Paolo Nájera, 17 años, Costa Rica

Mantener la llama encendida: El derecho de adolescentes indígenas a la educación y los servicios de salud

Cuando miro las perspectivas que tiene por delante mi pueblo térraba, me descorazona ver la tierra agotada y el río secándose. Si bien no conozco mucho del mundo, sé distinguir lo bueno de lo malo, y sé que esta terrible realidad no es culpa suya. La antorcha de la resistencia pasó de mi bisabuelo a mi abuelo, a mi padre y a mí, y simboliza nuestro deseo de conservar viva a nuestra comunidad. Mi esperanza es que nuestra cultura indígena y su lengua perduren.

El problema es que mis hermanos temen vivir como indios térrabas. Las presiones externas, las burlas, la discriminación y la indiferencia por nuestros derechos fundamentales casi han llevado nuestra lucha de siglos por la supervivencia a un punto de ruptura*, incluyéndome a mí, no nos han dado ni escuelas ni centros de salud adecuados, ni han respetado la integridad de nuestra tierra.

Queremos que se proteja nuestro estilo de vida y que nuestro territorio no sea invadido por compañías industriales que destruyan la armonía que hemos pre-servado: armonía por el que nuestro pueblo ha pagado con el derramamiento de su sangre. Esto, sin embargo, no significa que queramos estar excluidos del mundo. Sólo pedimos respeto por nuestros derechos humanos básicos: el respeto que todo ser humano merece en este mundo. Pedimos que nos vean y nos escuchen.

Gracias a mi querida escuela térraba, me siento orgulloso de ser uno de los primeros y de los pocos de mi grupo indígena en alcanzar la educación superior y asistir a la universidad en mi país. El sistema educativo en Costa Rica es insuficiente, y resulta aún peor para las comunidades indígenas. La desigualdad impera en el aula, y el sistema no busca preservar ni nuestra identidad ni nuestra existencia como indios. Veo la falta de inversión del Gobierno en la cultura indígena que se refleja en los maestros que dan sus lecciones con materiales obsoletos o que enseñan debajo de un árbol. Creo que el Gobierno no ve las ventajas que la educación le puede traer a nuestro país, ni el beneficio de invertir en la educación de la juventud indígena.

Para ofrecer una educación de calidad, nuestros maestros deben contar con aulas adecuadas y libros de textos nuevos. ¡Si tan sólo los niños de mi aldea pudieran tener acceso al mundo a través de una computadora como los niños de cualquier otra parte! Me entristece que les hayan negado su derecho a la educación y a lograr el máximo de sus posibilidades.

El color de la piel importa en Costa Rica. Si aquí existiera igualdad, las niñas de mi aldea tendrían las mismas oportunidades que las niñas de otras regiones del país: un mejor acceso a la tecnología y a la escuela secundaria. Estarían preparadas para promover y defender nuestra cultura.

Espero que llegue el momento en que la gente se interese de veras en escuchar y en ayudar a los indígenas, un momento en el que yo no sería uno de los pocos jóvenes indígenas en escribir un ensayo acerca de esto, a la espera de que sea leído y comprendido. Con auténtica equidad tendríamos centros de salud permanentes en territorios indígenas, y nuestra educación secundaria incluiría lecciones en nuestra propia cultura e idioma como parte del programa de estudios básico. A pesar de que nos hayan inducido a olvidar nuestra lengua y a avergonzarnos de nuestro modo de vida, nos aferramos a nuestros sueños y a nuestra voluntad de ser indígenas térrabas.

Recientemente, Paolo Nájera se vio obligado a abandonar la escuela debido a los efectos de la crisis económica en su comunidad y en su familia. El objetivo de Paolo es trabajar en el campo del desarrollo a fin de mejorar la vida de comunidades indígenas, como la suya, en Costa Rica.

*Costa Rica tiene ocho pueblos indígenas reconocidos oficialmente –bribris, cabécares, bruncas, ngobes o guaymíes, huétares, chorotegas, malekus y téribes o térrabas– de los cuales aproximadamente la mitad viven en 24 territorios indígenas, cuya población asciende a 63.876 individuos (el 1,7% de la población total del país). Los térrabas, descendientes de los téribes de la costa atlántica de Panamá que fueron obligados por los misioneros a migrar a Costa Rica a fines del siglo XVII, son el segundo grupo más pequeño, con una población de 621 personas, según el censo nacional de 2000. Su territorio está localizado en la reserva Bóruca-Terre, que se encuentra en el cantón de Buenos Aires, en la parte sur de Costa Rica.

Recuadros

El estado mundial de los adolescentes, los desafíos que enfrentan en materia de salud, educación, protección y participación, y los riesgos y la vulnerabilidad de esta etapa fundamental se miran de cerca en una serie de paneles en el informe, disponible en formato PDF.

Ensayos

Adultos y adolescentes fueron invitados a dar sus opiniones sobre los temas críticos que enfrentan los adolescentes en el siglo 21.