Perspectiva: El elefante, pedazo a pedazo

Por Chaeli Mycroft

Algunas personas ven la discapacidad como una carga, otras como un don. Mi discapacidad me ha proporcionado oportunidades y experiencias únicas por las que no habría pasado de no ser discapacitada. Me siento feliz y agradecida por mi discapacidad, porque me ha convertido en la persona que soy ahora. 

No estoy diciendo que ser discapacitado sea algo fácil de sobrellevar. La situación es muy compleja y afecta a casi todos los aspectos de la vida. Pero confío que a lo largo de la mía pueda infundir confianza a otros jóvenes discapacitados para que vean su discapacidad como la oportunidad para centrarse no sólo en sus limitaciones, sino en sus aptitudes. 

Mi familia siempre me ha animado a que me centrara en mis aptitudes y nunca me ha visto o tratado con piedad, algo por lo que siempre les estaré eternamente agradecida, ya que me hicieron sentir igual que alguien sin discapacidades. También fui educada para saber que mi contribución es igual de importante que la de cualquier otra persona, y para defender a pie firme (metafóricamente) mis derechos. Mis amigas y amigos me ven como a una igual y aceptan que con mi discapacidad tenga a veces problemas para hacer las cosas del mismo modo que ellos, así que nos las ingeniamos para que yo participe en todo lo que hacemos. Por ejemplo, cuando éramos más jóvenes jugábamos al cricket y yo era la encargada de apuntar los tantos. 

El increíble respaldo que recibí me permitió trabajar con niños y niñas con discapacidad en Sudáfrica. Por ese motivo me concedieron el Premio Internacional de la Paz de la Infancia en 2011, un acontecimiento que ha cambiado mi vida de un modo sorprendente. La Fundación en favor de los derechos de los niños, que convoca anualmente el premio, me ha dado la oportunidad de difundir mi mensaje en todo el mundo y de conocer a gente que de otro modo nunca habría conocido. También pagan mi educación y están haciendo lo posible para que el año que viene pueda ir a la universidad con todos los ajustes necesarios a mi circunstancia física.  

Hay muchos niños y niñas con discapacidad a quienes no se les valora su talento y permanecen ocultos al mundo por miedo e ignorancia. Tenemos que darnos cuenta de que las personas con discapacidad son decisivas para nuestra población. Las personas con discapacidad somos con frecuencia las que pensamos de manera independiente porque no nos queda más remedio. Tenemos que lograr que nuestras discapacidades trabajen a favor nuestro y no en contra, y enseñar a los demás a que actúen con afecto y empatía. La empatía es algo de lo que el mundo está muy necesitado. 

Creo que hay dos temas muy importantes que se deben abordar a nivel mundial: la accesibilidad y las actitudes. Estos asuntos están interconectados y no pueden manejarse por separado. Si la gente de todo el mundo pudiera cambiar su actitud hacia la discapacidad pasando de la piedad, vergüenza e inferioridad a otra postura de generosidad, aceptación e igualdad, se verían sorprendentes progresos. Las actitudes positivas pueden conducir a mejorar la accesibilidad, del mismo modo que la inaccesibilidad expresa la opinión de que las necesidades de las personas con discapacidad son menos importantes que las de quienes no las tienen, una actitud de consecuencias negativas para las personas con y sin discapacidades. 

Un cambio mejorado de actitud también podría ayudar a abordar otros asuntos más importantes, como los de transmitir nuestra experiencia educativa. Yo he recibido educación de todo tipo de centros al que una persona con discapacidad puede asistir: escuelas de educación especial, escuelas ordinarias públicas de primaria y secundaria, un colegio privado de secundaria convencional. Yo no diría que soy una experta, pero hay muchas cosas que puedo decir por experiencia. No siempre fue fácil ni sencillo, ciertamente. A menudo tenía que enfrentarme a problemas y muchas veces me sentía increíblemente infeliz. Luché con todas mis fuerzas para sentirme incluida y para hacérselo más fácil a los que vengan detrás de mí. Estoy acabando mis estudios secundarios en un lugar en el que estoy totalmente incluida y aceptada. Cuando pienso en todo esto, lo único que siento es alivio, alivio por no tener ya que luchar tanto por mi propia felicidad. Ahora puedo, con fuerzas renovadas, luchar por otras personas con discapacidad y por su derecho a ser felices. 

Quizás pueda parecer que soy siempre una persona excesivamente positiva. Pero no es cierto. He tenido muchos problemas, y estoy segura de que no han terminado. Lo que hace que la balanza se incline positivamente es el hecho de que estoy rodeada de personas que creen en mi capacidad y son optimistas respecto a mi contribución a la sociedad, que compensan mis días negativos. La verdad es que por ese motivo los quiero mucho. 

Mi objetivo en la vida es conseguir que la discapacidad llegue a ser algo que esté completamente aceptado y admitido por la comunidad mundial. Quizás sea una ardua tarea y puede que tenga muchas vertientes, pero creo que es totalmente posible. 

Hay que empezar por creer. Yo creo en mis aptitudes; creo de todo corazón que puedo hacer que se produzca un cambio, que puedo cambiar vidas. Si las personas con discapacidad no creen en sí mismas o si los demás no creen en ellos, yo lo haré, y confío en que mi optimismo se extenderá y estimulará más aptitudes positivas. Esto puede que sea insignificante para algunos, pero aun así es un cambio. 

El elefante, pedazo a pedazo.

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