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La desnutrición en los países industrializadosEn los supermercados se ofrecen frutas y hortalizas frescas en pleno invierno y en ellos hay anaquel tras anaquel repletos de carnes y alimentos enlatados y procesados de todo tipo. En la mayoría de los países industrializados, los alimentos abundan y están al alcance de los consumidores. Debido a ello, independientemente de las dificultades que puedan tener esas naciones, la opinión generalizada es que entre esos problemas no figura la desnutrición. Sin embargo, el hecho de que en un país se disponga sin dificultades de suficientes alimentos no significa necesariamente que toda la población disfrute de una buena nutrición. En los Estados Unidos, por el contrario, la obesidad es uno de los principales problemas relacionados con la nutrición. Según las estadísticas más recientes, más de la mitad de la población estadounidense es obesa, y la obesidad afecta también a uno de cada cuatro niños de 6 a 17 años. La obesidad conlleva graves riesgos para la salud, entre ellos una incidencia más elevada de problemas cardiovasculares, hipertensión, diabetes no relacionada con la insulina, algunos tipos de cáncer, enfermedades vesiculares, anormalidades relacionadas con la menstruación y complicaciones derivadas de la artritis y la gota. Los niños obesos no sólo sufren problemas sociales y psicológicos traumatizantes, sino que corren también mayor riesgo de padecer alta presión arterial, niveles elevados de colesterol en la sangre, tolerancia anormal a la glucosa y problemas ortopédicos, entre ellos dificultad para caminar. Los niños afectados por la obesidad tienden a mantenerse obesos durante la adolescencia, y a seguir siéndolo en la edad adulta. Este problema de la salud puede derivarse de varios factores vinculados entre sí. Las personas pueden estar predispuestas a la obesidad debido a sus características genéticas y a sus pautas de conducta culturales, además de sus hábitos de nutrición. También influyen en la obesidad los factores endocrinos y metabólicos. Un veterano investigador de este sector de la salud, el Dr. William H. Dietz, ha hecho notar que, paradójicamente, en los sectores pobres de la población estadounidense coexisten de manera cada vez más frecuente el hambre y la obesidad, y ha sugerido que una de las causas de la obesidad podría ser, justamente, el hambre. Es un hecho comprobado que en los Estados Unidos los pobres padecen insuficiencia alimentaria episódica. Un estudio reciente indicó que en ese país hay más de 13 millones de niños menores de 12 años que durante por lo menos parte de un mes por año sufren hambre o la amenaza de hambre. Otro estudio llevado a cabo recientemente descubrió señales claras de deficiencias en la nutrición de los niños de 1 a 5 años, tanto en las familias pobres como en las de mejor posición económica. El estudio, en el que se definió la deficiencia en materia de nutrición como la ingestión de menos de un 70% de la cantidades diarias recomendadas de los 16 elementos nutritivos que midió la investigación, indicó que el 6% de los niños de 1 a 6 años de familias a las que no se consideraba pobres no habían ingerido cantidades adecuadas de calorías, ácido fólico y vitamina C. Más de un 15% no había recibido suficiente calcio, y casi un 20% había ingerido vitamina E en cantidades inferiores a lo normal. Uno de cada cuatro no había recibido suficiente hierro, y más de uno de cada tres no había consumido zinc en cantidades adecuadas. En el caso de los niños pobres, el estudio arrojó resultados aun más desalentadores, ya que carecían en proporciones notablemente más altas de 14 de los 16 elementos nutritivos medidos. Por ejemplo, en un 40% de los niños pobres la ingesta de hierro era inadecuada, y el 18% no recibía suficiente vitamina C. Otro motivo de problemas en materia de nutrición es la abundancia y disponibilidad de los alimentos perniciosos, que se consumen sin moderación ni equilibrio. Tal es el caso de las gaseosas, las papas fritas y similares, los dulces y las comidas rápidas que suplantan a los alimentos nutricionalmente sanos. Otra causa probable de las complicaciones en materia de nutrición son las pautas cada vez más sedentarias de vida en el mundo industrializado. Un estudio de 1996 estableció que los niños de 10 a 15 años que miran televisión más de cinco horas por día tienen 4,6 veces más probabilidades de tener peso superior al normal que los jóvenes que miran televisión dos horas diarias o menos. En otros países industrializados las tendencias son similares, especialmente en los sectores de menos ingresos. Un estudio llevado a cabo en Gran Bretaña estableció que el régimen alimentario de los sectores socioeconómicos más bajos sólo brinda energía barata y comprende alimentos como la leche normal (con toda la crema), la grasa, los azúcares, las mermeladas, las papas, los cereales y los productos derivados de la carne. El régimen de esos sectores de la población es deficiente en verduras, frutas y panes integrales, y carece de cantidades adecuadas de elementos nutritivos esenciales como el calcio, el hierro, el magnesio, la vitamina C y el ácido fólico. El estudio demostró que existe una correlación entre el régimen de alimentación y el estado de salud deficiente. En Francia, diversos informes recientes indicaron que los segmentos más pobres de la población gastan más de una cuarta parte de sus ingresos en alimentos, aunque lo que adquieren es similar a los componentes del inadecuado régimen alimentario de los británicos de escasos recursos: pan y otros carbohidratos, café, leche, carnes procesadas y frutas o verduras en cantidades insuficientes. Como era de esperar, un estudio realizado en uno de los suburbios más pobres de París descubrió que los niños que viven en ese vecindario son vulnerables desde el punto de vista de la nutrición. Cabe señalar que una investigación de recién nacidos que se llevó a cabo en Francia puso en evidencia que el 63% de los bebés sufría deficiencia de hierro y el 55% estaba anémico. Es necesario descubrir maneras de modificar estas pautas en materia de nutrición, ya que está demostrado que la abundancia de alimentos, por sí sola, no representa una solución. Tanto en el mundo industrializado como en los países en desarrollo, es necesario comenzar a prestar más atención a los alimentos que se ingieren, y a cuándo se consumen. |
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