Perspectiva: Mi hijo Hanif

Por Mohammad Absar

Mi hijo Hanif tiene nueve años y está en segundo curso. Cuando tenía cuatro años, sufrió una caída mientras jugaba. Comenzó a quejarse de que le dolía la pierna; se le hinchó y se le puso roja. Le llevamos al hospital de Chittagong. Los médicos de allí intentaron salvarle la pierna a Hanif, pero estaba muy infectada y decidieron amputársela. 

Después de haber perdido la pierna, los otros niños le atormentaban llamándole “cojo” o “monstruo sin pierna” y le empujaban al suelo cuando intentaba jugar con ellos. Se burlaban también de su hermano, que padece una enfermedad mental. Esto me producía tristeza, y a mi mujer le enojaba mucho. Discutía con las personas que decían cosas malas de sus hijos. En cuanto a Hanif, comenzó a negarse a salir a la calle. Se sentía muy desgraciado. 

Las cosas empezaron a mejorar cuando la organización no gubernamental para el progreso de las comunidades pobres de la región comenzó a celebrar reuniones en nuestra zona con el objeto de concienciar acerca de la discapacidad y de animar a las personas a que mantengan una actitud positiva para con los que tienen necesidades especiales. 

Un rehabilitador de la organización para el progreso de las comunidades pobres visitó nuestro hogar acompañado de un profesor de la escuela primaria. Nos animaron a matricular a Hanif en la escuela. Dado que la escuela de educación primaria se encuentra a medio kilómetro de nuestra casa, tenía que llevar a mi hijo a la escuela todas las mañanas. Abrí un pequeño puesto junto a la escuela para poder estar ahí y llevarle a casa al final del día. Al principio, Hanif lo pasó muy mal en la escuela. Sus compañeros, al igual que sus amigos del vecindario, se burlaban de él y le insultaban. 

Un día, el rehabilitador nos informó de que el Centro sobre Discapacidad durante el Desarrollo, una organización no gubernamental de ámbito nacional radicada en Dhaka, le proveería a mi hijo una pierna artificial. Viajamos a la capital, donde se le colocó a Hanif una prótesis y durante varios días se le enseñó a usarla. También recibió un par de muletas. Su muñón es bastante pequeño, por lo que le resulta un poco difícil subir escaleras. Aparte de eso, ahora ya puede hacer casi todo él solo. 

Al principio de colocarle la pierna, la gente no dejaba de mirarle; estaban muy asombrados de verle andar de nuevo. Ni yo mismo imaginé que fuera posible. Algunos de nuestros vecinos venían a visitarnos a casa sólo para ver la prótesis. 

Ahora que mi hijo puede caminar de nuevo y participar en todo tipo de actividades, el resto de los niños han dejado de insultarle. Ya no le tiran al suelo. Y ya no tengo que llevar a Hanif a la escuela: va él solo, y a sus compañeros parece que les gusta ir con él. Lo más impor-tante es que Hanif se siente más feliz y más seguro. Su pierna artificial le permite ser independiente, y ya no se siente inferior al resto de los niños. Va mejor en la escuela, y ahora puede disfrutar deportes como el cricket y el fútbol con sus compañeros. 

Un rehabilitador ha visitado la escuela de Hanif en varias ocasiones a fin de celebrar reuniones para concienciar sobre la discapacidad y sobre la importancia de una educación incluyente. El entorno que rodea a Hanif está más adaptado que nunca a las necesidades de las personas con discapacidad. En su escuela hacen todo lo posible por satisfacer sus necesidades. Por ejemplo, como Hanif tiene problemas para subir escaleras y una de sus clases iba a impartirse en la 1ª planta, el director de la escuela accedió a trasladarla al piso bajo para que a Hanif le fuera más fácil asistir. 

En la escuela, Hanif disfruta pintando. Fuera de la escuela y en los recreos, le encanta jugar. Cuando sea mayor quiere ser profesor, como sus maestros e ídolos, el Sr. Arup y el Sr. Shapan. Ellos quieren mucho a Hanif y le apoyan en todo lo que pueden. Dado que nuestra familia es muy pobre, el Centro de Discapacidad durante el Desarrollo sufraga el coste de la pierna artificial de mi hijo y los gastos asociados, por medio del proyecto conocido como “Derechos para las personas con discapacidad”, que auspicia la Fundación Manusher Jonno. Si Hanif tiene algún problema con la prótesis, los rehabilitadores vienen a casa y lo solucionan. Le han tenido que ajustar la pierna a medida que Hanif ha ido creciendo. 

Hanif recibe también un sueldo de 300 takas bangladesís cada mes del departamento de servicios sociales de nuestro distrito. Yo le llevo al banco de nuestra localidad a cobrar su subvención. Hanif necesitará apoyo adicional para asegurar que puede proseguir con su educación de forma ininterrumpida. 

Ante todo, deseo que mi hijo tenga una buena educación. La educación le dotará de los medios necesarios y le orientará para que pueda construirse una vida útil. Creo que lo mejor para Hanif sería un trabajo de oficina, para que no tenga que andar o estar de pie mucho tiempo. Quizás pueda trabajar con una organización como el centro sobre discapacidad en el desarrollo, donde el entorno es muy propicio para las personas con discapacidad. He conocido a personas con distintas discapacidades que trabajaban allí. Un entorno así permitiría a mi hijo dar lo mejor de sí en el trabajo y a la vez asegurarse una posición honrada. Quizás se convierta en un ejemplo: mira a Hanif y verás cómo, con el apoyo y el estímulo adecuado, las personas con discapacidad pueden ser útiles en la sociedad.

x Hacer un donativo
Confirme su país y se le dirigirá a la página de donativos apropiada:
Ubicación: