Perspectiva: Niños y niñas con discapacidad y derechos humanos universales

Por Lenín Voltaire Moreno Garcés

No puede haber un ejercicio universal de los derechos humanos a menos que todas las personas, hasta las más vulnerables, puedan disfrutar plenamente de esos derechos. Impulsada por esa convicción, la Vicepresidencia de la República del Ecuador ha concentrado sus esfuerzos en la evaluación y la mejora de la situación de las personas con discapacidad, empezando para ello con los niños y niñas de todo el país. 

A partir de julio de 2009, en el marco del proyecto Misión Solidaria Manuela Espejo, hemos realizado una serie de encuestas en todo el Ecuador. Tras visitar 1.286.331 hogares en las 24 provincias y 221 cantones del país, localizamos a 293.743 personas con discapacidad. De ellas, alrededor del 24% del total tenían discapacidad intelectual, mientras que el resto, 76%, tenían discapacidad física o sensorial. Calculamos que la prevalencia de formas graves de discapacidad superaba el 2% de la población nacional, según el censo de 2010.

Descubrimos que unos 55.000 niños y niñas menores de 18 años tienen discapacidad en el Ecuador, lo que representa alrededor del 19% de todos los habitantes del país con discapacidad. Desde junio de 2012, esos niños y niñas han recibido 87.629 donaciones de ayuda técnica, consistentes en sillas de ruedas, andadores, colchones antilla-gas, bastones, audífonos y kits visuales, según sus necesidades. También se crearon tres nuevos talleres de fabricación de prótesis de los que se espera que en 2012 produzcan 1.960 prótesis y productos ortopédicos para los niños y niñas con discapacidad. 

Descubrimos también que muchas familias viven en circunstancias extremadamente difíciles. El cuidado de los niños y niñas con discapacidad grave puede resultar especialmente costoso y, en algunos casos, obligar a las madres a abandonar a sus hijos para ganar dinero. Por eso se crearon los bonos Joaquín Gallegos Lara, que proveen el equivalente de 240 dólares mensuales en ayuda financiera a las personas a cargo inmediato de niños, niñas o adultos con discapacidad. Como parte de esa iniciativa, también se ofrece capacitación en materia de primeros auxilios, higiene y rehabilitación. De esa manera, el Ecuador recompensa por primera vez la obra de amor que realizan las familias que atienden a sus integrantes con discapacidad. Desde junio de 2012, ese subsidio ha beneficiado a 6.585 menores con discapacidad, de los cuales el 43% son niñas. 

Además de prestar ayuda, nuestro enfoque otorga importancia a la detección de la discapacidad y la intervención tempranas. 

Para 2012, en el país se habían realizado exámenes de audición a 1,1 millones de niños menores de nueve años y se había dado respaldo a la intervención temprana. A tal fin, se dotó a la red de establecimientos del Ministerio de Salud Pública de 

1.401 consultorios de exámenes y diagnósticos de problemas auditivos; se brindó capacitación a 1.500 profesionales de la salud especializados; se establecieron 30 departamentos de servicios de terapia del habla; y se suministraron 1.508 audífonos. 

Para 2013 se habrá examinado a 714.000 niños y niñas en 24 centros de servicios para personas con discapacidad visual, y espe-ramos que unos 2.500 reciban soportes visuales que les ayuden a mejorar la vista o a valerse por ellos mismos si tienen ceguera. 

Asimismo, hemos puesto en marcha “Con pie derecho: la huella del futuro”, un programa nacional de detección de los problemas congénitos de salud tratables en los recién nacidos. Para diciembre de 2011, se había examinado a 98.034 recién nacidos como parte de ese programa, y de esa manera se pudieron detectar 30 casos congénitos de hipotiroidismo, galactosemia, hiperplasia suprarrenal congénita y fenilcetonuria. Esos 30 niños y niñas recibieron atención contra males que, de no ser tratados en las primeras semanas o los primeros meses de vida, podrían haber causado problemas cognitivos y del habla y temblores, entre otros. 

Además del apoyo biosocial y el fomento y respaldo a la intervención temprana, promovemos la inclusión social y cultural. Bajo el lema “Ecuador alegre y solidario”, se han realizado en todo el país festivales en los que han participado unos 70.000 niños, niñas y adolescentes con y sin discapacidad. A fin de crear entornos adecuados para la integración, se fomentan los juegos y entretenimientos. En los festivales, las personas con discapacidad cumplen funciones de instructores de ejercicios físicos, artes y manualidades, juegos y narración de cuentos. 

Unos 7.700 niños, niñas y adolescentes marginados o vulnerables logran ahora avanzar en su desarrollo personal, adquirir más autoestima e integrarse más eficazmente en la sociedad por medio de actividades como los bailes, la música y la literatura. Entre ellos figuran unos 1.100 niños, niñas y adolescentes que participan en el Circo Social y Artístico, una iniciativa que se lleva a cabo con la colaboración de la compañía de espectáculos canadiense Cirque du Soleil. 

Todas estas innovaciones han despertado el interés de los vecinos del Ecuador, que en varios casos tratan de aprender más acerca de nuestra experiencia. Lo primero que hay que recalcar es que no podemos perder más tiempo. Ningún niño ni ninguna niña debería tener que esperar para recibir los servicios y el apoyo a los que tiene pleno derecho, y esto es algo que resulta particularmente cierto en el caso de los niños y niñas con discapacidad, ya que su grado de vulnerabilidad puede aumentar con el tiempo. 

Los gobernantes debemos abordar esta tarea de inmediato. Debemos comprender que la discapacidad no constituye un problema sino que se trata más bien de una circunstancia. A nosotros nos cabe la responsabilidad, independientemente del lugar que ocupemos o de la función que desempeñemos, de ayudar a que nuestros ciudadanos y ciudadanas más jóvenes se integren plenamente en nuestra sociedad. No podemos ni siquiera soñar con tener un país con justicia social, donde se respeten los principios de la buena vida, a menos que garanticemos que las personas con discapacidad, y especialmente los niños, niñas y adolescentes, puedan disfrutar plenamente de sus derechos. 

Discapacidad no es sinónimo de incapacidad, es parte de la maravillosa diversidad que enriquece a la humanidad. 

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