El Estado Mundial de la Infancia 1998 Resumen

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Recuadro 12

Las mujeres del Níger asumen el liderazgo en la lucha contra la desnutrición

Foto: Las largas horas que emplean acarreando agua y combustible, sumadas a las que consumen en otros trabajos igual de duros, reducen drásticamente el tiempo que tienen las mujeres para encargarse de sus hijos. Los esfuerzos cooperativos ayudan a reducir el peso del esfuerzo. Los miembros de una cooperativa agrícola en Níger construyen una terraza para evitar la erosión del suelo.

Mejores semillas y fertilizantes, un molino propulsado por un motor diesel y dos carretones tirados por burros: con estas modestas mejoras, las mujeres de Kwaren Tsabre, una aldea en el Níger central, han logrado disminuir el volumen de trabajo que pesaba sobre ellas y están empezando a superar la desnutrición generalizada que amenaza la salud de sus hijos.

Los problemas parecían insolubles hace sólo unos años. Más de la mitad de los niños pequeños de esa aldea de 680 habitantes tenían un peso inferior al normal y muchos mostraban síntomas de carencia grave de vitamina A, un problema que puede desembocar en la ceguera e incluso la muerte.

Los adelantos se han logrado gracias a una colaboración estrecha entre la comunidad y los representantes gubernamentales asentados en el distrito, que se basa en la evaluación y análisis de la situación por las propias gentes que la viven. Los problemas eran graves: al igual que en muchas otras aldeas en el corazón de la región del Sahel, en el Africa occidental, en Kwaren Tsabre había una escasez crónica de alimentos básicos. La dieta era monótona y poco nutritiva, las mujeres estaban excesivamente agobiadas de trabajo y tenían poco acceso a la educación y la información, y los servicios de atención de la salud eran remotos y a menudo de pobre calidad.

Como las mujeres eran las más directa y gravemente afectadas, fue necesario que asumiesen un papel central en la toma de decisiones y que se beneficiasen de las nuevas iniciativas. Se formó el Comité de Mujeres de la Aldea, capacitándose sus integrantes con ayuda de los representantes gubernamentales del distrito. Como explica Zouera, la primera Presidenta del Comité, el primer paso del grupo de mujeres fue determinar qué medidas podrían mejorar la nutrición de manera apreciable.

“Nos dimos cuenta de que no podíamos cuidar a nuestros hijos tan bien como queríamos porque nuestra jornada de trabajo, de 14 a 17 horas, era demasiado larga”, dice. Las mujeres consiguieron un préstamo para comprar un molino diesel que las aliviase de la ardua tarea de moler a mano el sorgo y el mijo. También compraron los dos carretones tirados por burros, para disminuir las horas dedicadas al acarreo de leña y agua. Tanto el molino como los carretones no sólo ahorran tiempo sino que generan ingresos: los pobladores de Kwaren Tsabre y sus vecinos de varias millas a la redonda han acordado pagar una modesta cuota cada vez que usan el molino y los carretones.

Con asistencia técnica, mejor riego y mejores semillas y fertilizantes, el rendimiento de las cosechas básicas se ha casi triplicado y se han incorporado a la dieta local nuevos alimentos ricos en vitamina A, tales como amaranto y hojas de baobab. Poco después de incorporar a sus comidas usuales esas fuentes de vitamina A, así como pequeñas dosis de aceite, las mujeres empezaron a notar que aminoraba la ceguera nocturna que padecían sus hijos, un síntoma de carencia de vitamina A. Las mujeres de las aldeas vecinas dicen que también ha disminuido la ceguera nocturna entre las mujeres embarazadas.

Zouera y sus compañeras del Comité decidieron también establecer un banco cooperativo de cereales, en consulta con el personal técnico gubernamental. El banco compra y acopia los cereales en un lugar seguro después de cada cosecha, proporcionándoles a las familias pobres un lugar donde comprarlos a precios razonables en los intervalos entre cosechas, cuando no pueden costear el precio comercial.

En breve plazo, el banco de cereales ha sufragado sus gastos iniciales e incluso ha producido ganancias. “Con este dinero estamos subsidiando otras actividades, tales como la distribución de mantequilla de maní como alimento complementario para los niños muy pequeños que todavía están lactando”, dice Zouera. El Comité también da pequeños incentivos en efectivo a las mujeres que supervisan la vigilancia del crecimiento de los niños. La vigilancia permite a las mujeres constatar por sí mismas el estado de sus hijos. En base a esa información, analizan los problemas que enfrentan en sus hogares y en la comunidad y deciden cómo actuar.

Las tasas de desnutrición en Kwaren Tsabre han disminuido en 10 puntos porcentuales en un corto tiempo, de 1995 a 1996. Éste es sólo un comienzo: la mala calidad y lo inaccesible de los servicios de atención de la salud siguen siendo un problema y un obstáculo al futuro adelanto en la lucha contra la desnutrición.

Las mujeres de Kwaren Tsabre saben hoy, sin embargo, que cuentan con los medios y el proceso necesarios para resolver incluso ese difícil problema, con ayuda de sus colaboradores. Si los éxitos de Kwaren Tsabre se multiplican en las 326 aldeas de la provincia de Maradi, en el Níger, a los que ya llega este programa, la victoria en la ancestral batalla contra la desnutrición infantil dejará de ser un sueño.

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