El Estado Mundial de la Infancia 1998 Resumen

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Recuadro 7

Las galletas con alto contenido energético mejoran la supervivencia infantil en un 50%

Foto: Un recién nacido saludable duerme tranquilamente en Gambia.

En Gambia, mediante una serie de intervenciones dirigidas específicamente a mejorar la nutrición de las mujeres embarazadas, se está logrando que aumente el peso al nacer de los niños y, a la vez, que disminuya considerablemente el riesgo de que mueran durante el parto o poco después de nacer.

Un amplio estudio regulado que se realizó en la región rural del Kiang occidental estableció que entre las mujeres embarazadas que recibieron una ración diaria de galletas de fabricación local, ricas en contenido energético, la cantidad de niños con bajo peso al nacer disminuyó en casi un 40%, mientras que las tasas de mortinatalidad y de mortalidad perinatal de los niños disminuyeron en casi un 50%. Esos resultados notables confirman la tesis de que para disminuir los casos de bajo peso al nacer hay que darles suplementos alimentarios a las mujeres embarazadas.

“El estudio demuestra claramente que el mejoramiento de la nutrición materna, que puede lograrse a través del sistema de atención primaria de la salud, puede tener consecuencias sumamente beneficiosas cuando se concentra con eficacia en las mujeres que realmente lo necesitan”, dice uno de los autores del estudio, el Dr. Sana Ceesay, del Centro de Nutrición Dunn, afiliado a la Universidad de Cambridge, que ha trabajado en colaboración con el Departamento de Salud de Gambia. Los resultados del estudio se publicaron en el British Medical Journal en agosto de 1997.

El UNICEF calcula que más de 24 millones de niños nacen cada año pesando menos de 2,5 Kg, que es el peso mínimo al nacer. El 95% de esos nacimientos se producen en el mundo en desarrollo. El bajo peso al nacer aumenta el peligro de mortalidad neonatal y es una de las principales causas de la subsiguiente falta de crecimiento y desarrollo infantiles. El bajo peso al nacer se puede deber a una serie de factores presentes en la madre, entre ellos, una talla pequeña, infecciones uterinas, bajas tasas de oxígeno en la sangre a causa del trabajo excesivo o la altitud, infección palúdica y el fumar. Sin embargo, cuando todos esos factores son idénticos, la frecuencia de bajo peso al nacer es mayor entre las madres pobres que entre las más pudientes.

La explicación más probable de esta diferencia es que una nutrición materna poco adecuada impide el desarrollo fetal normal. Sin embargo, antes de este estudio realizado en Gambia, no se había podido probar satisfactoriamente que el mejoramiento de la dieta materna durante el embarazo beneficiase realmente a los niños.

Los estudios anteriores indicaban que en esa parte del África occidental las mujeres embarazadas no comían lo suficiente para satisfacer las necesidades energéticas creadas por actividades tales como la recolección de agua y combustible, la agricultura y el cuidado de los niños, aparte de las necesidades energéticas y otras necesidades nutritivas impuestas por el embarazo. Esto ponía en peligro el desarrollo de sus niños.

El ensayo de suministro de suplementos prenatales duró cinco años y se realizó en 28 aldeas de la misma región de Gambia. En las aldeas donde se intervino, las madres embarazadas recibieron diariamente galletas de alto contenido energético, hechas principalmente de maní. Esas galletas suministraban 1.000 calorías diarias a las mujeres con 20 semanas o más de embarazo. Las fabricaban dos panaderías de aldea, usando ingredientes locales y hornos tradicionales de barro. Las mujeres en las aldeas de control recibieron medicamentos antipalúdicos, suplementos de hierro y ácido fólico y el mismo cuidado prenatal que las mujeres de las aldeas donde se intervino: lo único que no recibieron fueron las galletas durante el embarazo. Los trabajadores en el terreno pesaron a intervalos regulares a todas las mujeres participantes en el estudio, y pesaron y midieron a los recién nacidos.

El suplemento de galletas produjo un aumento muy significativo en el peso al nacer, disminuyendo en un 39% la cantidad de niños clasificados con bajo peso al nacer. Digna de notarse, en particular, fue la disminución en los nacimientos de bajo peso ocurridos durante la “temporada de hambre” anual, cuando el peso al nacer es normalmente más bajo que en la temporada de la cosecha, a causa de la mala nutrición materna combinada con las duras tareas agrícolas propias de la estación. (Es poco probable que los suplementos alimentarios hubiesen surtido el mismo efecto en mujeres embarazadas que no padeciesen de carencia energética crónica.)

Aparte de constatar los extraordinarios beneficios del suplemento alimentario, el estudio refuta la idea aún prevaleciente en ciertos círculos de que el mejoramiento de la dieta de las mujeres embarazadas podría provocar tasas más altas de complicaciones obstétricas debido al mayor tamaño de los recién nacidos. Aunque el peso al nacer de los niños de las mujeres que recibieron galletas fue indudablemente mayor, la circunferencia de la cabeza, que es el factor más estrechamente relacionado con la disproporción pélvica en el parto, fue sólo ligeramente mayor. La tasa de complicaciones obstétricas de esa índole no fue mayor en las mujeres que recibieron el suplemento alimentario.

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