El Estado Mundial de la Infancia 1998 Resumen

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Ocho lecciones útiles

¿Qué han demostrado todas estas historias? Aunque no hay una sola receta, es útil señalar las ocho lecciones siguientes:

1. En las soluciones deben participar las personas más directamente afectadas.

La desnutrición tiene muchas causas y se manifiesta de formas diferentes. No hay una sola solución general para el problema que se pueda aplicar en todo el mundo, y nada sustituye la valoración y el análisis que se realiza con la participación completa y activa de las familias más amenazadas por los problemas en materia de nutrición y más familiarizadas con sus repercusiones y sus causas. La gente que sufre o cuyos hijos sufren a causa de la desnutrición no pueden ser los receptores pasivos de los programas. Si no son los primeros participantes en la valoración y el análisis de los problemas, entonces las acciones para reducir la desnutrición corren el peligro de resultar inapropiadas e insostenibles.

2. Es necesario un equilibrio de enfoques

Un reto fundamental para los programas relativos a la nutrición, así como los relativos a otros esfuerzos en materia de desarrollo, es descubrir un equilibrio entre los diversos enfoques que den buenos resultados. Los procesos que exigen apreciación, análisis y acción —el método de las tres “A”— son esenciales para formular soluciones apropiadas, sobre todo con respecto a la forma en que se organizan, gestionan y supervisan los programas “de abajo hacia arriba”. Pero hay algunos aspectos en el proceso de resolver el problema de la nutrición que pueden formularse de forma apropiada a más altos niveles, mediante el empleo de una aplicación más amplia y “de arriba hacia abajo” de estrategias y tecnologías apropiadas, basadas en el mejor conocimiento científico y en las tecnologías más eficaces que hay en el mercado.

La experiencia del UNICEF indica que para muchos problemas es mejor utilizar una combinación de medidas “de arriba hacia abajo” y de “abajo hacia arriba”. El programa de hospitales “amigos del lactante” fue formulado como una estrategia mundial, pero sus resultados han tomado varias formas, según el compromiso de las instituciones y grupos nacionales y locales.

La reducción de la mortalidad que se produjo en muchos lugares, y el apoyo que recibió en todo el mundo como estrategia válida, impulsó la administración de suplementos de vitamina A, pero su aplicación ha dependido en gran parte de las medidas existentes en materia de salud y la participación de instituciones con base en la comunidad.

La promoción de los consumidores y los cambios legislativos a nivel local y nacional han fomentado la yodación de la sal, pero también lo hizo que las comunidades que padecían previamente a causa de las enfermedades por carencia de yodo hayan notado y sentido la diferencia en la situación.

La esencia del método de las tres “A”no es necesariamente establecer nuevos ciclos sino, tanto como se pueda, trabajar en los ya existentes. Los ciclos de apreciación, análisis y acción son los pasos lógicos que todo el mundo trata de seguir para superar mejor sus problemas. Al entender cómo funcionan una serie de mecanismos útiles en materia de nutrición y saber dónde están las debilidades, un programa de nutrición puede desarrollar y mejorar las prácticas adecuadas ya existentes, en lugar de establecer nuevos sistemas y procedimientos cuya aceptación y adopción puede resultar difícil, y por tanto su mantenimiento también es problemático.

En el caso del programa de desarrollo y supervivencia del niño en Tanzanía, a pesar de que había muchos elementos, el objetivo principal era mejorar la capacidad de la gente para valorar el problema —mediante la vigilancia del peso— y por tanto ayudarles a utilizar mejor sus recursos.

3. Los diversos elementos de una estrategia en materia de nutrición funcionan mejor en forma combinada.

Debido a que la desnutrición es el resultado de muchos factores, no es sorprendente que los ataques hayan resultado más efectivos en aquellas situaciones en que se han combinado varios sectores y estrategias.

