La desigualdad en la política

El resultado de las decisiones políticas influye poderosamente en los niños y las niñas, pero es muy poco lo que ellos pueden hacer a este respecto. Sin la posibilidad de votar ni representar directamente sus intereses en los organismos de gobierno, su influencia es muy limitada. Quienes abogan por los niños –cuando alguien lo hace– pueden marcar una enorme diferencia en el cumplimiento de sus derechos a la supervivencia, el desarrollo y la protección.

Un conjunto cada vez mayor de pruebas empíricas indica que las mujeres que participan en política pueden ser eficaces defensoras de la infancia tanto a nivel nacional como local. Así mismo, su influencia es de suma importancia cuando participan en procesos de paz y de reconstrucción después de los conflictos.

Hay pocas mujeres en el Parlamento, pero se ven señales de progreso

La participación de las mujeres en la política, no obstante, sigue siendo limitada. Aun cuando su representación en el Parlamento aumentó ininterrumpidamente durante la década pasada, la paridad entre los géneros en materia política a todos los niveles todavía está lejos de ser una realidad. En julio de 2006 suponían menos del 17% de todos los parlamentarios del mundo. Diez países no tienen mujeres parlamentarias, y en más de 40 países representan menos del 10% de los legisladores. Sobre la base de las tasas actuales de crecimiento anual de la proporción de mujeres miembros de los parlamentos nacionales –alrededor del 0,5% en todo el mundo–, la paridad entre los géneros en las legislaturas nacionales solo se alcanzará en el año 2068.

A nivel ministerial, las mujeres están menos representadas que a nivel parlamentario. Para enero de 2005, ocupaban 858 carteras en 183 países, lo que significa que solo el 14,3% de los ministros de gobierno de todo el mundo eran mujeres. Diecinueve gobiernos no tenían mujeres ministras y, en los que sí tenían, generalmente había entre una y tres. Para marzo de 2006, solo tres países –Chile, España y Suecia– habían conseguido la paridad entre los géneros en las carteras ministeriales.

A nivel local existe el mismo desequilibrio: de los alcaldes que hay actualmente en todo el mundo, menos de 1 de cada 10 es mujer.

Hay, sin embargo, algunas tendencias alentadoras sobre la participación de la mujer en los más altos niveles de la política nacional. África subsahariana tiene su primera mujer presidenta, Ellen Johnson-Sirleaf, de Liberia, y Michelle Bachelet fue elegida Presidente de Chile a comienzos de 2006. Letonia se convirtió en 1999 en la primera ex república soviética en elegir a una presidenta como Jefa de Estado. Finlandia, Irlanda y Filipinas también tienen presidentas. Hay mujeres que son Jefas de Gobierno en Alemania, las Antillas Holandesas, Bangladesh, Jamaica, Mozambique, Nueva Zelandia y la República de Corea.

Apoyo a las mujeres, los niños y las familias

Aunque limitados debido a la naturaleza reducida e incipiente de la participación de la mujer en las legislaturas nacionales, los datos disponibles indican que la participación de la mujer fomenta cambios directos y tangibles en los resultados de las políticas que reflejan las prioridades, experiencias y contribuciones de la mujer, la infancia y las familias.

Las mujeres que intervienen en política están marcando una diferencia en, por lo menos, tres campos importantes, a saber, las legislaturas nacionales, los gobiernos locales y la reconstrucción después de los conflictos.

Política nacional: Una mayor representación de la mujer en el parlamento ayudaría a que las legislaturas tuvieran más en cuenta las cuestiones de género y los problemas de la niñez, y se traduciría en leyes y políticas que tomarían en consideración los derechos de las mujeres y la infancia.

Estudios de caso han confirmado que las mujeres legisladoras están seriamente comprometidas con la causa de la niñez, la mujer y la familia. Por ejemplo, un innovador estudio sobre las mujeres legisladoras de América Latina reveló que, en el Parlamento de 1993-1994, la probabilidad de que las diputadas de la Argentina promovieran proyectos de ley en beneficio de la infancia y la familia era un 9,5% superior a la de sus colegas hombres. De acuerdo con datos recientes, ese patrón de comportamiento se mantuvo durante la década siguiente. En 1999, la labor desarrollada por las legisladoras de la Argentina fue decisiva para la aprobación de una ley que buscaba, por una parte, modificar el código penal del país definiendo explícitamente los delitos sexuales contra las mujeres y los niños y niñas y, por otra parte, endurecer las penas para esta clase de delitos.

Las iniciativas para promover los derechos de la infancia suelen ir acompañadas de esfuerzos para proteger los derechos de la mujer. En África subsahariana se dan varios ejemplos de este tipo de promoción. En Sudáfrica, las parlamentarias brindaron un gran apoyo a la Ley contra la Violencia Doméstica de 1998.

