bioquímicas llamadas citoquinas, que promueven una mayor actividad de las células y los macrófagos. Al mismo tiempo, ahora se comprende que una ingestión suficiente de zinc es necesaria para que tanto la vitamina A como el yodo cumplan con muchas de sus funciones vitales. La nutrición y el SIDA Actualmente se está investigando el papel de la nutrición en la prevención de las infecciones, como una posible manera de contribuir a reducir la proliferación del SIDA. Tal vez la vitamina A forme parte del arsenal necesario para combatir el VIH que, según se prevé, a comienzos del próximo siglo habrá infectado a entre 4 millones y 5 millones de niños, la mayoría de ellos en países de África al sur del Sahara. Esos niños se contagiarán principalmente de sus madres. Las vías de transmisión del VIH de la madre al niño, conocida también como transmisión vertical, son tres: durante el embarazo, durante el trabajo de parto y el momento de dar a luz, y por conducto de la leche materna. A partir de 1994, los científicos han estado analizando la posibilidad de reducir la transmisión vertical por esas tres vías. Han tratado de bloquear el contagio intrauterino administrando a las mujeres durante el embarazo dosis del medicamento conocido en inglés como Zidovudine, que actúa contra los retrovirus. Se ha comprobado que ese medicamento reduce el contagio del VIH de la madre al niño, pero cuesta centenares de dólares por persona, costo prohibitivo para la mayoría de los habitantes del mundo en desarrollo. Actualmente se están ensayando en Haití y algunos países del África al sur del Sahara y del Asia sudoriental, algunos métodos menos onerosos de terapia contra los retrovirus durante el embarazo, como la administración de Zidovudine durante períodos más breves o la utilización de medicamentos más baratos. Hay otros dos tratamientos durante el embarazo que también son objeto de investigación: la terapia endovenosa con anticuerpos del VIH purificados o la administración de suplementos de vitamina A. En un estudio acerca de mujeres infectadas con el VIH realizado en 1994 en Malawi se comprobó que un 32% de las que habían carecido de vitamina A durante el embarazo habían transmitido el VIH a sus hijos. En cambio, sólo un 7% de las mujeres infectadas con el VIH pero dotadas de suficientes niveles de vitamina A habían hecho lo propio. En ese estudio se llegó a la conclusión de que las mujeres que sufren de carencia de vitamina A tienen, por consiguiente, probabilidades cuatro veces y media superiores de contagiar a sus hijos.6 En un estudio realizado en Kenya en 1995 también se demostró que la concentración del VIH en la leche de las madres que carecen de vitamina A es más alta que en las que tienen un buen nivel de esa vitamina. En otro estudio, también realizado en Kenya, se ha mostrado que las mujeres con relación serológica VIH positiva que también carecen de vitamina A tienen probabilidades cinco veces mayores que las mujeres con suficiente vitamina A de liberar en sus aparatos reproductores células infectadas con el VIH, un factor determinante que puede ser de importancia en la transmisión, tanto sexual como vertical, del SIDA. No obstante, algunos expertos han sugerido que esos resultados pueden haberse obtenido no debido a la influencia de la vitamina A sobre la transmisión del VIH, sino debido a que tanto la carencia de vitamina A como las altas tasas de infección se producen simultáneamente por otras razones. Sobre la base de las conclusiones de los primeros estudios y para demostrar una relación causal entre la vitamina A y la transmisión del VIH recientemente se realizaron cuatro estudios clínicos para determinar las tasas de transmisión del VIH en mujeres que habían recibido suplementos de vitamina A durante el segundo o el tercer trimestre del embarazo. Se espera que los resultados de esos estudios, realizados en Malawi, Sudáfrica, Tanzanía y Zimbabwe sobre un total de casi 3.000 infectadas con el VIH, estén disponibles dentro de poco tiempo.
Gráf. 11 Las muertes por sarampión y los suplementos de vitamina A En tres pruebas separadas realizadas con niños hospitalizados a causa del sarampión una de ellas en 1932, las muertes entre los niños que recibían altas dosis de suplementos de vitamina A eran pronunciadamente más bajas que entre los niños que no recibían suplementos. La uniformidad de los resultados sugiere que un cambio en el nivel de vitamina A puede alterar de forma rápida funciones fisiológicas básicas relativas a la restauración de las células y la resistencia a la infección, y por tanto puede servir para salvar vidas.
Fuente: Alfred Sommer y Keith P. West Jr., Vitamin A Deficiency: Health, Survival and Vision, Oxford University Press, Nueva York, 1996. Gráf. 12 Administración de suplementos de zinc y crecimiento infantil (Ecuador, 1986) Un estudio realizado en 1986 entre niños ecuatorianos en edad pre-escolar con un consumo reducido de zinc subrayó la importancia de la contribución del zinc en el crecimiento y desarrollo normales. Los niños fueron emparejados por género, edad y estatura; un componente de cada pareja recibió un suplemento de zinc, y el otro un placebo. El resultado después de 15 meses reveló un aumento lento y continuo en la estatura de los niños que recibían el suplemento, comparado con el grupo que recibía el placebo.
Fuente: H. Dirren et al., ?Zinc supplementation and child growth in Ecuador, en Nutrient Regulation during Pregnancy, Lactation and Infant Growth, Plenum Press, Nueva York, 1994. |
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