La combinación de una mejora en la alimentación del lactante, un mayor acceso de la familia a los alimentos y un acceso más amplio a los servicios de salud y al saneamiento, es claramente más eficaz en la reducción de la desnutrición allí donde los alimentos, la salud y la atención son un problema, que el empleo de cualquiera de estas medidas por separado. En apoyo de estos diversos enfoques que dan buenos resultados, es necesario que los servicios sociales pertinentes —salud, educación, comunicación y movilización social— se concentren de modo más claro en la nutrición. Esto no se logra creando nuevos “proyectos de nutrición” en estas zonas, sino más bien incorporando elementos relativos a la nutrición en actividades de la comunidad que ya están en marcha. La experiencia demuestra la utilidad de incorporar estos elementos relativos a la nutrición en todos los programas, siempre que sea posible.

La repercusión de la nutrición sobre la salud, la educación y otros servicios sociales debe vigilarse también, y los resultados deben utilizarse para mejorar la comprensión de los problemas en materia de nutrición y para motivar a los encargados de preparar políticas, al personal encargado de programas y a las propias comunidades, para que incrementen sus esfuerzos en la reducción de la desnutrición. En base a la vigilancia de las repercusiones de la nutrición, es necesario volver a elaborar programas más viables y satisfactorios para que tengan el mejor efecto posible.

La comunicación desempeña un papel especial en los programas de nutrición al dotar a los padres y madres, a los educadores y a otras personas encargadas de la atención, no sólo de la información básica en materia de nutrición sino también de la capacidad de tomar decisiones bien fundamentadas y de los conocimientos necesarios para tomar medidas que asistan en el mejoramiento de la nutrición en sus comunidades.

Es preciso llevar a cabo las actividades de comunicación simultáneamente a varios niveles para incluir a los padres y madres, otros miembros de las familias, los profesores, los voluntarios y los dirigentes comunitarios que a su vez pueden enseñar y apoyar unas prácticas más apropiadas. Además, es preciso llegar al personal de las oficinas de salud provinciales y de distrito, al personal que trabaja en los sectores de la agricultura, el desarrollo rural y la propia educación, a los representantes de los medios de difusión, a los investigadores y a las personas en posiciones de poder de cualquier tipo, para tratar de recabar su ayuda en esta tarea.


Foto: Los gobiernos, las comunidades y las familias necesitan trabajar juntos para satisfacer los derechos de los niños a una buena nutrición. En Camboya, una niña carga con su hermanito.


4. El progreso depende de que se mantenga la investigación

Todos estos logros en la lucha contra la desnutrición han dependido en gran parte de investigaciones que se han podido aplicar a los programas, pero es preciso un mayor esfuerzo. Se necesitan tanto investigadores interesados en su labor como el apoyo para estas investigaciones. Por ejemplo, fueron necesarias las peticiones de los organismos de las Naciones Unidas y la financiación del Gobierno del Canadá para que se analizaran las consecuencias en las tasas de mortalidad de la carencia de vitamina A.

Existe la necesidad de mayores investigaciones para mejorar los programas que afectan a las personas a quienes es más difícil llegar, y para establecer la eficacia de acciones bastante factibles, como por ejemplo la manera de estimular el consumo de hortalizas de hoja verde. Las instituciones dedicadas a la investigación, tanto académicas como con base en la industria, deberían incluir a los pobres y los problemas diarios de la nutrición en sus actividades de investigación.

5. La producción de alimentos es importante pero no suficiente.

Tal y como se demostró en el caso de los programas tanzanianos en Iringa y Mbeya, es posible mejorar la nutrición incluso en comunidades más bien pobres sin aumentar la cantidad disponible de alimentos. Un incremento en la producción de alimentos es a menudo necesaria, pero nunca suficiente para garantizar una mejora en la nutrición.

Los programas destinados a reforzar la producción de alimentos en todo un país o en algunas zonas no debe presuponer que la situación en materia de nutrición de los niños y las mujeres tiene que mejorar como consecuencia de estos adelantos, a menos que se apliquen otras medidas específicas para cambiar su situación.

