Brenda García, 17 años, México

Recuperar Tijuana: Poner fin a la violencia relacionada con las drogas

Yo crecí en Tijuana, y a menudo escuchaba relatos de los tiempos en que se consideraba la tierra prometida de México. Esta ciudad fronteriza situada en la frontera entre los Estados Unidos y México representaba la esperanza para los colonos procedentes de otras partes del país, como mis abuelos, que buscaban un mejor nivel de vida. Tijuana crecía y se iba convirtiendo en una de las ciudades más prósperas de México. Según me han contado, los índices de empleo y asistencia a la escuela aumentaron de forma notable, la población se sentía segura, y los fines de semana, la Avenida de la Revolución, la principal avenida comercial, estaba llena de turistas procedentes de los Estados Unidos.

Conforme fui creciendo y comencé a leer periódicos locales, me di cuenta de que estaban ocurriendo cosas malas. A lo largo de los últimos años, una ola de delitos violentos relacionados con el narcotráfico ha golpeado Tijuana y otras ciudades mexicanas. Secuestros, tortura, asesinatos, persecuciones, amenazas, intervención militar, vidas inocentes destruidas... todo ocurría en el lugar donde nací. Tijuana es hoy uno de los lugares más peligrosos del país, lo que ha supuesto la ruina de la industria turística y ocasionado la pérdida masiva de empleos.

En el último año hemos logrado avanzar: algunos de los principales líderes del cártel de drogas han sido arrestados y la influencia del narcotráfico ha disminuido. Sin embargo, con la interrupción de la actividad del cártel, la violencia ha aumentado y puede que empeore antes de mejorar. Debido a la crisis económica mundial y al aumento de la violencia, muchos mexicanos han emigrado a los Estados Unidos. Muchos residentes están aterrorizados y evitan salir de sus hogares; otros dicen que es un asunto entre delincuentes en el que ellos no tienen nada que ver. Pero ¿cómo pueden volver la mirada hacia otro lado cuando se nos habla de un tiroteo en un hospital o a las puertas de un jardín de infancia?

Existe una diferencia entre la apatía y la ignorancia. Yo era ignorante. Creía que Tijuana era una ciudad pacífica y que las historias que contaban los medios de comunicación eran exageraciones. Pero cuando oyes decir que han disparado a tu vecino o que han asesinado al padre de tu amigo, comienzas a pensar: ¿cómo podemos acabar con esto?

Muchos residentes creen que la causa del aumento de la violencia es la falta de una ejecución adecuada de la ley en Tijuana. En consecuencia, la comunidad ha perdido la fe en sus representantes. Esto hace que las personas, jóvenes y mayores, se sientan impotentes y dejen de participar como ciudadanos activos. El negocio del narcotráfico tiene el poder de silenciar a las personas. En mi opinión, los jóvenes de Tijuana ya no esperan que se produzca ningún cambio: han perdido la esperanza. Para los ciudadanos es difícil confiar en las autoridades cuando se dice que parte de la policía ha estado involucrada en el narcotráfico.

Las personas se acostumbran a la violencia, acaban aceptándola. Oigo a adolescentes, padres y madres decir que la violencia en Tijuana es "normal". Cuando oyen hablar de un nuevo asesinato, dicen "no es ninguna novedad". El negocio de las drogas transforma incluso los sueños. Algunos chicos adolescentes están fascinados por la ilusión de glamour que ofrece, y se refieren a sí mismos como "mangueras", que significa aspirantes a traficantes. Dicen que su sueño es convertirse en traficantes de droga para así tener dinero con el que atraer a las mujeres y comprarse coches. ¿Qué ha pasado con las personas como mis abuelos, que anhelaban una vida mejor y más segura para sus descendientes?

Es cierto que a menudo culpamos al gobierno cuando las cosas van mal, pero debemos hacer más que quejarnos o echarnos las manos a la cabeza. Necesitamos funcionarios honestos que velen por el cumplimiento de la ley, así como un sistema de justicia penal eficaz. Si queremos avanzar, es preciso restaurar la confianza pública y la esperanza en la comunidad local. Es hora de recuperar la ciudad de Tijuana.

Brenda García creció en Tijuana, México. Es estudiante universitaria y habla español, inglés, italiano y algo de portugués. Su objetivo es obtener una licenciatura en seguridad internacional y resolución de conflictos.

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