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Kenya

Una campaña contra el paludismo

Hoy en día, en Kenya hay muchas más niñas y niños que antes que sobreviven a una de las enfermedades más mortales del país, el paludismo. Gracias a los esfuerzos del Gobierno de Kenya y a los asociados internacionales, incluidos el Departamento para el Desarrollo Internacional del Reino Unido (DFID) y el Fondo Mundial de la Lucha contra el SIDA, la tuberculosis y el paludismo, se ha conseguido un mayor acceso a mosquiteros de larga duración tratados con insecticida, a los que, en buena medida, se debe este impulso hacia la supervivencia del niño.

El doctor Shenaaz Sherif, director de medicina preventiva del Ministerio de Sanidad en Kenya, habla de los diferentes planteamientos que han sido utilizados para distribuir dichos mosquiteros. “Todas las mujeres embarazadas que venían a nuestras clínicas podían conseguir un mosquitero subvencionado. Los mosquiteros también estaban subvencionados para los menores de cinco años. Pero lo que tuvo una mayor repercusión fue cuando los repartimos gratis”.

Pueblos enteros utilizan ahora los mosquiteros. Junto con la pulverización doméstica, su uso ha demostrado ser uno de los medios más efectivos para prevenir el paludismo. Al aumentar la protección contra la enfermedad, la mejora en la salud de los kenyanos afectará, a su vez, a la productividad económica. Tal y como el doctor Sherif comenta: “En los adultos, el paludismo es la causa más común de absentismo laboral. De manera que, a la larga, estos pasos para prevenir la enfermedad nos llevarán a una mayor productividad”.

El Ministerio de Sanidad de Kenya también sabe que la medida siguiente debe ser la ampliación en el acceso de mosquiteros. “Nuestra próxima fase será llegar a todas las mujeres, niñas y niños, luego, a las personas con VIH y SIDA, y por último conseguir el acceso absoluto. Pero por ahora no disponemos de fondos o de mecanismos para lograrlo”, dice por último el doctor Sherif.

Tratamiento gratuito para los niños y niñas de Kenya

A lo largo de las húmedas regiones costeras, en zonas propensas a epidemias como Mombasa, una familia media solía gastar unos 20 dólares anuales en tratamientos para el paludismo. En la actualidad, todos los niños y niñas kenyanos disponen de tratamiento gratuito. Por ejemplo, cuando Simon, un niño de seis años, llegó al hospital principal de Mombasa con su madre, Miriam Lungo, mostraba todos los síntomas de la mortal enfermedad. Demasiado débil para estar sentado o de pie, fue ingresado y tratado gratuitamente. Generalmente, a este centro acuden por lo menos 10 pacientes a la semana lo suficientemente enfermos para ser ingresados, pero Simon fue el primero que ingresaba en dos semanas. Antes, Lungo, como tantos otros, no podía permitirse el tratamiento contra el paludismo y tenía que depender de los remedios herbarios de los médicos tradicionales o de las falsas medicinas baratas. El tratamiento gratuito ha significado que las madres ahora puedan traer a sus hijas e hijos al hospital cuando descubre el primer signo de la enfermedad mortal, haciendo más fácil su tratamiento y la salvación de sus vidas.

“Vine aquí porque sabía que el tratamiento era gratuito y podía fiarme de los hospitales del gobierno. Sé que no voy a recibir un tratamiento falso”, dice Lungo. “Ahora que hemos visto lo que puede hacer el paludismo, ya me encargaré yo de que mi hijo duerma bajo un mosquitero”.

Kenya está dando ejemplo en su lucha contra el paludismo al aumentar el acceso a los mosquiteros, al promocionar un uso mayor del rociamiento doméstico de acción residual y al ofrecer remedios antipalúdicos, en especial a las niñas y niños, dentro de las primeras 24 horas de la infección.

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