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Recuadro 20Progreso en la lucha contra los parásitos
Foto: Una de las infecciones más corrientes en todo el mundo, los parásitos frenan el crecimiento de niño, provocan anemia, y perjudican el aprendizaje y la memoria. En la foto, una niña en la escuela en la India. Cuando se pide a la gente que mencione las enfermedades más comunes, la mayoría no piensa en la helmintiasis o presencia de parásitos intestinales. Sin embargo, las afecciones verminosas, que afectan a más del 30% de la población mundial, son, sin lugar a dudas, enfermedades de las más comunes y desatendidas. La salud, la productividad y la capacidad física y mental resultan perjudicadas. En los países en desarrollo, los niños son los más gravemente afectados, sobre todo los de 5 a 14 años. El 12% de las enfermedades que padecen tienen que ver con los parásitos intestinales. Éstos son, pues, el principal factor que contribuye a las enfermedades infantiles. Aunque las consecuencias de los parásitos para la salud y el crecimiento se consideran generalmente más importantes en los niños mayores de 5 años, un nuevo estudio realizado en la India conecta las infecciones parasitarias con los trastornos del crecimiento de los niños de uno a 4 años de edad. Unos 150.000 niños mueren todos los años de obstrucción intestinal y otras complicaciones abdominales ocasionadas por los parásitos de tamaño adulto. Para millones de otros niños, los parásitos son una de las causas principales de la desnutrición y provocan anemia grave, disentería, retrasos en la pubertad y problemas de aprendizaje y memoria. En 1990, se calculaba que había 44 millones de mujeres embarazadas huéspedes del anquilostoma. Sus fetos, por lo tanto, corrían el riesgo de crecimiento intrauterino retrasado, nacimiento prematuro y bajo peso al nacer. La transmisión de parásitos es insidiosamente fácil, sobre todo cuando la higiene y el saneamiento no son adecuados. Una niña que camina descalza puede atrapar el anquilostoma, y si se pone el dedo sucio en la boca, puede ingerir huevos de ascáride común. No es poco usual que un niño sea el portador de más de 1.000 anquilostomas, ascárides y tricocéfalos que agotan su sangre y consumen nutrientes. En total, unos 1.500 millones de personas tienen ascárides comunes. Esta es la tercera enfermedad humana más común en el mundo. Los tricocéfalos afectan a 1.000 millones, entre ellos a casi la tercera parte de los niños en África. Más de 1.300 millones de personas son portadores de anquilostomas en sus intestinos, y 265 son huéspedes de esquistosomas, los parásitos que causan la esquistosomiasis, una enfermedad que debilita el organismo. Los parásitos afectan la nutrición de diversas maneras, ingiriendo sangre y provocando así una pérdida de hierro y otros nutrientes. Los parásitos también provocan cambios en las paredes del intestino, un factor que reduce la superficie de la membrana dedicada a la digestión y absorción. A causa de esto no se absorben bien las grasas, ciertos carbohidratos, las proteínas y varias vitaminas, entre ellas la vitamina A. Otra consecuencia posible es la intolerancia a la lactosa y el uso ineficiente del hierro disponible. El tratamiento es simple y relativamente barato. Una sola dosis de una medicina antiparasitaria tal como el Mebendazol cuesta sólo tres centavos y puede eliminar o reducir considerablemente los parásitos intestinales. El costo total de los tratamientos es usualmente de 1 a 2 dólares por año, por persona. Experimentos regulados llevados a cabo en la India, Indonesia, Malasia, Myanmar y Tanzanía han demostrado que la terapia continúa surtiendo efecto durante meses. El UNICEF, la OMS y el Banco Mundial han determinado que los niños de edad preescolar y escolar, las mujeres en edad de procreación y las adolescentes son los que más se beneficiarían con programas de lucha contra los parásitos. Los beneficios son impresionantes. Un novedoso estudio realizado en Kenya en 1994, que usó detectores de movimiento en las caderas de los escolares, descubrió que el nivel de actividad física de los niños mejoraba cuando se les liberaba de presencia masiva de anquilostomas. Los niños curados de los parásitos tenían mejor apetito y ya no padecían de dolores abdominales y de cabeza. En nueve semanas, el grupo sometido a tratamiento mostró un mayor índice de crecimiento, ganancia de peso (tanto en depósitos de grasa como en masa muscular), y un aumento en la actividad física y el apetito que el grupo que no recibió tratamiento. Numerosos estudios han observado también los efectos mentales y cognoscitivos de la anemia en los niños portadores de parásitos, cuyo rendimiento intelectual mejora después del tratamiento. En un estudio en gran escala realizado en la India en 1996, dos grupos de niños de uno a 4 años de edad recibieron suplementos de vitamina A dos veces al año y uno de ellos también recibió tabletas antiparasitarias. Al final del ensayo, los niños que recibieron el tratamiento antiparasitario pesaban, como promedio, un kilogramo más que los que no fueron tratados. El estudio muestra no sólo que la eliminación en gran escala de los parásitos mejora la talla de los niños preescolares en las zonas donde los parásitos son comunes, sino que también crea la posibilidad práctica de combinar el tratamiento antiparasitario con los suplementos de vitamina A en las zonas vulnerables. Algunos consideran que la eliminación de los parásitos no es una solución satisfactoria porque hay que repetirla si al mismo tiempo no mejora el saneamiento, la higiene y la educación para la salud, ya que con frecuencia se producen nuevas infecciones. No obstante, la eliminación periódica de los parásitos disminuye el efecto nocivo de éstos en el desarrollo de los niños en una época crítica de sus vidas, por lo menos hasta que las causas y condiciones de la contaminación e infección ambientales se resuelvan por completo. |
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