El Estado Mundial de la Infancia 1998 Resumen

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La desnutrición infantil y los derechos de las mujeres

En el Asia meridional, donde la mitad de los niños tienen un peso inferior al normal, un 60% de las mujeres también tiene deficiencia ponderal. En los países del África al sur del Sahara, casi una tercera parte de los niños están desnutridos y un 20% de las mujeres tienen peso inferior al normal. Cada año, unos 24 millones de niños nacen con bajo peso, en su mayoría en los países en desarrollo. Por lo general, las madres de esos niños también tienen deficiencia ponderal, o trabajan en exceso, o sufren cortedad de talla debido a que en la infancia no recibieron una nutrición suficiente. Los hijos de estas mujeres corren más peligro de muerte que los niños más pesados. Los que sobreviven corren riesgo de tener problemas de aprendizaje y sufrir desnutrición.

Como demuestran esos datos estadísticos, la tragedia de la desnutrición infantil se debe en parte a la discriminación de la que son objeto tantas mujeres, que carecen además de poder de decisión. Según el informe Estado Mundial de la Infancia 1998, todo lo que amenaza a las mujeres representa una amenaza contra los niños, y una de las maneras más eficaces de proteger el bienestar y el desarrollo de los niños en materia de nutrición es mediante el compromiso pleno con la vigencia de los derechos de las mujeres.

Para poder poner fin a la desnutrición infantil es necesario responder primero a varias preguntas importantes. ¿Goza la madre de buena salud? ¿Recibió educación escolar de niña? ¿Está alfabetizada? ¿Qué esfuerzos ha realizado la sociedad en que vive para transmitirle información fundamental sobre la nutrición, el régimen alimentario, la atención de los niños, la higiene personal y ambiental, y la importancia del amamantamiento? ¿La liberan los miembros de su familia o comunidad durante el embarazo o la lactancia de algunas de las tareas que realiza habitualmente para que pueda descansar como debe? ¿Y cuenta con similar nivel de acceso que los hombres a la educación, el trabajo y los recursos en general?

Lamentablemente, estas preguntas suelen tener respuestas negativas, y los niños suelen ser los herederos de la discriminación y las privaciones que aquejan a sus madres, con mucha frecuencia en forma de desnutrición, enfermedades y hasta la muerte. La distribución injusta de las labores y el trabajo, y la pesada carga de tareas domésticas que recae sobre las mujeres del mundo, reducen las posibilidades de proteger su salud y la de sus hijos. Por ejemplo, es fundamental para la salud de la madre y la salud del niño en gestación que la mujer reciba suficiente alimentación y descanso antes y durante el embarazo. Pero como dejó al descubierto un estudio que se llevó a cabo en África occidental, aún en las épocas de menor actividad agrícola, las embarazadas aumentan sólo 5,5 kilogramos durante el período de gestación, lo que representa la mitad del incremento de peso que se recomienda en la mayoría de los países industrializados.

Como resultado de la opresión social y cultural que padecen, las mujeres tienen menor acceso a casi todo, incluidos los alimentos, los recursos, la atención de la salud, el respaldo de la comunidad y la información. El resultado de todo esto es que por mucho que las madres amen a sus hijos, si son pobres, analfabetas, anémicas o si no gozan de buena salud, si carecen de agua potable y saneamiento ambiental y no reciben apoyo del padre de sus hijos y de la sociedad en general, resulta prácticamente imposible que puedan brindar atención adecuada a esos niños. Sin embargo, todos los niños tienen derecho a recibir atención de manera constante, y la falta de tales cuidados puede resultar uno de los factores más importantes de la desnutrición infantil.

No existen soluciones simples ni únicas para las crisis internacionales que representan la violación de los derechos de las mujeres y la nutrición de los niños. Se trata de problemas interelacionados que se derivan de realidades culturales, políticas y económicas, y deben considerarse de forma conjunta. Sin embargo, para poder avanzar hacia el cambio es necesario brindar información y educación, y desafiar las convenciones que encadenan a las mujeres a los prejuicios y la pobreza, y por lo tanto profundizan el grave problema de la desnutrición.

Existen, sin embargo, importantes ejemplos donde se han alcanzado estos avances. En Tailandia, por ejemplo, la nutrición ha mejorado de manera notable. El cambio, que aquel momento estaba relacionado con el auge de la economía, se atribuye también al hecho de que en la sociedad tailandesa se respeta a las mujeres, y a que tienen altas tasas de alfabetización y desempeñan un papel preponderante en el hogar y en la vida de sus comunidades.

La guerra contra la desnutrición infantil se debe desarrollar en muchos frentes. Pero, como resulta cada día más claro, nunca se alcanzará la victoria si no se garantizan los derechos de las mujeres para que puedan desempeñar el papel protagónico que les corresponde.

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