6. Todo el mundo tiene un compromiso con los derechos de los niños.

Los niños tienen el derecho a una nutrición apropiada. El gobierno tiene una obligación a este respecto, y muchos otros miembros de la sociedad y de la comunidad, incluidos los padres y las madres, tienen la obligación de convertir en realidad el derecho de los niños a una nutrición apropiada. Es preciso que todos estos grupos tomen conciencia del problema de la nutrición, de sus causas y sus consecuencias, de la existencia de soluciones, y de su obligación de respetar, proteger, facilitar y satisfacer estos derechos. Es necesario que sepan lo que hay que hacer y cómo hacerlo. La promoción, información, educación y capacitación son todas ellas estrategias importantes para crear o aumentar esta toma de conciencia necesaria.

7. La participación de la comunidad y la familia es fundamental.

Los derechos de los niños respaldan todas sus exigencias ante la sociedad. Para que las personas más pobres puedan desempeñar sus obligaciones hacia los niños, es necesario que se reconozca su papel como participantes fundamentales en lugar de beneficiarios pasivos.

Todos los recursos disponibles, incluso aquellos que no controla la propia comunidad, deben utilizarse para apoyar aquellos procesos dentro de los hogares y las comunidades que contribuyan a mejorar la nutrición. Estos procesos exigen decisiones sobre el uso de los recursos y la supervisión de las consecuencias de estas decisiones.

Tal y como se indicó anteriormente, los hogares y las comunidades aprenden a buscar nuevas soluciones por medio del proceso de apreciar la situación existente, analizar las causas y actuar en la medida en que lo permitan los recursos disponibles. La supervisión con base en la comunidad es importante para la apreciación repetida de la situación en proceso. Los análisis realizados por la comunidad y por personas que apoyan el proceso desde el exterior se ven facilitados por una mejora en la comprensión de las causas del problema de la nutrición.

El apoyo desde el exterior incluye promoción, información, educación, capacitación y distribución directa de servicios. Los funcionarios del gobierno y de las ONG pueden trabajar fuera de la comunidad, pero deben estar en contacto frecuente con la comunidad, en el papel de animadores. Deben concentrar su apoyo y su diálogo en los movilizadores comunitarios: las personas que forman parte de la comunidad y disfrutan de su confianza y su respeto.

No existe ningún conjunto predefinido de aportes o servicios que funcione automáticamente. En lugar de esto, la comunidad está aprendiendo constantemente sobre la mejor combinación posible de acciones, una combinación que puede cambiar de modo significativo con el tiempo. El desarrollo de la comunidad significa que los resultados deseables —como una buena nutrición— se obtienen a través de procesos sostenibles en los que interviene la participación. Una combinación de promoción y movilización “de arriba hacia abajo” y de petición de apoyo “de abajo hacia arriba” puede garantizar que tanto la comunidad como el gobierno se sientan responsables de los cambios satisfactorios.

8. Las políticas del gobierno deben reflejar el derecho a la nutrición.

Algunas políticas nacionales tienen un reflejo directo en la nutrición, como la yodación de la sal o los programas de inmunización, por ejemplo. Otros, como las políticas relativas a los salarios y los precios, afectan indirectamente la nutrición.

Con la ratificación de la Convención sobre los Derechos del Niño, los gobiernos tienen la obligación de respetar, proteger, facilitar y satisfacer las exigencias enmarcadas en la Convención. Todas las políticas deben por tanto analizarse en función de su repercusión real y potencial sobre la nutrición.

Las estrategias más importantes en materia de nutrición son aquellas relacionadas con los alimentos, la salud, el amamantamiento, la educación y el agua y saneamiento. Es preciso establecer sistemas de información nacionales sobre nutrición para obtener datos válidos sobre las repercusiones de estas estrategias. Las políticas deberían basarse en conocimientos derivados de una investigación pertinente y han de evaluarse constantemente para examinar sus consecuencias reales sobre la nutrición de las comunidades. Los sistemas de información sobre nutrición deben descentralizarse en la misma medida en que lo están los sistemas administrativos existentes, empezando con una supervisión basada en la comunidad.

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