Emmanuel Adebayor

Concienciar a través de los deportes: Detener el avance del VIH entre los jóvenes

Yo crecí en Lomé, el Togo. La pasión y el amor que sentía por el fútbol se alimentaban de mi deseo de jugar con amigos, competir, ganar, y, naturalmente, a veces también perder. En la actualidad, mi profesión me brinda la oportunidad de ver cómo personas de diferentes entornos, religiones y creencias se congregan para asistir a un emocionante partido de fútbol. Al hacerlo están celebrando la diversidad desde todos los rincones del planeta. Los deportes y los juegos poseen la especial virtud de salvar las barreras culturales y las diferencias generacionales. Es cierto que a los jóvenes en ocasiones les resulta difícil comunicarse con los adultos, pero participar en actividades deportivas brinda a las familias, los amigos, y quizás incluso a los enemigos, una ocasión para dejar a un lado las diferencias y aclamar al unísono.

Estoy muy agradecido de poder dedicarme al fútbol profesional y de formar parte de equipos de primera clase. No obstante, durante todo el tiempo que llevo jugando, he sido siempre muy consciente de que mi país de origen –pese a ser culturalmente rico y dinámico– padecía los efectos de la pobreza, la salud precaria y la falta de acceso a la educación. He sido testigo directo de los efectos del VIH en África. Me di cuenta de las extraordinarias dificultades que enfrentan los jóvenes que viven con el VIH, en especial los que sufren marginación, que viven una vida de pobreza y desesperanza, y los que están en situación de mayor riesgo: las niñas adolescentes. En África subsahariana, una abrumadora mayoría de todos los casos de infección en personas jóvenes son niñas. A menudo se ignora su voz. Estos mismos jóvenes padecen estigmatización, discriminación y exclusión.

Motivado por lo que había presenciado, en 2008 comencé a colaborar con ONUSIDA para concienciar acerca del VIH, en particular a los jóvenes, dado que en el fútbol la mayoría de nuestros aficionados son jóvenes. Aproveché la oportunidad que se me brindaba de promover una causa que precisaba atención especial. Gracias a ONUSIDA, tengo ocasión de transmitir un mensaje que puede salvar vidas a jóvenes que quizás no tengan acceso a la información que yo poseo sobre el VIH. Todos debemos aportar nuestro grano de arena.

El VIH destaca no sólo por la cantidad de personas que viven con el virus, sino porque sabemos cómo prevenirlo. De los 2,5 millones de personas menores de 15 años infectadas que hay en el mundo, más del 90% viven en África subsahariana. Según los datos más recientes, en el Togo hay 120.000 personas que viven con el virus, en una población de 6,6 millones. Muchas de ellas contrajeron la infección a una edad temprana. Sólo 1 de cada 7 mujeres jóvenes del Togo comprende cuáles son las vías de transmisión del VIH.

Durante mi primer año como Embajador de Buena Voluntad, comprendí que hay una diferencia entre ofrecer información clara y precisa sobre prevención, tratamiento y apoyo en relación con el VIH, y lograr cambiar la actitud, las creencias y el comportamiento de las personas hacia los que están infectados o a los que se considera vulnerables a la infección por VIH, que es un desafío mucho mayor. Muchas de las personas que viven con el VIH continúan padeciendo discriminación, o se niegan a acudir a los centros de asesoramiento, a recibir orientación sobre prevención de la transmisión materno-infantil, o a acudir a que se les administre tratamiento antirretroviral por temor a la alienación social. En África subsahariana, 12 millones de niños y niñas han quedado huérfanos por causa del sida. Solamente en el Togo, son 88.000 los que han perdido a uno o ambos progenitores debido a esta epidemia, y el 94% de ellos no reciben ningún tipo de apoyo médico, educativo o psicológico.

Para que los jóvenes tengan una oportunidad de dar de sí todo su potencial es urgente que sepan cómo protegerse de la infección por VIH y dónde pueden recibir asesoramiento y tratamiento. Sólo así podremos detener el avance del VIH. Espero servir de inspiración para que los adolescentes de todo el mundo se expresen acerca de las cuestiones relacionadas con el VIH con la misma energía que yo mismo y otros defensores empleamos.

Gracias a la popularidad creciente del fútbol, los deportes desempeñan un papel fundamental como vehículo para el cambio. El VIH puede prevenirse si cada una de las personas pone de su parte para detener su propagación. Yo, al igual que todos, he experimentado dificultades en la vida, pero también he tenido la suerte de disfrutar del éxito en el fútbol. Cada vez que juego me doy cuenta del poder que poseen los jóvenes. Hay mucha más gente joven en este planeta que nunca an- tes. Su energía y su dinamismo suponen una magnífica oportunidad para el cambio. Superar el VIH es algo que les debemos, para que los jóvenes del futuro puedan vivir en un mundo libre de VIH.

Emmanuel Adebayor es jugador de fútbol profesional. En 2008 fue nombrado Futbolista Africano del Año. En 2009 fue nombrado Embajador de Buena Voluntad del Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/sida (ONUSIDA), y continúa sirviéndose de su popularidad para concienciar sobre la epidemia a escala mundial, en particular sobre la importancia de prevenir nuevas infecciones entre los jóvenes.

Recuadros

El estado mundial de los adolescentes, los desafíos que enfrentan en materia de salud, educación, protección y participación, y los riesgos y la vulnerabilidad de esta etapa fundamental se miran de cerca en una serie de paneles en el informe, disponible en formato PDF.

Ensayos

Adultos y adolescentes fueron invitados a dar sus opiniones sobre los temas críticos que enfrentan los adolescentes en el siglo 21.