S.M. la Reina Rania Al Abdullah de Jordania

Invisibles e inaccesibles

La mitad de la población del mundo vive ahora en ciudades. A lo largo de la historia, la vida urbana, en la que tanta humanidad se concentra, ha sido un catalizador del comercio, las ideas y las oportunidades, que han hecho de las ciudades un motor del crecimiento económico. En la actualidad, vivir en una ciudad es, según una opinión muy extendida, la mejor manera de lograr la prosperidad y de escapar de la pobreza. Sin embargo, ocultos en el interior de las ciudades, envueltos en un manto de estadísticas, hay millones de niños que luchan para sobrevivir. No se encuentran ni en las zonas rurales ni en barrios genuinamente urbanos. Viven en la miseria, en terrenos donde la ciudad se ha desbordado, aumentando la población pero no la infraestructura ni los servicios fundamentales. Estos son niños que habitan en tugurios y que carecen de vecindarios, niños que soportan las numerosas cargas que conlleva vivir en esa zona gris entre el campo y la ciudad, invisibles a los ojos de las autoridades, perdidos en un mundo confuso de promedios estadísticos que ocultan la desigualdad.

El contraste no podría ser más irónico. Las ciudades, donde la niñez disfruta de buenas escuelas y de atención sanitaria accesible, es donde también está expuesta a mayores sufrimientos, privada de sus derechos humanos básicos a la educación y a una vida de oportunidades. Una al lado de la otra, con la riqueza y la pobreza yuxtapuestas, en ninguna otra parte la iniquidad que supone la falta de equidad es tan obvia como en una ciudad.

En el transcurso de una década, el estado de la niñez urbana ha empeorado en el mundo. El número de personas que vive en barrios marginales ha aumentado en más de 60 millones. Se trata de madres y padres, abuelas y abuelos, hijos e hijas, que tratan de ganarse difícilmente la vida en las villas miserias de todo el mundo. Con las desventajas directas de la pobreza urbana –enfermedades, delincuencia, violencia– vienen las indirectas, las barreras sociales y culturales, como el género y la etnia, que niegan a los niños y niñas de los barrios marginales la oportunidad de terminar la escuela primaria o incluso de llegar a matricularse en ella. La educación queda fuera de su alcance porque no hay suficientes escuelas públicas o los costos son demasiado altos. Las agrupaciones religiosas, las organizaciones no gubernamentales y los empresarios intentan salvar la brecha, pero luchan sin apoyo o regulaciones del gobierno. Debido a que la mejor probabilidad de escapar al destino de sus padres y madres elude a estos niños, el ciclo de la indigencia se prolonga.

En el mundo árabe los hechos son claros: más de un tercio de la población urbana vive en asentamientos no estructurados y en barrios marginales. Estos ambientes son peligrosos para los niños; la falta de saneamiento adecuado y de agua potable constituye una grave amenaza a su bienestar. En algunos países árabes menos adelantados, el hacinamiento en casas improvisadas agrava las precarias condiciones de salud de estas familias vulnerables.

Para los niños palestinos, la vida en la ciudad puede ser deprimente. Con demasiada frecuencia supone la presencia de armas y puntos de control, inseguridad y temor. No obstante, su mayor esperanza es su orgullo nacional: una creencia profundamente arraigada en la educación, la cual saben que es esencial para edificar una vida y reconstruir su país. Sin embargo, desde 1999, a lo largo de los territorios palestinos ocupados, el número de niños de edad escolar de primaria que están fuera de la escuela ha saltado de 4.000 a 110.000, un asombroso aumento del 2.650%. En Gaza, uno de las zonas más densa•mente pobladas del mundo, el acceso a la educación y su calidad se han deteriorado rápidamente. En interés de esos niños y de la importantísima búsqueda de la paz regional, debemos deponer nuestra cólera y nuestra angustia y darles la infancia que merecen, la infancia que esperamos para nuestros propios hijos, llena de recuerdos felices y de igualdad de oportunidades.

En unos pocos países árabes se está reescribiendo el destino de la infancia urbana desfavorecida. En Marruecos, el programa del gobierno “Ciudades sin barrios marginales” espera mejorar el nivel de vida de aproximadamente 300.000 hogares. Al captar a los bancos y a los constructores de viviendas, se hace posible la obtención de una “triple victoria” para los pobres, el gobierno y el sector privado. En Jordania también se hacen grandes progresos. Ammán se encuentra entre las primeras ciudades de la región que tienen en cuenta a los niños, con más de 28.000 estudiantes que participan en concejos municipales de niños a fin de dar prioridad a sus necesidades, derechos e intereses. Los resultados han sido impresionantes: parques, bibliotecas, espacios comunitarios, apoyo docente para niños que abandonan la escuela, campañas contra la violencia y el abuso y centros de tecnología de la información y la comunicación para los sordos.

Sin embargo, para que los niños y niñas árabes –y todos los niños– prosperen, las naciones tienen que trabajar mancomunadamente. Tenemos que compartir recursos, adoptar y adaptar iniciativas exitosas de todas partes del mundo y alentar a nuestros sectores privados a interrelacionarse con familias desfavorecidas, de manera que podamos rescatar a los rezagados. En las ciudades de todo el mundo, los niños que son inaccesibles con frecuencia son también invisibles. Si hemos de acrecentar sus esperanzas y sus perspectivas, tenemos que ahondar en los datos, deshacer prejuicios muy arraigados y darle a cada niño una oportunidad igual en la vida. Sólo de este modo podemos promover realmente la situación de todos los niños y niñas del mundo.

Recuadros

Una serie de recuadros cortos definen los términos y conceptos relevantes para la vida urbana y la infancia.

Recuadros >>

Enfoque

Recuadros temáticos que examinan en detalle las cuestiones específicas que enfrentan los niños que viven en las zonas urbanas. Este año, la serie Enfoque incluye paneles sobre las desigualdades urbanas, la cartografía, la reducción del riesgo de desastres, Ciudades acogedoras para la infancia, datos intra-urbanos y mucho más.

Enfoque >>

Perspectivas

La infancia urbana es importante: ve lo que jóvenes, expertos, embajadores de buena voluntad y defensores de los derechos del niño tienen que decir. La serie de ensayos ofrece una perspectiva personal a los temas críticos que enfrentan los niños que crecen en las zonas urbanas.

Perspectivas >>