La desigualdad en el hogar

Para los niños y niñas, las personas más importantes en el mundo no son los dirigentes políticos ni los directores de los organismos de desarrollo, sino los padres, madres y cuidadores que toman todos los días estas decisiones domésticas fundamentales. La forma en que los miembros del hogar utilicen sus recursos colectivos determina los niveles de nutrición, atención de la salud, educación y protección que recibe cada uno de los miembros de la familia.

Desigualdades en la toma de decisiones domésticas

Cuando se excluye a las mujeres -que suelen ser las cuidadoras básicas de los niños y niñas- de los procesos de toma de decisiones en el hogar, se pone en peligro su bienestar y el de sus hijos e hijas. Análisis procedentes de 30 países –obtenidos de las Encuestas de Demografía y Salud, una de las fuentes más directas de información sobre la dinámica en la toma de decisiones en el hogar– revelan que en muchos hogares las mujeres tienen muy poca influencia sobre las decisiones domésticas más importantes.

En general, los datos presentan un panorama de desigualdad extrema entre los géneros. En solamente 10 de los 30 países encuestados, un 50% o más de las mujeres participan en todas las decisiones del hogar, incluidas las que se refieren a su propia atención de la salud, las principales compras domésticas, el gasto diario en el hogar y sus visitas a familiares o parientes fuera del hogar.

Falta de control sobre las necesidades de atención de la salud: Las decisiones sobre la atención de la salud de la mujer son fundamentales para la salud y el bienestar de las mujeres y los niños. En muchos hogares examinados, especialmente en los países de Asia meridional y África subsahariana, la mujer tiene muy poca influencia en las decisiones relacionadas con la salud. En Burkina Faso, Malí y Nigeria, por ejemplo, casi el 75% de las mujeres informaron que solamente los maridos tomaban decisiones sobre la atención de la salud de sus esposas; en los dos países evaluados de Asia meridional, Bangladesh y Nepal, la proporción era de alrededor de un 50%. Esta exclusión pone en peligro la salud y el bienestar de todos los miembros de la familia, especialmente los niños y niñas.

Gestión limitada de los gastos domésticos cotidianos: Las decisiones domésticas sobre los gastos cotidianos tienen consecuencias decisivas sobre el bienestar, la educación y, especialmente, la salud de niños y niñas. En muchos hogares del mundo en desarrollo, los hombres dominan las decisiones sobre los gastos domésticos. En 7 de los 15 países analizados de África subsahariana, más del 40% de las mujeres indicaron que sus maridos tenían el control exclusivo de los gastos cotidianos en el hogar. En los países examinados de Oriente Medio y África del Norte y Asia meridional, el 30% aproximadamente de las mujeres se sentían excluidas de las decisiones sobre las adquisiciones domésticas.

Exclusión de las decisiones sobre las adquisiciones domésticas más importantes: Los datos de las Encuestas Demográficas y de Salud sugieren que los hombres deciden por lo general la cantidad que el hogar destinará a los gastos más importantes. En Nigeria, por ejemplo, el 78% de las mujeres indicaron que sus maridos tenían el control exclusivo de las adquisiciones de mayor cuantía. El 60% aproximadamente de las mujeres de Egipto y más de una tercera parte de las mujeres de Bangladesh y Nepal se sentían excluidas de este tipo de decisiones. Esto contrasta con las actitudes de los dos países analizados en Asia oriental y el Pacífico, Filipinas e Indonesia, donde menos del 18% de las mujeres de ambos países tenían la impresión de que carecían de poder en estas cuestiones.

Restricción en la movilidad y la libertad: Las decisiones domésticas relativas a la movilidad de la mujer afectan directamente su capacidad de ocuparse de sus propias necesidades, así como de las necesidades de su progenie. Los datos de las encuestas sugieren un alto grado de control masculino sobre la movilidad de la mujer en todas las regiones analizadas. En Burkina Faso y Malí, el 6% aproximadamente de las mujeres informaron que solamente sus maridos decidían cuándo las esposas podían ir visitar a la familia o los amigos. Una tercera parte de los maridos de Bangladesh controlan la movilidad de sus mujeres fuera del hogar. En América Latina y el Caribe, los datos de Nicaragua indicaban que el 18% de las mujeres necesitan el permiso del marido antes de salir de la casa para visitar a amigos y familiares; en ECE/CEI, el 16% de las mujeres armenias necesitaban obtener primero el permiso de sus maridos.