Este compromiso de las legisladoras en nombre de las mujeres y los niños también se observa en los países industrializados. Un análisis reciente de los debates parlamentarios de Nueva Zelandia sobre atención infantil y licencia por maternidad/paternidad durante un período de 25 años (1975-1999) reveló que las mujeres legisladoras, aunque solamente representan un 15% de los parlamentarios, iniciaron dos terceras partes de los debates sobre atención infantil y licencia por paternidad.

Política local: La intervención de la mujer en la política local puede producir resultados aún más inmediatos y directos para las mujeres y los niños que las políticas y las leyes nacionales. Pese a que no es mucho lo que se conoce sobre el comportamiento de los políticos locales, estudios realizados tanto en países industrializados como en países en desarrollo indican que las mujeres que forman parte de los gobiernos locales tienden a dar prioridad a las cuestiones sociales.

En los Estados Unidos, un análisis efectuado en 1994 de más de 9.800 proyectos de ley presentados en tres estados durante un lapso de dos años encontró que las mujeres legisladoras habían apoyado el doble de proyectos de ley sobre salud infantil que sus colegas hombres. En Noruega, los temas relativos a la infancia y, en especial, la falta de espacios adecuados para la atención de los niños son dos de las razones que más inciden en la decisión de las mujeres de intervenir en la política local.

En los países en desarrollo se está empezando a analizar el impacto de las mujeres en los gobiernos locales. Los resultados más completos de los que se dispone hoy provienen de la India, donde, en 1998, la tercera parte de todos los puestos de liderazgo en los consejos de las aldeas estaban reservados a las mujeres. Como parte de una amplia investigación sobre las repercusiones de la política de reserva de puestos para las mujeres, inicialmente se realizaron encuestas en los consejos de 165 aldeas del estado de Bengala Occidental. El estudio descubrió que el nivel de bienes públicos –como el mantenimiento de las autopistas, las visitas de los trabajadores de salud y las inversiones en las instalaciones de agua potable– eran bastante más altas en los poblados donde había una política de reserva activa que en los poblados donde no existía la política de cuotas.

Procesos de paz y reconstrucción después de los conflictos: Cada vez hay más conciencia de que la contribución de las mujeres es primordial para el éxito a largo plazo de los procesos de paz y para la estabilidad después de los conflictos.

La intervención de la mujer en las negociaciones de paz y en el proceso de reconstrucción posterior a los conflictos es vital para garantizar la seguridad otros sectores vulnerables de la población. Investigaciones preliminares y estudios de casos prácticos sugieren que los acuerdos de paz, la reconstrucción después de los conflictos y la gobernabilidad tienen más probabilidades de éxito cuando las mujeres intervienen. Esto se debe, en parte, a que ellas tienen una visión más integradora de la seguridad y se interesan en temas sociales y económicos clave que, de otra manera, se pasarían por alto.

Pero el papel de la mujer en los procesos de paz sigue siendo –en el mejor de los casos–no oficial. Mientras que los gobiernos y otros actores políticos parecen conformarse con alentar las relaciones entre grupos de mujeres que se encuentran en distintos bandos de un conflicto, las mujeres pocas veces logran sentarse a la mesa de negociaciones de paz.

La exclusión de las mujeres de las negociaciones de paz significa que sus derechos y planteamientos –como ciudadanas, antiguas combatientes y víctimas– no están representados plenamente en los procesos de reconstrucción posteriores a los conflictos.

Además, como señaló un ex mediador, las presencia de mujeres en la mesa de negociaciones sobre la paz suele aumentar la posibilidad de que se incluyan en las negociaciones cuestiones fundamentales para los derechos y el bienestar de la infancia, la mujer y las familias, como la reintegración de las mujeres y los niños, el aumento de la violencia doméstica cuando los combatientes regresan a su hogar, las minas terrestres, y la rendición de cuentas después de los conflictos.

A pesar de estas limitaciones, las mujeres han participado cada vez más en los procesos de resolución de conflictos en muchos países, entre ellos el Afganistán, Burundi, Darfur (Sudán), Sierra Leona, Somalia y Sri Lanka. Pero tienen que seguir luchando duramente para obtener incluso un mínimo de representación y a menudo se les excluye completamente de las negociaciones o se les relega a procesos “paralelos”.

La presencia de la mujer en la política local sirve a menudo para llamar más la atención sobre cuestiones relacionadas con la mujer y la infancia. Más información sobre cómo Zahra, de Irán, utiliza su puesto en una oficina gubernamental para habilitar a las mujeres y cambiar las mentalidades.