La desnutrición es una emergencia en gran
parte silenciosa e invisible, que impone un tributo terrible sobre los
niños y sus familias. El resultado de numerosas causas, entre
ellas la falta de alimentos, la persistencia de enfermedades comunes que
se pueden prevenir, la atención deficiente y la falta de agua
potable, tiene una relación directa con más de la mitad de
los 12 millones de muertes de niños menores de 5 años que
ocurren cada año en los países en desarrollo, una proporción
que no tiene precedentes desde que la peste negra asoló Europa en
el siglo XIV. La desnutrición debilita los intelectos y mina la
productividad y el potencial de sociedades enteras. La pobreza, una de
las causas de la desnutrición, es también su consecuencia,
la herencia trágica de unos padres desnutridos a la siguiente
generación. El Estado Mundial de la Infancia de 1998
informa en detalle sobre la escala de las pérdidas y los pasos
que se han dado para tratar de detenerlas. Los centinelas del progreso
iluminan el sendero: cerca del 60% de la sal del mundo ha sido yodada, y
millones de niños se libran del retraso mental como consecuencia
de este avance. Los suplementos de vitamina A contribuyen a reforzar la
resistencia a las enfermedades en millones de niños y muy pronto
puede convertirse en una medida importante para ayudar a reducir la
mortalidad materna en todo el mundo. Las comunidades trabajan juntas
para individualizar sus problemas, decidir las opciones de que disponen
y tomar medidas, mientras que las mujeres surgen para desempeñar
funciones dirigentes que hacen surgir nuevos cambios en las vidas de las
gentes. Los niños tienen el derecho, reconocido por la ley
internacional, a una buena nutrición. El mundo tiene la obligación
de proteger este derecho, aprovechando la enorme experiencia obtenida y
el conocimiento científico que se ha alcanzado. Tomar medidas es
una acción posible e imperativa. |