El Estado Mundial de la Infancia 1998 Resumen

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Recuadro 6

La leche materna y la transmisión del VIH

La lactancia materna confiere enormes beneficios al evitar la desnutrición y las enfermedades, salvar vidas y ahorrar dinero. Es también, no obstante, una vía por la que una madre con reacción serológica VIH positiva puede transmitir el virus a su hijo lactante. El niño sufre el mayor riesgo, cifrado en un 20%, de infección vertical, es decir, de madre a hijo, durante la fase final del embarazo y el alumbramiento. Existe un riesgo adicional del 14% de que el niño quede infectado a través de la leche materna.

Este riesgo de infección a través de la lactancia debe contrapesarse con los grandes peligros que entraña la alimentación artificial: en las comunidades donde el saneamiento es inadecuado y las familias pobres, la muerte por diarrea es 14 veces superior en niños alimentados artificialmente que en lactantes. Si las mujeres infectadas y las que temen infectarse con el VIH (sin estar realmente infectadas) abandonasen la lactancia en masa, sin disponer de alimentos alternativos seguros y fiables para sus hijos, las consiguientes muertes de niños por diarreas e infecciones respiratorias podrían superar con creces las ocasionadas por el VIH.

El dilema al que se enfrenta una mujer infectada con el VIH que no tiene acceso fácil al agua potable, que no cuenta con suficiente combustible para esterilizar los biberones y preparar un alimento que sustituya a la leche materna, o que no puede permitirse pagar leche maternizada suficiente para asegurar a su hijo una alimentación nutritiva, es un dilema penoso, que ninguna madre puede resolver por sí sola. Es primordial, tal como estableció en 1996 el Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA, que se preste apoyo a las mujeres que encaran este dilema. Las medidas siguientes pueden considerarse importantes puntos de partida:

* Las mujeres embarazadas deberían tener acceso al asesoramiento y a reconocimientos voluntarios y confidenciales con los que determinar su estado de salud. Si están infectadas con el VIH, deberían recibir un tratamiento adecuado para reducir el riesgo de transmisión vertical. Si no están infectadas, es muy importante que se les ofrezca una educación sanitaria para ayudar a ellas y a sus parejas a no contagiarse con el virus.

* Las madres infectadas con el VIH deberían recibir información sobre los riesgos tanto de transmisión vertical a través de la lactancia como de contraer en su entorno local infecciones asociadas a la alimentación artificial. Asesores en materia de VIH o profesionales sanitarios deberían ayudar a que cada mujer entienda estos riesgos para poder posteriormente tomar su propia decisión.

* Si una madre infectada con el VIH puede disponer de sucedáneos adecuados de la leche materna, que pueda preparar de forma higiénica, debería entonces considerar la posibilidad de dar a su hijo una alimentación artificial. Otra posibilidad es que una ama de leche sana amamante al niño; esto, en algunas culturas, puede ser una opción aceptable. El tratamiento térmico de la leche materna extraída previamente (manteniéndola a 62,5 grados centígrados durante 30 minutos) destruye el virus, y puede ser una buena alternativa para algunas mujeres.

* Cuando las madres con reacción positiva en la prueba del VIH deciden no dar de mamar a su hijo, pero no pueden o no disponen de los medios para alimentarlo de otro modo, se necesitará de la ayuda de diversas dependencias gubernamentales y de organismos asociados. Debe prestarse atención a las necesidades de las mujeres que se encuentran en una situación de mayor desventaja, mejorando su suministro de agua y su servicio de saneamiento y prestándoles una diligente atención sanitaria familiar.

Estas medidas deberían considerarse para establecer una estrategia integrada destinada a reducir la transmisión vertical, ya que la lactancia es sólo una pequeña parte del problema. Es imprescindible, en cualquier estrategia dirigida a reducir la transmisión vertical, que se pongan a disposición de la mujer pruebas médicas y asesoramiento de carácter voluntario y confidencial. También es esencial que se facilite un completo elenco de servicios médicos prenatales y obstétricos asociados a la reducción del riesgo de contagio.

Los estudios que se están realizando nos permitirán pronto entender mejor los mecanismos, el ritmo temporal y los riesgos de la transmisión vertical. Puede ser posible, en algunos años, ofrecer a todas las mujeres servicios baratos y de fácil prestación que reduzcan al mínimo o incluso eliminen el riesgo de transmisión vertical. Por ahora, deben ser prioridades absolutas el acceso a pruebas médicas, asesoramiento, información y el resto de los servicios señalados anteriormente.

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