QUÉ HEMOS APRENDIDO: UN SIGLO DE SISTEMAS Y PRÁCTICAS DE SALUD EN EVOLUCIÓN

Teniendo en cuenta que se acerca el año en que se deberán cumplir los Objetivos de Desarrollo del Milenio –reducir en dos tercios la mortalidad en la infancia entre 1990 y 2015– y que los progresos realizados por muchos países para alcanzar las metas son insuficientes, surgen algunos interrogantes esenciales; por ejemplo: ¿cómo se podrían lograr tasas más altas de supervivencia materna, neonatal e infantil durante los próximos ocho años? ¿Qué marcos, estrategias y recursos se necesitan para lograr el objetivo? ¿Cómo deben los países establecer prioridades en materia de salud de las madres, los recién nacidos y los niños pequeños?

Para responder a estas preguntas es preciso aprender de las iniciativas dedicadas a la salud y la supervivencia infantiles que se produjeron durante el siglo pasado. Éstas abarcan desde las campañas a gran escala orientadas hacia una sola enfermedad o trastorno como el sarampión o la poliomielitis, a iniciativas destinadas a proporcionar una atención continua de la salud de la madre, del recién nacido y del niño a lo largo de su ciclo vital, y que Incluye establecimientos hospitalarios y clínicos, servicios ambulatorios y de extensión y atención basada en el hogar y la comunidad.

Hoy en día, el argumento en favor de un enfoque integrado de la prestación de servicios de salud para las madres y los niños es cada vez más convincente. Este enfoque consiste en proporcionar un grupo básico de soluciones rentables de manera oportuna para abordar problemas específicos de la salud. También hace hincapié en la participación de la comunidad, la colaboración intersectorial y la integración de enfoques dentro del sistema general de atención de la salud.

Logros en la prestación de servicios de salud

Las actividades para combatir enfermedades específicas comenzaron a principios del siglo XX y se intensificaron considerablemente en los años 1950, 1960 y 1970 con el arribo de las “campañas a gran escala” centradas en la reducción o la erradicación de una enfermedad específica utilizando una tecnología concreta. El éxito de varias de estas campañas verticales a gran escala, especialmente la que se llevó a cabo contra la viruela, allanó el camino para la formulación del programa de salud pública con más éxito en la historia, el programa ampliado de inmunización, que se inició en 1974. Las satisfactorias innovaciones en materia de salud comunitaria que se llevaron a cabo en países tan distintos como China, Indonesia y Nigeria en los años 1970 mostraron el potencial que tiene prestar un abanico de servicios de salud, más allá de aquellos que están orientados hacia enfermedades específicas. Este enfoque amplio de la atención primaria de la salud, que se consolidó en la Conferencia Internacional de Alma Ata en 1978, amplió el concepto de la prestación de la atención de la salud más allá de la lucha contra enfermedades concretas, para incluir otros conceptos como la participación comunitaria, la igualdad, la promoción de la salud y la colaboración intersectorial. Los límites económicos y otros factores dificultaron la aplicación del enfoque de la atención primaria de la salud durante los años 1980. Un marco alternativo, la atención primaria de la salud selectiva, basada en otorgar prioridad a un grupo definido de enfermedades y trastornos importantes, y tratarlos por medio de tecnologías médicas relativamente baratas para alcanzar objetivos específicos, recibió un fuerte apoyo de los donantes. La “revolución de la supervivencia infantil” coordinada por UNICEF en 1982 estaba basada en este marco. Se centra en cuatro intervenciones de bajo costo conocidas colectivamente como GOBI: vigilancia del crecimiento para evaluar el estado nutricional, terapia de rehidratación oral para tratar la diarrea infantil, lactancia materna para garantizar la salud de los niños pequeños e inmunización contra seis enfermedades mortales de la niñez.

