
|
Recuadro 15Los Kiwanis se movilizan para acabar con las consecuencias letales de la carencia de yodo
Foto: Para descubrir las señales que indican la carencia de yodo, una enfermera examina la glándula tiroides de una mujer en un centro que recibe asistencia del UNICEF en Myanmar. Cientos de veces, en los últimos años, el Reverendo Bob Wildman, un pastor protestante retirado, se ha presentado tranquilamente a las reuniones de los clubes Kiwanis International por todo Illinois y Iowa oriental, en el oeste medio de los Estados Unidos, y ha pedido que se le deje hablar. Generalmente sólo cuenta con unos minutos para ganarse a un público difícil. Muchos de los hombres y mujeres que integran esos clubes Kiwanis son ejecutivos de empresas y profesionales que han apoyado en sus propias comunidades proyectos de prestación de servicios de la organización en pro de los niños y otros necesitados. El Reverendo Wildman, un veterano dirigente de los Kiwanis, de 73 años de edad, está decidido a que sus oyentes amplíen su concepto de comunidad, incluyendo en él a toda la aldea planetaria. Con su resonante prédica, el Reverendo está impulsando el primer proyecto internacional de los Kiwanis en materia de prestación de servicios, una campaña para eliminar uno de los problemas de nutrición más devastadores del mundo: los trastornos por carencia de yodo. Los dirigentes de los Kiwanis están concentrando en este esfuerzo mundial la extraordinaria capacidad de recaudar fondos de sus 600.000 miembros en 83 países. Se calcula que, todos los años, 28 millones de recién nacidos corren el riesgo de que sus facultades mentales disminuyan debido a la insuficiencia de yodo en las dietas de sus madres. Cientos de miles de niños y adultos sufren del trastorno más debilitador provocado por la carencia de yodo: el cretinismo. El desafío que enfrenta el Reverendo Wildman es conseguir que los miembros de los clubes de su región sientan como cosa propia las tribulaciones de los aldeanos en regiones remotas de Asia, Africa y Latinoamérica. En muchos países en desarrollo, la carencia de yodo ha dejado un saldo horrendo de niños con deformidades físicas y retraso mental. Se puede liberar al mundo de esta tragedia mediante la yodación de la sal de mesa, un método de enriquecimiento que cuesta menos de 5 centavos anuales por persona y que hoy se da por sentado en los países industrializados. Antes de empezar a hablar, el Reverendo Wildman pone en el podio una ampliación grande de su preciada foto de Abdul Alim, un niño pequeñito que conoció en 1994 cuando visitó una aldea de Bangladesh. Abdul es un niño de 8 años cuyo cuerpo deforme y defectuoso parece ser el de un niño de 4 años. Tiene un grave retraso mental, es sordo y no puede caminar, por lo que un joven de la aldea lo carga en la foto. El Reverendo Wildman describe las discapacidades de Abdul y la grave carga que su cuidado impone a la economía de la aldea. La foto de este niñito salva las distancias geográfica y cultural e inspira de inmediato a los asistentes a unirse a la campaña contra los trastornos por carencia de yodo. Cuando Kiwanis International se unió a la campaña en 1994, la organización se comprometió a recaudar 75 millones de dólares antes de julio de 1998. En la actualidad, el grupo es uno de los puntales de la campaña, pues ha recaudado como prometido hasta ahora más de 20 millones de dólares para programas en más de 50 países. El UNICEF calcula que este aporte ha salvado a 3 millones de niños del retraso mental irreversible. Dirigentes de los Kiwanis, como el Reverendo Wildman, han empezado a acortar la distancia entre sus pueblos natales y lugares como la pequeña aldea de Bangladesh donde vive Abdul Alim. El concepto de pensar a escala mundial y actuar a escala local está enraizándose en todas partes del mundo de manera creativa. El club de Kiwanis de Ried im Innkreis, en Austria, recaudó 9.000 dólares para la campaña mediante una función de la Compañía China de Danza y Acrobacia. Los Kiwanis de Atikokan, en Ontario, Canadá, recaudaron 2.000 dólares presentando a los Jolly Ukrainians, un grupo folklórico. Con proyectos de educación comunitaria y la distribución de sal yodada, los clubes Kiwanis de Filipinas están apoyando la campaña en su propio país, donde la carencia de yodo sigue constituyendo un problema grave. En los Países Bajos, los Kiwanis se han comprometido a recaudar 600.000 dólares mediante la venta de potes de sal y de un libro de ensayos fotográficos. Los Kiwanis de Hong Kong realizaron una ardua caminata de 90 kilómetros, consiguiendo así de sus patrocinadores 10.000 dólares para la campaña. El club de Kiwanis de Bergerac, en Francia, donó lo recaudado en un baile de máscaras, mientras que los de Christchurch, en Nueva Zelandia, juntaron 1.300 dólares con un torneo de bolos. El club de Kiwanis de Spanish Town, en Jamaica, convenció a la fábrica local de que yodase la sal, patrocinó actividades educacionales sobre los trastornos por carencia de yodo y colocó una valla publicitaria con un mensaje de prevención en una importante carretera. Mediante esfuerzos de recaudación de fondos grandes y pequeños, los 95 miembros del club de Kiwanis de Rockford, Illinois, donde vive el Reverendo Wildman, se las han arreglado para duplicar con creces su meta original de 30.000 dólares. Cuando Kathleen Sullivan tomó posesión de la presidencia del grupo en un reciente banquete, en vez de arreglos florales costosos en cada mesa, puso centros de mesa de confección casera, apuntalados con cajas de sal. El dinero que ahorramos fue a la campaña contra los trastornos por carencia de yodo, dice la nueva presidenta, y agrega: Cuando yo estaba fabricando esos centros de mesa con mis hijas, les expliqué el daño que los trastornos por carencia de yodo hacen a niños como ellas. Gracias a esta campaña espero que mis hijas tengan una visión más clara del mundo. |
Página anterior | Contenido | Página siguiente