Perspectiva: Abrir las puertas a la educación y al empleo

Por Ivory Duncan

Como yo, un gran número de personas jóvenes con discapacidad tratan de alcanzar un futuro que no pueden dar por sentado. ¿Podremos superar los obstáculos físicos y financieros que supone la educación superior? Si conseguimos graduarnos en la universidad o en la escuela de formación profesional, ¿qué tipos de trabajos nos esperan? ¿Tendremos igualdad de oportunidades, podremos hacer frente a la discriminación? ¿Tendremos la posibilidad de demostrar nuestra valía en el competitivo mundo del empleo? Y si no es así, ¿cómo podremos ser ciudadanos y productores plenos, miembros de la sociedad en el mismo pie de igualdad que todos aquellos que no tienen discapacidades? 

Perdí la pierna después de un accidente de tráfico cuando tenía 15 años. Mis padres, que son personas de escasos recursos, lograron perseverar para ayudarme a pagar los gastos a fin de que pudiera recibir una educación universitaria, a pesar de que tenían que criar a otros dos niños con discapacidad. La vida puede ser dura, pero yo agradezco mi buena fortuna: tengo una familia cariñosa y estoy trabajando para cumplir mi sueño, que es recibir un título y tener una carrera. 

Satisfacer nuestros sueños conlleva un esfuerzo que no se exige a los jóvenes sin discapacidades. 

Para ir a la universidad desde mi casa, no tengo otra posibilidad que tomar un taxi, porque la otra forma sería tomar un bote 

o cruzar el puente del puerto de Demerara, nada de lo cual resulta posible en mi silla de ruedas. Pagar un taxi es caro, y mis padres luchan para llegar a fin de mes. Asistir a la universidad también supone un desafío físico. Resulta difícil ir de una clase a otra porque las aulas no suelen ser accesibles a los usuarios de sillas de ruedas. Hay largas escaleras, y cuando finalmente consigo llegar a clase, estoy cansada y frustrada, y me resulta difícil concentrarme en lo que dice el profesor. Pero trato de hacerlo porque sé que es mejor intentar y no conseguirlo, que no intentarlo. 

Los problemas comenzaron mucho antes de llegar a la educación superior. Resulta fácil encerrar a los niños y niñas con discapacidad y esconderlos de la sociedad, lo que les impide acudir a la escuela o realizar una contribución significativa a la sociedad. Se les debería alentar a acudir a las escuelas generales si es posible, al mismo tiempo que debería de haber escuelas espe-ciales que incluyan la formación profesional y servicios de apoyo. Las escuelas con necesidades especiales deberían ofrecer un plan de estudios completo para los estudiantes con discapacidad, a fin de ayudarles a ampliar sus conocimientos y proporcionar les oportunidades para lograr la excelencia académica. 

Muchos niños y jóvenes con discapacidad quieren recibir una educación superior, así que es muy importante que ingresen en las escuelas y en otras instituciones de aprendizaje y reciban las mismas oportunidades que otros estudiantes en lo que se refiere a escoger los cursos y las actividades. Depende de las instituciones educativas y de los gobiernos acomodar y apoyar a los estudiantes como yo para que podamos recibir la educación que necesitamos y lograr cualquier tipo de objetivo que tengamos. 

Acomodar a los niños y los jóvenes con discapacidad requiere cosas como ajustar los requisitos y los criterios de entrada para aprobar, y garantizar que los materiales de aprendizaje, los exámenes y los horarios de clase tengan en cuenta nuestras necesidades. Es necesario capacitar apropiadamente a los maestros y ofrecerles la posibilidad de recibir instrucción adicional en otros países a fin de mejorar la calidad de la educación. Las escuelas deben enseñar braille y otras formas de comunicación cuando sea necesario, y también existe una gran necesidad de instalar equipos especiales, que son inexistentes en muchas escuelas de Guyana. Lograr que las instituciones educativas tengan en cuenta las discapacidades significa también establecer instalaciones y servicios de transporte que las personas con discapacidad puedan utilizar; debe haber rampas para los usuarios de sillas de ruedas, lavatorios accesibles y ascensores para personas que no pueden subir las escaleras. Es preciso que todos los aspectos y todos los niveles de la educación, desde la escuela elemental a la universidad, sean accesibles. 

Los ministerios de educación y los servicios públicos deben también trabajar juntos para prestar asistencia a aquellos estudiantes con discapacidad que tengan una vocación académica y que deseen avanzar más allá de la educación secundaria. Debido a que las dificultades financieras son una de las principales razones por las que los jóvenes con discapacidad no consiguen continuar su educación, esta asistencia debería incluir subvenciones, préstamos y becas. 

Los gobiernos tienen que garantizar también que la educación abra las mismas puertas a los estudiantes con discapacidad, como lo hace con todos los demás. Mi padre y mi madre han empleado mucho esfuerzo y mucho dinero, más de lo que pueden costear, para ayudarme a acudir a la escuela y a la universidad, y ahora yo estoy trabajando duro, a pesar de los desafíos, para acudir a clase y aprender, porque sé que es lo que necesito hacer para mejorar mi vida. Por ello, me gustaría tener también la confianza en que cuando me gradúe y busque un trabajo, no sufriré de discriminación debido a mi discapacidad, sino que se reconocerán mis capacidades, mis cualificaciones y mi potencial. Como persona joven con una discapacidad que ha trabajado muy duro para educarse a sí misma, merezco igual que todos los demás la oportunidad de satisfacer mis sueños, ganarme bien la vida y contribuir a nuestra sociedad. 

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