Elementos decisivos que influyen en la toma de decisiones domésticas

La discriminación de género en la toma de decisiones domésticas está por lo general enraizada en actitudes patriarcales que consideran de mayor valor la situación social del hombre con respecto a la mujer. Pero la tradición no es el único factor que determina el poder de negociación en las familias. Incluso las sociedades más homogéneas, cada familia es única, y no hay una serie de reglas simples que puedan explicar la dinámica de la toma de decisiones en el hogar.

Sin embargo, estudios recientes sobre las decisiones en el hogar y el género arrojan algo de luz sobre los principales elementos que determinan la influencia. Éstos incluyen el control de los ingresos y los bienes, la edad, y el acceso a la educación y el nivel de la misma. El examen de estos factores en una amplia gama de países ofrece información sobre la distribución del poder de negociación en los hogares concretos.

Control de los ingresos y los bienes: El principal poder de decisión en el hogar suele pertenecer al miembro de la familia que controla la mayor parte de los ingresos y bienes del hogar. Las mujeres se encuentran en clara desventaja por lo que se refiere a la posesión económica, debido a que ganan menos dinero que los hombres y suelen tener menos bienes. Los salarios más bajos y el escaso control sobre los ingresos domésticos limitan la capacidad de la mujer de acumular capital. Los prejuicios de género en las leyes de la propiedad y la sucesión y en otros métodos de adquisición –incluidos los programas estatales de distribución de tierras– aumentan el riesgo de la mujer y la infancia de caer en la pobreza. Las consecuencias de este tipo de exclusión pueden ser más directas, especialmente cuando se rompe el matrimonio o muere el marido.

Niveles de educación: Además de un mayor nivel de conocimiento, autoconfianza y seguridad en uno mismo, la educación confiere un estatus social y aumenta la posibilidad de obtener ingresos. Los niveles de educación entre los esposos y esposas varían de un hogar a otro. Las conclusiones de un estudio llevado a cabo en 40 países en desarrollo indican que, como promedio, los hombres suelen emplear más tiempo en el sistema educativo que las mujeres.

La brecha educacional es mayor en Asia meridional, donde los hombres emplean como promedio 2,5 años más en su escolarización que las mujeres, y se reduce a 1,3 años en África subsahariana, y un año en América Latina y el Caribe. La desigualdad en la educación entre los hombres y las mujeres puede reforzar las desigualdades entre los géneros en el hogar, y mantener a las mujeres en una situación de desventaja.

Diferencias de edad: En la distribución del poder negociador en los hogares influye también la edad de la mujer cuando contrae matrimonio y la diferencia de edades entre la mujer y su marido. Pruebas empíricas obtenidas en todo el mundo indican que la diferencia de edad entre maridos y mujeres puede variar enormemente de un hogar a otro. El promedio de edad cuando se contrae matrimonio por primera vez en Europa occidental suele ser de 27 años para la mujer y 30 años para los hombres. En los países en desarrollo, las diferencias de edad son mucho mayores. En Asia meridional, por ejemplo, los maridos son aproximadamente cinco años mayores que sus mujeres, una diferencia que llega a los seis años en África subsahariana (excepto en el sur de África).

En los casos del matrimonio infantil, cuando la diferencia de edad entre el marido y la mujer suele ser extrema, la carga de las tareas domésticas y la atención infantil limita gravemente las posibilidades vitales de las niñas casadas y las niñas madres. Esto, a su vez, repercute en el poder que tiene la mujer sobre las decisiones domésticas.

La educación es fundamental en la lucha contra la discriminación y contra las prácticas que le niegan a la mujer el poder de decisión en el hogar. Fatna, una niña del Sudán que vive en un campamento de refugiados en el Chad, ha tomado la decisión de mantener su educación para garantizarse un futuro mejor.