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Afganistán

Trabajadores comunitarios de la salud en las fronteras de la atención sanitaria

Los picos afilados de las majestuosas montañas de Do-Shakh envuelven la aldea de Chaka, situada en el distrito de Gozarah, en la antigua provincia afgana de Herat. Aquí, como en muchas partes del Afganistán rural, la dureza del clima, las carreteras inadecuadas y la inestabilidad política dificultan el suministro normal de servicios sociales, entre ellos la atención sanitaria. Estos desafíos han llevado al Ministro de Salud Pública del país a ampliar las prestaciones sanitarias por medio de una red nacional de trabajadores comunitarios de la salud, programa que, en su forma actual, ha venido funcionando durante los últimos seis años. El Gobierno del Afganistán, apoyado por el Comité afgano-danés, gestiona esta iniciativa en todo el distrito.

En Chaka, localidad con una población de cerca de 1.750 habitantes, los trabajadores sanitarios Abdul Qayum Habibi y Shafiqa Habibi, que son marido y mujer, trabajan juntos para suministrar atención sanitaria básica y remitir a los pacientes a los centros apropiados. Seleccionados por la shura, o consejo de la aldea, de acuerdo a criterios tales como que supieran leer y escribir, contaran con la confianza y el respeto de la comunidad, y también por su grado de compromiso como voluntarios, son dos de los cuatros trabajadores sanitarios de esta localidad. La shura también prefirió que cada pareja de trabajadores sanitarios estuviera compuesta por un matrimonio, o por parientes cercanos, que residiera en la aldea y tuviera edades comprendidas entre los 25 y 30 años.

Después que se les seleccionara, la pareja emprendió un curso de formación de seis meses basado en el plan de estudios habitual, respaldado por el Ministerio de Salud Pública. Durante el curso, se les instruyó sobre los problemas de salud más comunes, la administración de primeros auxilios, la forma de concienciar a la comunidad sobre cuestiones sanitarias, y sobre cómo remitir a los pacientes al centro de salud más cercano, que está a dos horas de distancia a pie. Abdul Qayum compagina sus nuevas responsabilidades con su trabajo como maestro de la aldea, mientras Shafiqa es a la vez ama de casa y madre.

Proporcionar atenciones como pareja

En muchas zonas rurales del Afganistán, no es habitual que las mujeres salgan de sus hogares. Por ello, el que la atención sanitaria la proporcionen parejas tiene claras ventajas, tanto para los que la administran como para quienes la reciben. En Chaka, Shafiqa no sólo tiene la oportunidad de trabajar en pro de la salud de su comunidad, sino que también puede transmitir mensajes sobre la salud a mujeres a quienes la tradición prohíbe tener contacto con hombres ajenos a su familia. “Para las mujeres, es difícil trabajar con los hombres”, explica Abdul Qayum. “Al menos como esposo y esposa podemos trabajar juntos, de forma que yo atiendo a los hombres y mi esposa a las mujeres”. Shafiqa está de acuerdo. “Como pareja, tanto los hombres como las mujeres de la localidad se sienten cómodos cuando acuden a nosotros para hablar de sus problemas de salud”, dice. “En nuestra aldea, yo atiendo a niños y mujeres de todas las edades. Tenemos casos de diarrea, neumonía y también muchos niños que están expuestos a la malnutrición. Además, hablo con madres sobre la importancia de la lactancia materna”.

“Los lugareños conocen sus problemas mejor que la gente de fuera”

En todo el país, los trabajadores comunitarios de la salud hacen una importante aportación durante los días nacionales de inmunización, al ayudar a establecer la identidad de las familias con hijos menores de cinco años. También trabajan en estrecha colaboración con los centros de salud, en especial cuando los pacientes necesitan tratamientos más inmediatos. El Dr. Abdel Ahad, director del Hospital de Gozarah, y coordinador local de los trabajadores comunitarios de la salud, cree que estos pueden atender mejor las necesidades de sus comunidades cuando también residen en ellas. “En las aldeas de la provincia de Herat, los lugareños conocen sus problemas mejor que la gente de fuera”, dice el Dr. Ahad, aunque admite que el programa tiene problemas por las limitaciones presupuestarias. “El programa de trabajadores comunitarios de la salud es uno de los que mejor funcionan en Afganistán, aunque el desafío está en que estos trabajadores son muy pobres, y nosotros no podemos pagarles. Son voluntarios. Hace falta un apoyo mayor del Gobierno y de los aliados”.

El papel que el programa desempeña en la comunicación de valiosos consejos para la salud a nivel popular es esencial en un país que todavía sufre las consecuencias de años de inestabilidad política. Abdul Qayum comenta las repercusiones positivas del programa en Chaka: “En comparación con los tiempos de los talibanes, son muchas las cosas que han cambiado”, dice. “La gente ahora recibe más apoyo, e incluso medicamentos”.

Al igual que esta entregada pareja de Chaka, los trabajadores comunitarios de la salud de todo el Afganistán rural suscriben un contrato transparente y vital con su comunidad, transmitiendo mensajes y servicios allí donde más se necesitan.

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