A pesar de los logros de la atención primaria de salud selectiva, hacia fines de los años 1980 los sistemas de salud de muchos países en desarrollo atravesaban una grave situación. Tres de los factores que contribuyeron a las dificultades fueron el crecimiento de la población, la crisis de la deuda en muchos países de América Latina y África subsahariana y la transición política y económica de la antigua Unión Soviética y Europa Central y del Este. Para superar sus dificultades, varios países adoptaron medidas destinadas a reformar sus deteriorados y empobrecidos sistemas de salud, y a aumentar su eficiencia, equidad y viabilidad económica.

Una de esas medidas fue la adopción, por parte de muchos países, de la Iniciativa de Bamako, puesta en marcha en 1987 en Bamako, Malí, durante la reunión de ministros de salud de África convocada por la Organización Mundial de la Salud. La finalidad de esta estrategia era incrementar el acceso a la atención primaria de salud y responder a las necesidades básicas de las comunidades de África subsahariana mediante la prestación, en centros sanitarios, de un conjunto mínimo de servicios integrados de atención de salud, con un hincapié en el acceso a los medicamentos y las alianzas comunitarias.

Un ejemplo del hincapié en la integración durante la década de 1990 fueron las estrategias Atención Integrada a las Enfermedades Prevalentes de la Infancia y el Programa acelerado de supervivencia y desarrollo de la infancia. Desarrollada en 1992 por UNICEF y la OMS, y aplicada desde entonces en más de 100 países, la primera estrategia tiene tres componentes básicos que deben ser adaptados al contexto del país: mejoramiento del desempeño de los trabajadores sanitarios, mejoramiento de los sistemas de salud y mejoramiento de las prácticas familiares y comunitarias.

De igual modo, el Programa acelerado de supervivencia y desarrollo de la infancia, iniciado en 2002 la Agencia Canadiense para el Desarrollo Internacional, UNICEF y los gobiernos de África occidental y central, había beneficiado hasta 2004 a más de 16 millones de personas en 11 países con tasas elevadas de mortalidad de menores de cinco años. Este programa se concentra en la promoción basada en la comunidad de un conjunto de prácticas familiares de salud, nutrición e higiene; actividades de divulgación y campañas para proporcionar servicios y productos esenciales; y la prestación de un conjunto integrado mínimo de atención en los establecimientos sanitarios. Aprovecha los avances de los programas existentes como Atención prenatal y más, el Programa Ampliado de Inmunización y más, y la Atención Integrada a las Enfermedades Prevalentes de la Infancia y más.

Acelerar el progreso hacia el logro de los ODM relacionados con la salud

Sobre la base de las experiencias de las últimas décadas, los expertos en la salud de la madre, del recién nacido y del niño están cada vez más de acuerdo en torno a varios principios estratégicos que podrían impulsar el logro de los ODM relativos a la salud y la supervivencia infantiles. Son los siguientes:

  • Reconocer la necesidad de establecer alianzas comunitarias para apoyar a las familias en la mejora de sus prácticas de salud destinadas a los niños, especialmente en países con sistemas de salud deficientes.
  • Reunir diversas intervenciones y beneficiar con ellas a las madres, los recién nacidos y los niños en etapas decisivas del ciclo vital y en el marco de un proceso de atención continua.
  • Fortalecer las alianzas comunitarias y los sistemas de salud prestando un mayor apoyo a los países en desarrollo en los marcos nacionales de planificación, políticas y presupuestos para los ODM relativos a la salud.
  • Mejorar la forma en que se trabaja a escala nacional e internacional, con un firme hincapié en la coordinación, la armonización y los resultados.

Finalmente, uno de los principios generales que ha surgido después del examen de todo un siglo de sistemas y prácticas de salud en evolución es que no hay ningún enfoque que se pueda aplicar por sí solo en todas las circunstancias. La prestación de atención de la salud debe adaptarse a los límites impuestos por los recursos humanos y financieros, el contexto socio-económico, la capacidad existente del sistema de salud de un país y, finalmente, la necesidad urgente de lograr resultados. La comunidad dedicada a la salud pública está en un constante proceso de aprendizaje y evolución. Un examen de estas estrategias ofrece perspectivas importantes sobre la situación actual y contribuye a orientar las actividades en favor de la supervivencia infantil en el futuro.

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